MOTOS Y MOVILIDAD

MOTOS Y MOVILIDAD


Cúcuta se está extendiendo sin control desde hace muchos años, lo que ha dado origen a un problema de movilidad muy costoso para la mayoría de su población. La expansión desordenada de la ciudad agrava el problema de movilidad porque no ha sido acompañada de la transformación del sistema de transporte público.

La mayoría de los hogares cucuteños destinan un porcentaje muy elevado de sus ingresos familiares a atender gastos de transporte, que muchas veces se convierten en una barrera que impide ir a la universidad, al Sena, a la biblioteca o a cualquiera de las entidades que proveen los bienes públicos necesarios para salir adelante en la vida.

Ante la falta de planificación de la ciudad y la carencia de alternativas eficientes y modernas de transporte colectivo, la ciudadanía acaba viéndose obligada a tener moto para movilizarse y poder acceder a educación, salud y recreación.

Hay decenas de miles de casos en Cúcuta en que una moto se convierte en herramienta básica de un hogar que se esfuerza por salir adelante. Por consiguiente, los problemas relacionados con los motociclistas no pueden tratarse únicamente con represión, incautaciones y multas que son confiscatorias para quienes menos tienen.

Hacen bien la Secretaría y la Policía de Tránsito cuidando que los motociclistas tengan al día el SOAT, el certificado de revisión técnico-mecánica, porten chaleco naranja y usen casco. No se puede justificar la informalidad en la tenencia de motos colombianas o venezolanas ni se puede justificar la imprudencia de muchos motociclistas. Pero el Municipio debe entender que ante la inexistencia de un sistema de transporte colectivo moderno, eficiente y barato, se obliga a los cucuteños a tener moto como único medio efectivo transporte. El día en que Cúcuta tenga un sistema de transporte moderno, eficiente y barato ajustado a nuestras condiciones de área y población, podrá pretenderse que los cucuteños no utilicen moto o carro particular sino que utilicen buses.

Hay ideas muy arraigados entre los conductores de automóviles y entre las autoridades de tránsito que estigmatizan injustamente a los motociclistas. Es cierto que muchos motociclistas zigzaguean entre los carros, se montan en los andenes y causan accidentes de tránsito en los que regularmente ellos mismos son los principales afectados. Es cierto que hay muchos más accidentes entre los motociclistas que entre los automovilistas y es cierto también que las motos se usan para cometer algunos tipos de delitos. Pero les aseguro que si revisáramos con el mismo ojo crítico la utilidad de los carros para la comisión de delitos y la frecuencia con que los automovilistas violan normas del Código de Tránsito, tendríamos razones para ser tan severos con los automovilistas como con los motociclistas.

Aquí hay, sin duda, un desequilibrio de posiciones de poder. Como es obvio, quienes ejercen poder dentro del gobierno municipal, son normalmente propietarios de carros y no de motos. Por consiguiente, están familiarizados con los problemas que le traen las motos a los carros y no con los problemas que le traen los carros a las motos. El enfoque de los problemas de movilidad tiene mucho que ver con eso, y a la hora de tomar decisiones de gobierno, pesa mucho esa injusta estigmatización a los motorizados.

Actualmente, los urbanistas consideran que el carro particular es el más inconveniente y el más costoso de los medios de transporte para una ciudad. Es el que más contamina, el que más espacio ocupa en las vías y genera mayores atascos; el que más deteriora el asfalto y adicionalmente, en el caso de Cúcuta, el que menos impuestos paga, puesto que entre los carros que están matriculados en otras ciudades del país y los que son de origen venezolano, suman más de la mitad del total.

Puedo asegurarles que si las personas que compran motos tomaran la decisión de comprar carro, la ciudad sería intransitable, porque una moto nueva con motor de cuatro tiempos consume y poluciona la décima parte que un carro pequeño. Por cada carro o cada camioneta que a veces transporta solamente a su conductor, caben en cambio hasta cuatro motos en la vía pública y en los espacios de aparcamiento. Por consiguiente, muchas ciudades las consideran una solución importante, e invierten en la educación de los motociclistas para que contribuyan a mejorar la movilidad urbana y prevengan la ocurrencia de accidentes de tránsito, que en nuestro caso cobran la mayor cuota de vidas entre todos los medios de transporte.

Hoy se estima que tenemos setenta mil motos en Cúcuta, y la cifra crece en miles todos los años. Por consiguiente, entre las políticas públicas de movilidad que debe diseñar el próximo alcalde, las que correspondan al motociclismo deben estar entre las más importantes.

Propongo la creación de un programa parque-escuela para la capacitación de motociclistas en normas de tránsito y civismo, para aprovechar mejor las ventajas de este medio de transporte. Esto se financiaría con dineros recaudados por el municipio a motociclistas infractores -rubro bastante grande- y aportes de las empresas comercializadoras de motos. Se debe integrar a las empresas concesionarias, a las asociaciones de motociclistas y por supuesto, a la Secretaría de Tránsito Municipal. Ya lo propuso alguna vez el ex concejal Alejandro Canal, a quien reconozco como uno de los conocedores del tema.

En tanto no se ordene el transporte público colectivo de pasajeros, nadie tiene derecho a exigirle a los trabajadores y a los estudiantes cucuteños que no compren una moto que les permita gozar de condiciones de movilidad parecidas a las de quienes tienen carro. Trabajadores, estudiantes y padres de familia propietarios de motos, pese a que en su conjunto tienen ingresos menores que los propietarios de carros, pagan proporcionalmente más al Municipio de Cúcuta por multas y comparendos, y soportan en cambio un tratamiento abiertamente discriminatorio que se aplica desigualmente contra ellos: por cada vez que un automovilista es detenido en una redada de las autoridades de tránsito, un motociclista es detenido muchas veces.

El mismo esfuerzo que se hace para restringir y desestimular el tráfico de motos, se puede destinar con mayor provecho en la educación de los motociclistas y de los automovilistas. Continuar con el tratamiento prejuicioso contra las motos es discriminatorio contra la mayoría de las familias cucuteñas.

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