Política y gestión pública en Cúcuta desde 1960
Suplemento dominical de La Opinión
Agosto de 2015

En los 55 años comprendidos entre 1960 y 2015, la gestión pública del Municipio de Cúcuta puede estudiarse dividiendo el período en dos mitades casi exactas separadas por la reforma constitucional de 1986, un hito del proceso descentralizador colombiano por cuenta del cual desde 1988 los alcaldes se eligen por votación popular. 28 años hay desde 1960 hasta 1988, y 27 años desde 1988 hasta hoy.

La descentralización ha buscado democratizar y desarrollar los departamentos y municipios. No en todos los casos lo ha logrado. Como todavía no hay estudios que permitan conocer objetivamente si la descentralización ha sido buena o mala para Cúcuta, intentaré buscar especulativamente algunas respuestas.

En materia de gestión pública, lo que diferencia con mayor claridad estos dos períodos (1960-1988 y 1988-2015), es que durante el segundo de ellos el municipio tiene más dinero y mayor participación en el gasto público total. La Constitución de 1991 creó un modelo fiscal territorial que después recibió el nombre de Sistema General de Participaciones (SGP), por el cual se transfieren dineros del presupuesto de la Nación a los presupuestos de los departamentos y municipios para gastar en salud, educación, recreación y saneamiento. Durante la década de los 60, 70 y buena parte de los 80, esos gastos los ejecutaba el nivel central del Estado, de manera directa o mediante sus oficinas territoriales. Hoy, los municipios ejecutan muchos de esos esos recursos que les son transferidos por el SGP.

En resumen, la elección popular de alcaldes, y más dineros provenientes de impuestos nacionales girados al presupuesto municipal con el título de transferencias es lo que marca la diferencia en Cúcuta y en todos los municipios colombianos entre antes de 1988 y el cuarto de siglo que ha corrido desde 1991 hasta hoy.

Los años anteriores a 1988 y 1991 eran tiempos de un modelo fiscal y político centralista, heredado de la Constitución de 1886. Puesto que los alcaldes eran nombrados por el gobernador, y éste a su vez por el Presidente de la República, y siendo que la mayor parte del gasto público provenía de la Nación, el diálogo político entre la Nación, los departamentos y sus municipios capitales, era intermediado por los congresistas, de cuyo consenso resultaba casi siempre el nombramiento del gobernador y los alcaldes. En esa época casi toda la inversión importante en infraestructura, incluso la infraestructura para el desarrollo urbano, la ejecutaba la Nación, en medio de negociaciones políticas con las élites regiones representadas por los congresistas.

En el caso nortesantandereano, el liderazgo político del Frente Nacional lo ejercieron figuras como Lucio Pabón, Argelino Durán, Virgilio Barco, Enrique Vargas y León Colmenares. Los dos primeros eran conservadores oriundos de la Provincia de Ocaña. Los tres últimos eran liberales de Cúcuta. Iniciando los años 80, entre los congresistas se contaron dirigentes vinculados a liderazgos nacionales de mayor contenido popular y democrático como los de Julio César Turbay y Belisario Betancur. Fue el caso de los liberales cucuteños Jorge Cristo y Félix Salcedo. Del consenso entre todos estos dirigentes resultaron muchos de los alcaldes nombrados en Cúcuta entre 1960 y 1988

A partir de 1988 los alcaldes ya no fueron nombrados sino elegidos, y los congresistas dejaron de ser el cónclave que junto con el Presidente los escogía. Además, a partir de 1991 a los alcaldes se les entregó una gran bolsa de recursos. Surgieron entonces líderes populares que cobraron notoriedad en todo el país. ¿Quién no recuerda al “cura” Bernardo Hoyos en Barranquilla o a Apolinar Salcedo en Cali? Otro tipo de liderazgo apareció en ciudades con una clase media más numerosa, como Bogotá y Medellín. Fue el que protagonizaron Antanas Mockus y Sergio Fajardo.

Ninguno de los anteriores, ni Bernardo Hoyos ni Apolinar Salcedo, ni Mockus ni Fajardo tenían raíces en élites políticas regionales. Todos fueron líderes populares. El primer par tuvo un balance regular. En cambio, al segundo par se le asocia con la modernización política del país.

