EL COMERCIO INFORMAL DE GASOLINA
11 DE FEBRERO DE 2015

Hoy en Cúcuta es imposible pensar en formalizar completamente la comercialización de combustible. Un convenio de importación de gasolina como lo hubo entre Ecopetrol y Pdvsa, o la creación de estaciones de servicio de Pdvsa en Cúcuta, son proyectos inviables porque Venezuela a duras penas tiene capacidad de refinación para abastecer su propia demanda. 

Una parte de la gasolina venezolana viene de las refinerías de Pdvsa en el Caribe y llega con costos altos de producción y de transporte. 

Por eso, entre otras razones, el gobierno venezolano tendrá que discutir tarde o temprano el aumento del precio de la gasolina y no es el momento para plantearle un nuevo convenio de importación o la construcción de estaciones de servicio de Pdvsa en Cúcuta.

Por lo tanto, debemos aceptar que ante la enorme diferencia de precios, la gasolina siga llegando en carros particulares. Eso es una realidad inevitable en Cúcuta, y sobre esa realidad tenemos que plantear las soluciones que la ciudad necesita.

Además, el reciente Consejo de Ministros celebrado en esta ciudad dejó claro que Ecopetrol no puede aumentar el cupo de gasolina subsidiada para Cúcuta. 

Por eso, aun quienes intentan comprar gasolina en estaciones de servicio, muchas veces se verán obligados a comprarla en pimpinas.

Lo que debe hacer entonces la alcaldía es determinar los lotes y zonas amplias y abiertas donde la gasolina venezolana pueda comercializarse observando algunas condiciones básicas de seguridad. 

De la mano con las asociaciones de vendedores informales de gasolina, es necesario reglamentar su reubicación en puntos de acopio y de distribución minorista que deben ser varios lotes amplios y seguros donde se comercialice la gasolina venezolana como si se tratara de estaciones de servicio informales.

Lo que el alcalde tiene que hacer, es regular el comercio informal de gasolina para que se lleve a cabo sin afectar derechos colectivos de salubridad, de seguridad y de goce del espacio público. 

Para eso tiene que promover la asociación de los pimpineros en empresas de comercialización de gasolina, como está permitido en las normas que regulan la venta de combustible en las zonas de frontera. 

Y también debe tramitar ante el Gobierno Nacional la modificación de esas normas, para adaptarlas a las condiciones que hoy se viven en Cúcuta, y permitir la solución que la ciudad está necesitando. 

Además, deben ejercerse controles muy estrictos que eviten la desviación del combustible subsidiado que envía Ecopetrol a las Estaciones de Servicio de Cúcuta, y que a veces acaba vendiéndose fuera del Departamento.

El desarrollo de ideas como la planteada por el Ministerio de Minas y Energía, consistente en la creación en Cúcuta de estaciones de servicio de gas para abastecer vehículos de servicio público adaptados al gas contando con subsidios del Gobierno Nacional, puede contribuir mucho a la progresiva formalización del mercado de combustibles en la frontera y es importante tomarla muy en serio.

Mientras tanto, el Municipio debe asumir la responsabilidad que tiene con la seguridad ciudadana y con la preservación del espacio público, y al mismo tiempo asumir la responsabilidad social que tiene con miles de familias que viven del comercio informal de combustibles en la frontera.


BILINGÜISMO EN CÚCUTA
04 DE FEBRERO DE 2015

Coincido con quienes ven a Cúcuta como un lugar en el que puede prosperar el sector de servicios. Servicios de salud, educativos, financieros, informáticos o administrativos. 

Para eso se necesita una infraestructura educativa orientada al desarrollo de esos sectores que debe comenzar a promoverse cuanto antes, porque es la única salida definitiva del estado de recesión crónico.     

La ciudad tiene varios ejemplos embrionarios de lo que podría ser un nuevo sector muy próspero de nuestra economía. 

Hace poco la ciudad de Pamplona fue sede de una plataforma de servicios informáticos que convocó varios centenares de ingenieros electrónicos y de sistemas venidos de varias ciudades del país. El éxito fugaz de la experiencia de la Universidad de Pamplona, oferente de esos servicios contratados por muchas entidades públicas de Colombia para la asistencia de sus procesos administrativos, muestra lo que debe ser el futuro de nuestra economía.

