COMERCIO DE GASOLINA

COMERCIO Y DISTRIBUCIÓN DE GASOLINA EN CÚCUTA



Actualmente, en Cúcuta no es posible pensar en una formalización completa de la distribución de combustible venezolano mediante un convenio de importación entre Ecopetrol y Pdvsa como alguna vez lo hubo, o en la instalación de estaciones de servicio venezolanas en territorio colombiano. Veamos por qué.

Hoy en Venezuela no hay suficiente capacidad de refinación para surtir la demanda interna de gasolina. Una parte de la gasolina venezolana proviene de las refinerías de Pdvsa en el Caribe y llega con costos altos de producción y transporte. Por eso, entre otras muchas razones que hoy obligan al gobierno venezolano a plantear la posibilidad de aumentar su precio, es muy poco probable que Pdvsa acceda a un nuevo convenio con Ecopetrol para suministrar gasolina a Norte de Santander o a instalar estaciones de servicio en Cúcuta, como se ha propuesto.



Por lo tanto, debemos aceptar que ante la enorme diferencia de precios, la gasolina siga llegando en carros que van y vienen por la frontera. Eso es una realidad inevitable.

Lo que debe hacer la alcaldía es determinar los lotes y zonas escampadas en que la gasolina venezolana puede comercializarse observando algunas condiciones básicas de seguridad, porque aun quienes intentamos comprar gasolina en estaciones de servicio legales, muchas veces nos vemos obligados a “pimpinear”. El que diga lo contrario, no vive en Cúcuta.




Es necesario reglamentar concertadamente con las asociaciones de vendedores informales de gasolina, su reubicación en puntos de acopio y distribución minorista, es decir, en varios lotes amplios y escampados distribuidos ordenadamente en la ciudad, donde se comercializará la gasolina venezolana como si se tratara de estaciones de servicio informales.

La prioridad aquí debe ser la recuperación del espacio público, despejándolo de ventas informales de gasolina. Lo que el alcalde tiene que hacer en su condición de primera autoridad policiva y administrativa de Cúcuta, es regular el comercio de gasolina venezolana para que no afecte derechos colectivos de salubridad y goce del espacio público, promoviendo la asociación de los pimpineros en cooperativas de comercialización de gasolina, como está permitido en las normas que regulan la venta de combustible en las zonas de frontera.



Además, debe promoverse la creación de nuevas estaciones de servicio legalmente constituidas, pero controlando severamente la desviación del combustible colombiano subsidiado que envía Ecopetrol a Cúcuta, pero acaba vendiéndose en Cesar y en Santander, porque según Fendipetróleos Santander, en ese departamento se comercializa hasta un millón doscientos mil galones mensuales de gasolina de contrabando provenientes de Venezuela, lo que tiene casi a punto de cerrar a sesenta estaciones de servicio instaladas en la vía entre Bucaramanga y Aguachica, ruta principal de la gasolina que llega por Ocaña desde la frontera. 

Así mismo, el desarrollo de ideas como las planteadas por el Ministerio de Minas y Energía, consistente en la instalación en Cúcuta de estaciones de servicio de gas que abastezcan vehículos de servicio público especialmente acondicionados para ese tipo de combustible, que es mucho más barato, contando con subsidios especiales del Gobierno Nacional para transformar los motores de gasolina a gas. Eso puede contribuir significativamente a la progresiva formalización del mercado de combustibles en la frontera, cuyo caos actual le hace mucho daño a la buena imagen de Cúcuta.


1 comentario:

Cuadro Beltrán dijo...

Sin que esto constituya una panacea, la puesta en marcha de una compañía de distribución de productos derivados del petróleo y gas natural con sede en nuestra ciudad, podría desarrollar en el mediano y largo plazos actividades económicas relacionadas con productos químicos y las energías alternativas como son la la solar, biomasa y geotermia aprovechando el caudal energético que el clima de Cúcuta y alrededores nos ofrecen. La compañía estaría constituida como sociedad de economía mixta nacida del acuerdo firmado por el gobierno municipal con los llamados pimpineros quienes serían socios de la naciente empresa. El propósito, como es de pensarse, es hacer frente al contrabando, que estas personas alcancen estabilidad laboral, que accedan a programas de formación y desarrollo para obtener habilidades técnicas, administrativas y operacionales, y que se pueda generar industria y crecimiento económico para toda nuestra región.