También en Cúcuta la democracia cambió en el último cuarto de siglo. Nuestros más representativos líderes populares surgidos de la elección popular de alcaldes son, en orden cronológico, Pauselino Camargo, Ramiro Suárez, María Eugenia Riascos y Donamaris Ramírez. Hay que entenderlos como el fruto de la democratización política local. Son los líderes que hemos producido y son nuestra responsabilidad. Son la expresión cucuteña del proceso de descentralización.

Nadie, que yo sepa, ha evaluado el desarrollo cucuteño fijándose en el gasto público, y comparando los períodos 1960-1988 y 1988-2015. Sugeriré algunos puntos de referencia para hacer una evaluación que corra por cuenta de cada lector, sin que pueda evitar translucir mi propia opinión.

Los años 60 y 70 presenciaron el auge del modelo desarrollista de la CEPAL que combinó protección arancelaria a la industria local con fuerte gasto público del gobierno central, en buena medida basado en deuda externa. Ese modelo colapsó en los 80, pero dejó mucho de lo que tenemos hoy en Cúcuta. A mediados de los 60, Cúcuta tenía 140.000 habitantes y 234.000 a mediados de los 70. A esas dos décadas debemos lo más importante de nuestra infraestructura urbana actual.

Las autopistas a San Antonio, Atalaya y Sevilla. El Canal Bogotá y sus carriles paralelos, quizá la obra de ingeniería más importante de Cúcuta. La UFPS, el Aeropuerto Camilo Daza, la Central de Transporte Terrestre. A la primera parte de los 80 debemos el Hospital Erasmo Meoz y la Avenida Libertadores. Al período comprendidos entre 1960 y 1988 se debe también buena parte de nuestra infraestructura de servicios públicos.

Seguramente, de manera proporcional al número de habitantes de la época, Cúcuta recibió mucha más inversión en infraestructura durante los gobiernos de Valencia, Lleras, Pastrana, López, Turbay, Betancur y Barco (1962-1990), que de los gobiernos más descentralizados de Gaviria, Samper, Pastrana, Uribe y Santos (1990-2015). Aunque en esa segunda etapa el presupuesto municipal fue bastante mayor, nuestra ciudad y muchas otras ciudades intermedias experimentaron un cambio de dirigencia política: de las élites bipartidistas tradicionales del Frente Nacional se pasó a las élites populares que trajo la elección de alcaldes. Ese cambio tuvo como consecuencia inicial gran ineficiencia y malversación en el gasto público. Mientras aprendemos a manejar la democracia y la descentralización administrativa, las hemos usado para cometer grandes errores.

Una hipótesis aplicable al caso de Cúcuta y de las restantes capitales regionales, es que la desaparición de las viejas élites políticas de los años 60, 70 y 80, más experimentadas en el diálogo y en la negociación con las élites nacionales centralistas, dio paso a una nueva dirigencia parlamentaria sometida y condicionada por los alcaldes y gobernadores populares, que después de 1991 se convirtieron en los verdaderos jefes políticos locales, dueños de la mayor chequera y de la mayor burocracia pública por cuenta del proceso descentralizador. En las regiones de menor desarrollo, como Cúcuta y Norte de Santander, el resultado de ese cambio no ha sido bueno, y ha deteriorado la capacidad negociadora de los congresistas ante el gobierno y la tecnocracia nacional.

“¡Democracia, bendita seas aunque así nos mates!” La frase de Guillermo Valencia en el funeral de general Rafael Uribe Uribe vale también para Cúcuta y otras ciudades del país. Saber usar la democracia política y fiscal que nos trajo el proceso descentralizador supone un aprendizaje largo, pero algún día, ojalá, lo sabremos aprovechar mejor, como lo han hecho Medellín, Bogotá y Bucaramanga.


Mantener la fe en la paz
Miércoles 22 de julio de 2015

La política internacional le entregó al proceso de paz colombiano dos hechos que crean un ambiente muy favorable para seguir creyendo que es posible alcanzar un acuerdo definitivo entre el Estado colombiano y las Farc.

El restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos es el más importante y el más cercano de esos dos hechos. El segundo, aunque más distante y poco familiar para los colombianos, es más aleccionador: el acuerdo entre las siete grandes potencias nucleares e Irán.

