TIBÚ: EL FIN DEL PETRÓLEO Y DE LA COCA

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El precio de referencia internacional del petróleo ronda los 30 dólares por barril, pero el barril de petróleo crudo colombiano, en vista de sus características físicas, se paga más o menos a 20 dólares. En el viejo campo de producción de Tibú se producen 3000 barriles diarios. Son muy pocos, pero cualquiera diría que le reportan a Ecopetrol utilidades diarias. No es así. Los costos de producción de ese campo son de casi 50 dólares por barril, por lo que cada barril extraído implica la pérdida de 30 dólares.

En el yacimiento de Tibú hay un centenar de empleados directos de Ecopetrol y muchos otros más de empresas contratistas. Ante los bajos precios internacionales y los altos costos de producción, se tomó la decisión de eliminar casi por completo los contratistas y dejar el campo operando a mínima marcha con solo con 40 trabajadores directos. La producción pasará de 3000 a 2000 barriles al día, pero esos 2000 barriles tendrán un costo de producción inferior, y Ecopetrol perderá menos dinero.

Campo Río Zulia, otro de los pequeños yacimientos de Norte de Santander, que hace muchos años era un departamento petrolero y hoy está a punto de dejar de serlo por completo, produce apenas 400 barriles diarios con un costo muy inferior a Tibú, y funciona con solo 12 operarios. Se decidió entregar ese campo a un operador privado que le venderá los 400 barriles a la Refinería de Barrancabermeja. Ecopetrol prefiere pagar el petróleo a precios de mercado que perder dinero por cada barril producido.

El mercado internacional le impone a Norte de Santander, y muy especialmente al Catatumbo, la necesidad de abandonar para siempre el sueño petrolero que ha dado hasta para pensar fantasiosamente en “mini refinerías” (qué cosa más absurda), y nos obliga a entender que la única salida del Catatumbo es el fin de la guerra y la llegada de inversiones asociadas a los programas del post-conflicto, que posibiliten su desarrollo agroindustrial. 

La palma de aceite es el mejor ejemplo de que sí es posible tener cultivos vinculados a una cadena agroindustrial que sean fuente de riqueza para el Departamento. Claro, también la palma nos ha hecho entender la necesidad de crear modelos de producción que deterioren menos los suelos y los cauces. Es un reto que los nortesantandereanos debemos asumir.

El 26 de febrero protestaban los tibuyanos contra la decisión de reducir a su mínima expresión el campo de producción petrolífero de su municipio y suprimir más de un centenar de empleos y otros negocios asociados al yacimiento, que irrigan su economía. Debemos ser solidarios con las razones de esa protesta, pero sin desconocer la realidad, que impone el fin de la era petrolera y la era cocalera del Catatumbo.

En la paz y en el post conflicto debemos lograr que el Catatumbo se integre a Cúcuta y al país. Esa región es nuestro entorno rural más próximo y más prometedor.

Sueño con el día en que los cucuteños no solo vayamos los fines de semana a Chinácota o El Zulia, sino también a Tibú y La Gabarra. Para que ese sueño sea posible, necesitamos que antes se haga realidad otro más importante: el fin de la guerra.

3 comentarios:

Hector Gamboa dijo...

Ecopetrol no explota para perder eso es una gran mentira ...

willer jmenez dijo...

¿Y que tiene que ver la coca con el alto costo de producción de petróleo?

Anónimo dijo...

Asi es no veo relacion del descalabro petrolero con la coca? Evalue nuevamente su comentario