Desde 1979 Irán está controlada por un partido clerical conservador. Desde entonces ha promovido grupos armados en Oriente Medio afines al Islám Chiita, la religión oficial del régimen iraní. En el Líbano, Yemén e Iraq y en dondequiera que existan minorías o mayorías chiitas sometidas, Irán ha alentado partidos o grupos armados, siempre en contra de Israel, Estados Unidos y sus aliados árabes sunitas.

La supuesta intención iraní de hacerse a armas atómicas suscitó un bloqueo económico que ha lastrado su economía tanto como entre nosotros la guerra entre el Estado, las guerrillas y los paramilitares.

El acuerdo alcanzado entre Irán y los países occidentales más Rusia y China, ha hecho temer a todo el islam sunita que esa nación, desencadenada de los grilletes de las sanciones que limitan su crecimiento económico, en los años venideros comience a crecer y al cabo de poco tiempo cree un desequilibrio político en favor del Islam Chiita.

Eso es previsible porque Irán es un país con gran territorio, grandes recursos naturales y una población numerosa y educada, que en medio de las limitaciones de su régimen teocrático es quizá junto con Turquía el único gran país islámico con las instituciones propias de una república democrática.

La situación económica de Irán y sus posibilidades de crecer rápidamente una vez se libre de las sanciones económicas, en mi opinión se parecen bastante a lo que hoy pasa en Colombia y a lo que le sobrevendría al país una vez lleguemos a un acuerdo político para dejar atrás el enfrentamiento con las Farc y ojalá también con el Eln.

Más desconfianza y más animosidad belicosa alimentada por odios ancestrales y religiosos, amén de intereses políticos y económicos enormes, pudieron ser superadas después de jornadas de negociación muy largas entre Irán y las siete potencias nucleares, lo que muchos consideran el inicio de una relación menos tensa y con posibilidades de mejorar aún más entre ese país y Estados Unidos.

Todavía restan muchos y complicados pasos para que el acuerdo se perfeccione, pero ya es un ejemplo de lo fructífera que es la paciencia a la hora de negociar posiciones que parecían insuperables.

Entre Cuba y Estados Unidos pasó lo mismo. Viejos recuerdos de la guerra fría, de intentos de invasión, de insultos recíprocos y de enfrentamientos en lugares tan variados, desde Colombia hasta Angola, pararon en un restablecimiento de los lazos diplomáticos y la reapertura de embajadas.

Son dos ejemplos de cómo conflictos más profundos que el nuestro, animados por odios mayores y con enemigos mucho más grandes de su salida negociada, pudieron superarse mediante el diálogo. Nos animan a mantener la fe en intención firme del gobierno y la subversión de seguir conversando en La Habana y mantienen nuestra esperanza en la pronta finalización de la guerra para poder comenzar a crecer.


La nueva rectora de la UFPS
Miércoles 15 de julio de 2015

La decisión, tomada en segunda instancia por el Consejo Superior de esa entidad después que se hubiera celebrado hace poco una consulta entre los estamentos universitarios, confrontó su nombre con el de Carlos Flórez Góngora, persona cuyas notables calidades profesionales, académicas y científicas espero ver algún día al servicio de la rectoría de la UFPS, y no dejo de lamentar que no hubiera sido desde ya. 

Como también la profesora Claudia Toloza es una persona inteligente y capaz, en ella afinco mi esperanza en que la UFPS acelere tanto el ritmo de su crecimiento como el de su contribución al desarrollo regional.

Los puntos de partida de su gestión son desiguales. Recibe una Universidad con mucha estabilidad financiera, mucho más grande en número de estudiantes, presupuesto e infraestructura de lo que era hasta hace poco, pero con un retraso relativo altísimo frente a otros centros de educación superior del país.

Espero que la profesora Toloza logre durante su administración que la UFPS vea crecer su número de docentes de planta, y que los vincule mediante una convocatoria amplia y exigente, que garantice la llegada de las personas más talentosas y capaces, dotadas con las mejores calificaciones académicas.

Nuestra UFPS, tristemente, tiene muchos profesores de planta perezosos que hacen muy poco, afirmación que es fácil sostener con indicadores precisos. Entre sus escasos profesores de tiempo completo, que no llegan a ser 150, se produce poquísima literatura científica, y la gran mayoría de ellos no tienen reconocimiento alguno en el país, no hablemos del exterior, ni por ser buenos profesores ni por ser buenos científicos. Ese aire de medianía debe cambiarse para que la UFPS le responda mejor a nuestros jóvenes y a nuestras empresas.

Ojalá al cabo de unos pocos años la UFPS duplique el número de docentes de planta con cientos de personas graduadas en programas de maestría y doctorado en universidades que tengan reconocimiento el menos regional, y entre los que haya hombres y mujeres de ciencia que ayuden a proyectar el desarrollo tecnológico de las empresas de Norte de Santander, cosa que en este momento no se ve sino en una medida insuficiente.

En áreas como la agroindustria y la informática está el futuro económico de Norte de Santander, pero su desarrollo solo llegará cuando tengamos una masa crítica de ingenieros y científicos competentes que produzcan conocimientos útiles para desencadenar procesos de desarrollo tecnológico que nos permitan competir. Así funciona cualquier economía desarrollada en el mundo, y espero que algún día nosotros seamos uno de tantos casos exitosos para mostrar. Si la profesora Claudia Toloza nos acerca algo a ese punto, le quedaría muy agradecido como nortesantandereano.

La UFPS y todas nuestras demás universidades públicas y privadas deben esforzarse por no seguir produciendo profesionales para el rebusque local, formados a partir de una nómina docente poco calificada y pagada casi toda ella por “hora-cátedra”. Eso es lo que hoy por desgracia tenemos. Cambiarlo debe ser un propósito vinculado a una estrategia de desarrollo regional que sume esfuerzos de distintas vertientes, pero el liderazgo es de la UFPS y dentro de ella, de la profesora Toloza, a quien le deseo la mejor de las suertes en beneficio de todos los nortesantandereanos.


Carta al Presidente sobre la Ley Anticontrabando
Miércoles 1º de julio 2015

Muchos cucuteños creemos que el Gobierno Nacional debe tener mejores herramientas jurídicas para combatir el contrabando, que le hace daño a nuestra región porque estimula organizaciones criminales, afecta el empleo y la productividad, y somete a nuestros productores agrícolas a una competencia ruinosa.

Además disminuye las rentas por venta de licores, cigarrillos y combustible, lo que limita la capacidad de nuestro Departamento para llevar a cabo sus funciones.

Pero debe Usted saber que en Cúcuta existen condiciones económicas que son únicas en Colombia porque la frontera a la vez nos une y nos separa con Ureña y San Antonio que son parte de nuestra misma ciudad, por lo que en nuestra Área Metropolitana el comercio transfronterizo es un hecho cotidiano.

Los cucuteños no queremos ver a miles de conciudadanos y pequeños comerciantes que diariamente cruzan los puentes internacionales, penalizados severamente por llevar a cabo prácticas comerciales que si bien en estricto sentido pueden entenderse como contrabando, entre nosotros son de uso corriente.

En su condición de Presidente de la República le corresponde a Usted ejercer la potestad reglamentaria para la buena ejecución de las leyes. Por lo tanto le pido que tenga en cuenta nuestra condición de Zona de Frontera y la condición aún más particular de “Unidad Especial de Desarrollo Fronterizo”, para que dentro del marco legal que desde hace tiempo existe nos otorgue un tratamiento especial que haga aplicable sin traumatismos la “Ley Anticontrabando”.

La Constitución Política dice en su artículo 337 que “La ley podrá establecer para las zonas de frontera, terrestres y marítimas, normas especiales en materias económicas y sociales tendientes a promover su desarrollo.” Al amparo de esta norma se expidió la Ley 1991 de 1995 o Ley de Fronteras en cuyo artículo 4º se afirma que serán “Unidades Especiales de Desarrollo Fronterizo, aquellos municipios, corregimientos especiales y Áreas Metropolitanas pertenecientes a las Zonas de Frontera, en los que se hace indispensable crear condiciones especiales para el desarrollo económico y social mediante la facilitación de la integración con las comunidades fronterizas de los países vecinos, el establecimiento de las actividades productivas, el intercambio de bienes y servicios, y la libre circulación de personas y vehículos.” Únicamente el Área Metropolitana de Cúcuta y otros 27 municipios colombianos tienen esa especial condición.

Le pido que al amparo de esa excepcional categoría que tiene nuestra ciudad, cuando le corresponda a Usted reglamentar la Ley, esté muy atento a la voz de nuestros comerciantes, de sus gremios y de nuestras autoridades locales. Le pido que tenga en cuenta la difícil y especial situación económica del Área Metropolitana de Cúcuta, íntimamente asociada a las ciudades vecinas de Ureña y San Antonio, que desde un punto de vista geográfico forman parte de nuestra misma metrópoli.

Confío en que a través suyo se haga realidad la promesa que sobre este proyecto de Ley tantas veces pregonaron los funcionarios del Ministerio de Hacienda durante su defensa en el Congreso, donde no se cansaron de sostener que su objetivo es perseguir a los grandes contrabandistas sin afectar a los pequeños comerciantes de las zonas de frontera.

Señor Presidente, muchos cucuteños esperamos que una vez esta Ley sea objeto de su sanción, se reglamente y aplique de tal forma que con ella no se cometan injusticias castigando a quienes en su condición de pequeños comerciantes de la frontera mitigan la informalidad y el desempleo, sino a las grandes organizaciones a cuya sombra crece la criminalidad que asuela nuestra ciudad más que ninguna otra en Colombia.


TICs
Miércoles 17 de junio de 2015

La reciente historia económica de Cúcuta puede asemejarse a la de Pereira en algunos aspectos, como que allá el declive del negocio cafetero, así como entre nosotros el del comercio fronterizo, golpeó el principal sector de ambas economías regionales.

Aunque la integración de Risaralda a los mercados nacionales es mucho mayor que la nuestra por cuenta de la geografía y la infraestructura, desde los primeros años de la década pasada la dirigencia pereirana hablaba con insistencia de la pérdida de competitividad de su región; de la desindustrialización, del crecimiento negativo de la economía risaraldense respecto del promedio nacional y del incremento de la pobreza.

De los esfuerzos por lograr la recuperación económica de Pereira resultaron dos propuestas iguales a las que se han sugerido para el caso cucuteño. El ecoturismo y el desarrollo de las capacidades locales para producir software y servicios asociados a las tecnologías de la información y la comunicación.

En lo que respecta al ecoturismo se han obtenido resultados importantes que son conocidos en todo el país. Las primicias de la segunda apuesta, más ambiciosa, de mayor riesgo y de largo plazo, está poco a poco conociéndose.

Las claves para recuperar nuestra economía son más o menos las mismas que progresivamente comienzan a mostrar resultados allá.

Llevamos un buen tiempo hablando de desarrollo ecoturístico y al respecto hay proyectos en etapa de formulación en varias entidades públicas como el Área Metropolitana y la Gobernación, que con un poco más de voluntad en la alcaldía entrante seguramente comenzarán a das sus primeros y definitivos pasos.

La apuesta por desarrollar capacidades tecnológicas que nos permitan comercializar el talento de nuestros jóvenes ingenieros electrónicos, de sistemas y de telecomunicaciones, como los que se forman desde hace varios años en las universidades cucuteñas, es un asunto del que se está comenzando a hablar pero sobre el que hemos avanzado muy poco, salvo algunos esfuerzos aislados de entidades como Proempresas y algunas universidades, pero que distan mucho de hacer parte de una estrategia de desarrollo regional.

En una región como la nuestra con universidades, dos de ellas públicas, que han formado varias promociones de ingenieros en disciplinas directamente vinculadas con las TICs, con infraestructura institucional como la del SENA y el Centro Tecnológico de Cúcuta, con recursos de regalías disponibles para ese tipo de cometidos y que se desperdician precisamente porque no hay proyectos formulados; y sobre todo, con tan grandes problemas de competitividad por cuenta de la geografía y la infraestructura vial que nos aleja de los grandes mercados nacionales, es obvio que uno de los renglones económicos que deben promoverse es el de la prestación de servicios asociados a las TICs y el desarrollo de software.

El alcalde y el gobernador entrante deben promover una estrategia de emprendimiento dirigida a respaldar a jóvenes ingenieros electrónicos, de sistemas y de telecomunicaciones para que se conviertan poco a poco en empresarios que detonen procesos de desarrollo donde las carreteras y la distancia geográfica no sean la excusa perenne de su fracaso.


Ecoturismo urbano
Miércoles 10 de junio de 2015

Entre las ciudades importantes de mundo que tienen cerros internos, no hay ninguna, me atrevo a afirmarlo, que no los aproveche de manera pública o privada. Casi siempre los cerros se convierten en zonas residenciales exclusivas.

Otras veces son reservas ecológicas o sede de varios tipos de comercio de recreación que aprovecha las bellezas del paisaje.

En Cúcuta, salvo el barrio Bellavista que tuvo un importante desarrollo residencial sobre zona de ladera, y otro caso más que se proyecta en los cerros sobre la prolongación de la Avenida Cero, no se ha aprovechado bien la belleza de nuestros cerros internos para desarrollos residenciales.

Menos aún para el esparcimiento público, pese a ser mayoritariamente pública la propiedad del suelo en la cadena más importante de cerros que se extiende entre los barrios Belén y Sevilla formando una barrera natural entre el valle del Pamplonita y la Ciudadela de Juan Atalaya.

Los cerros occidentales de la ciudad a los que me refiero tienen el que quizá es el paisaje más bello del perímetro urbano de Cúcuta. Sus puntos de observación más conocidos como La Virgen de Fátima, La cruz del Calvario en el barrio 28 de Febrero o La Columna de Padilla en el barrio Loma de Bolívar, podrían integrarse en un recorrido peatonal complementado con una ruta ecoturística entre paisajes boscosos fácilmente recuperables que podrían extenderse sobre la ruta que se traza sobre sus crestas.

La ruta que se extiende desde Belén, pasando por Rudesindo Soto, Gaitán Parte Alta, Fátima, 28 de febrero y Los Alpes, pese a estar urbanizada de manera informal sobre un suelo arcilloso con alto riesgo de deslizamiento, puede ser objeto de recuperación forestal en algunos tramos unidos por un sendero ecoturístico que integre puntos de observación que pueden llegar a tener un importante valor turístico.

A pesar del riesgo de los suelos de esos puntos de Cúcuta, falta mucho tiempo para que la ciudad piense en un programa de reubicación de las miles de casas edificadas en ambas faldas de los cerros occidentales.

Menos cuando ya el Municipio adelantó intensivamente programas de pavimentación mediante el mecanismo “comunidad-gobierno”, y cuando ya se ha establecido el servicio de acueducto comunitario conocido como “pilas públicas”.

Después de validar la urbanización informal con inversión pública en vías y acueducto, es muy difícil pensar en reubicaciones.

En cambio es forzoso intentar recuperar el valor paisajístico de los cerros como complemento de la recuperación del entorno urbano para sus habitantes y para todos quienes los visitemos para disfrutar de sus bellezas.

Aprovechar el paisaje y darle a la ciudad nuevos lugares de recreación necesita más de ingenio que de dinero. En puntos de la ciudad como ambas faldas de los cerros occidentales y otras zonas de ladera como Santo Domingo, Cuberos y Alfonzo López, donde el déficit de espacio público es el más grande de Cúcuta por la conjunción del urbanismo informal con las dificultades del terreno, es importante lograr que los cerros recobren su valor como bellezas naturales de nuestro paisaje urbano y zonas de recreación de las familias de Cúcuta.


Protesta de un estudiante de la UFPS
Miércoles 27 de mayo de 2015

Un estudiante de Derecho de la UFPS está en huelga de hambre desde hace siete días; una manera de protestar que compromete la propia integridad y por eso supone una gran determinación y una enorme fuerza de voluntad, cosa poco común sobre todo en un joven estudiante.

Carlos Bolívar, el protagonista de la huelga, es representante legal de una veeduría ciudadana. La causa inicial de su protesta es la existencia de dos procesos disciplinarios en su contra que tramitan los órganos directivos de la Universidad, al considerar que funcionarios o dependencias de la UFPS han sido irrespetadas por los términos en que el joven veedor se refiere a ellos en la página en Internet de la “Procuraduría Ciudadana UFPS”. Un desenlace posible de esos procesos es la suspensión por varios semestres del estudiante.

Según la noticia presentada por El Espectador, medio que ha cubierto la noticia en dos notas recientes, el veedor afirmó, refiriéndose a la UFPS, que “la división de sistemas es un foco angular de corrupción y clientelismo”, y que “el Consejo Superior acolita la mediocridad y la pereza”.

No me referiré a la veracidad de estas afirmaciones porque, sobre todo en lo tocante a la segunda de ellas, se basan en valoraciones que pueden tener una buena carga de subjetividad y versan sobre hechos y situaciones de las que no estoy bien informado. Si puedo en cambio argumentar que quienes ejercen el oficio de veedores u opinadores públicos están facultados para ofrecer su propia percepción de hechos, de personas o de entidades que por ser públicas están naturalmente expuestas al escrutinio y la apreciación subjetiva de cualquiera.

¿Qué tal que me diera por decir en esta columna que la alcaldía de Cúcuta es foco de corrupción, y entonces esa misma entidad ante una instancia propia, por ejemplo el Consejo de Gobierno, me iniciara un proceso disciplinario por irrespeto?

Ese tipo de procesos disciplinarios o judiciales, cuando se refieren a afirmaciones que tienen una carga argumental consignada en un medio escrito, así tales argumentos puedan calificarse como subjetivos, dan lugar a lo que se llama un delito de opinión.

Si el caso del estudiante Carlos Bolívar tuviera lugar en una universidad del Medio Oriente, de China, de Rusia, de Cuba, o tal vez en un seminario, me parecería un hecho común y lamentable propio de una sociedad autoritaria y represiva. Pero que ocurra en una universidad pública colombiana solo me parece un indicador de lo mucho que nos falta para sentirnos un país completamente libre y desarrollado.

Desde esta modesta columna de opinión, exhorto respetuosamente al Rector de la UFPS y al Gobernador de Norte de Santander, quien preside el Consejo Superior Universitario, a que le pongan término a esa vergonzosa acción disciplinaria que ya es noticia nacional, contra un estudiante que no solo es brillante y aplicado, sino que además muestra en sus actuaciones públicas una convicción y una valentía que antes que sanción merecen recompensa.


Construir y recuperar parques
Miércoles 20 de mayo de 2015

El próximo alcalde de Cúcuta debe gastar más dinero recuperando los parques de la ciudad. Hay cerca de trescientos que necesitan adecuaciones. Invertir, como lo ha propuesto, cerca de cien millones en cada uno no es ningún sueño sino apenas una propuesta modesta que suma treinta mil millones de pesos. Siete mil quinientos millones cada año. Una entidad municipal descentralizada como el Instituto Municipal para la Recreación y el Deporte IMRD no debería invertir menos que eso en una ciudad de 700.000 habitantes como la nuestra.

Las normas que regulan los planes de ordenamiento territorial dicen que las ciudades colombianas deben darle a cada habitante por lo menos 10 metros cuadrados de espacio público. Cúcuta tiene 700.000 habitantes; deberíamos entonces tener 7 millones de metros cuadrados: 700 hectáreas sumando parques y escenarios deportivos. Apenas tenemos 150 hectáreas, que es menos de 2.5 metros cuadrados por cucuteño.

Pero recuperar los parques que ya tenemos no acrecienta la cantidad de espacio público. Carlos Luna ha propuesto el canje tierras por deudas de impuesto predial que tienen con el Municipio grandes terratenientes urbanos, sobre todo esos que reclaman enormes extensiones de tierra ya urbanizada en la ciudadela de Juan Atalaya y los barrios del sector de El Aeropuerto y El Salado.

En esas partes de la ciudad, hay personas naturales y jurídicas dedicadas al negocio de la escrituración a miles de vecinos que desde hace mucho tiempo tienen casas y que por su larga permanencia habitándolas deberían tener ya la condición de propietarios sin necesidad de pagar por ese derecho. Esos grandes terratenientes urbanos, involucrados muchos de ellos en procesos de urbanización ilegal no planificada que le hacen un grave daño a Cúcuta, no están al día con sumas multimillonarias de impuesto predial y deberían cederle al municipio tierras que amplíen el banco local de tierras de uso público. Esa es la única manera que tiene Cúcuta para acrecentar el espacio público con un presupuesto tan modesto como el que tenemos hoy.

La construcción de parques en zonas canjeadas por deudas de impuesto predial y la recuperación de los existentes se puede hacer en algunos casos con las Juntas de Acción Comunal mediante convenios “comunidad-gobierno”, con los que se han pavimentado las vías de la mayor parte de los barrios de Cúcuta. El Municipio entrega materiales de construcción y contrata ingenieros que dirijan la obra civil, y los vecinos aportan la mano de obra. Es una manera de hacer rendir el presupuesto.

No solamente el Municipio de Cúcuta debe gastar dinero creando espacio público y recuperando el que está deteriorado. Un “Plan Maestro de Creación y Recuperación de Espacio Público” puede ser cofinanciado también por el Departamento, como lo ha consentido William Villamizar en su condición de candidato a la Gobernación, o por el Gobierno Nacional tal como se ha hecho en otras ciudades capitales. Está equivocado quien hace poco dijo que no se podía.

Construir y recuperar parques no es ninguna promesa engañosa como las 20.000 casas de hace cuatro años. Es una respuesta realista ante una urgente necesidad de Cúcuta.


Promover la vida nocturna
Miércoles 13 de mayo de 2015

Partiendo de lo que es obvio, y sin llegar todavía a lo que es discutible, así en Cúcuta los alcaldes malos y después la fuerza de la costumbre nos inviten a pensar al revés, podemos afirmar que cualquier ciudad importante promueve la vida nocturna porque muchos de los servicios asociados a los placeres del turismo y hasta de la contemplación artística están asociados a la noche.

Del teatro, del ballet o de la ópera, y de los restaurantes, las discotecas, los bares, los cafés, los cines y los casinos se sale casi a la media noche o en la madrugada. La vida nocturna siempre es complemento de la identidad de cualquier capital mundial, y aun cuando en Cúcuta estamos lejos de serlo siempre habrá algunos románticos que acariciemos la intención de llegar a parecerlo algún día.

Me resisto a creer que los establecimientos de comercio que integran nuestra precaria vida nocturna estén asociados a la intensificación de la delincuencia. Dejando de lado el problema del uso del suelo, antes que obligar al comercio nocturno a cerrar temprano para que no cunda el hampa, mejor sería que el Municipio dirigiera una estrategia colectiva para la recuperación de la vida nocturna que también mejore las condiciones de seguridad de Cúcuta. Por muy degradado que esté el entorno donde funcionen algunos negocios de rumba, sus propietarios siempre preferirán la seguridad y siempre estarán dispuestos a contribuir a ella.

Desde hace unos meses, en las páginas del Banco Interamericano de Desarrollo dedicadas al programa “Ciudades Emergentes” se insiste en la correlación entre el fomento de la vida nocturna y la disminución de la criminalidad, y se citan ejemplos de ciudades grandes y pequeñas del mundo entero que han recuperado entornos urbanos ruines, sobre todo en zonas céntricas, con el fomento de la vida nocturna como uno de los ingredientes para hacerlas más seguras.

Casi todos los programas de recuperación de andenes y fachadas en zonas céntricas buscan crear ambientes que recreen identidades y tradiciones urbanas que se complementan muy bien con la vida nocturna y son buenos escenarios de bares y cafés. Ejemplos cercanos se pueden encontrar en La Candelaria en Bogotá y casi que en cualquier ciudad que tenga alguna importancia. No veo porqué en Cúcuta no podamos hacer lo mismo en sectores del centro y del occidente como El Contento o La Playa, cuya arquitectura los hace ideales para ese tipo de empeños, del que el Centro Comercial a Cielo Abierto ya mostró que son posibles y exitosos.

Fomentar la vida nocturna supone esforzarse por mejorar también el transporte público nocturno, el alumbrado público y dispositivos públicos de vigilancia como videocámaras. Nada que esté fuera de nuestro alcance.


Así como este, todos los proyectos importantes que necesita Cúcuta son obvios. Pero como desde hace un buen tiempo no se emprende nada de veras importante, acabamos renunciando a lo obvio para enfrascarnos en lo discutible, como manda a cerrar negocios a las 11pm dizque para combatir la criminalidad.