Varias pequeñas empresas de la ciudad que ofrecen servicios de administración contable a empresas de otras ciudades del país y del mundo, o que ofrecen servicios de call-center, también dan una idea de lo que es posible hacer sin enfrentar la limitación de las carreteras.

La prosperidad económica de Cúcuta dentro de diez o veinte años, pasa por llegar a tener miles de bachilleres bilingües. Si no es así, la ciudad no podrá desarrollar un sector de servicios administrativos, financieros o tecnológicos que pueda competir, no con otras ciudades del país, sino del mundo entero, que ya están ofreciéndonos ese tipo de servicios a nuestras propias empresas. 

En este momento, con el perdón de los maestros a quienes respeto y admiro, ningún colegio público de la ciudad hace esfuerzos serios porque sus alumnos sean bilingües. Aquellos bachilleres de nuestros colegios públicos que son competentes en inglés, generalmente alcanzan esa habilidad con el esfuerzo propio estimulado por sus propias afinidades en materia de música o cine, y son casos poco numerosos.

La educación en inglés de nuestras escuelas públicas en los grados de primaria está en manos de profesores que no saben inglés y muchas veces tampoco están interesados en aprenderlo. Así de simple.

El municipio de Cúcuta debe hacer un esfuerzo grande por comprometer a nuestros docentes, no digamos en la enseñanza del inglés, sino mejor en su aprendizaje, para que después puedan tener cómo enseñarlo al menos en las nociones básicas que faciliten a los estudiantes el autoaprendizaje.

Desde hace varios años las escuelas del país que tienen acceso a Internet, que son todas las de Cúcuta, cuentan con las facilidades para acceder a instrumentos de enseñanza y aprendizaje del inglés a través de programas del Ministerio de Educación. Pero entre nosotros ha faltado la conciencia de la urgente necesidad de capacitar en esa habilidad a nuestros docentes y estudiantes de primaria y secundaria. Si la Secretaría de Educación Municipal lo entendiera así, haría una contribución muy valiosa a la competitividad de Cúcuta.


TRANSPORTE URBANO EN BICICLETA
28 DE ENERO DE 2015

Nuestro éxito como ciudad tiene mucho que ver con las ideas, los deseos y las fantasías que asociamos al éxito personal. Si entre esos deseos está tener una camioneta último modelo con vidrios oscuros, la ciudad será difícil de sostener ambientalmente y requerirá una infraestructura muy costosa. 

Si en cambio la imaginación vuela por otros rumbos; si los apetitos y los deseos colectivos no pasan reiterativamente por la idea del carro o la camioneta sino que se contentan con una bicicleta o un buen sistema de transporte público, la ciudad podría funcionar mejor.

Si queremos ser una ciudad pacífica y ambientalmente sostenible tenemos que cambiar algunos puntos de referencia sobre nuestro modelo social de felicidad y de éxito en la vida. Para lograrlo les propongo utilizar la bicicleta, como se ha hecho en muchas otras ciudades del mundo. 

Deberíamos invertir en las facilidades de infraestructura que permitan hacer de la bicicleta un símbolo de felicidad y de éxito social de una futura ciudad próspera y respetuosa del medio ambiente. La bicicleta, además de simbolizar la humildad y la modestia frente a las grandes camioneta de vidrios oscuros, es un medio de transporte que contribuye a solucionar problemas de movilidad urbana.

En muchas ciudades que se consideran de las mejores del mundo para vivir y también de las más productivas y ricas, en Europa y en Canadá, el porcentaje de personas que se mueven en bicicleta es superior a veinte por ciento (20%), es decir, uno de cada cinco desplazamientos se hace en bicicleta, y sin ir tan lejos, en Bogotá y en Medellín ya casi el cinco por ciento (5%) de los desplazamientos urbanos se hacen en bicicletas que transitan por vías exclusivas o demarcadas con ciclocarril.

Las ciclo-rutas de Cúcuta son insuficientes para fomentar la bicicleta como medio de transporte, pero sirven para mostrar lo fácil que podría pasearse la ciudad en bicicleta si se construyeran otras ciclorutas más, complementadas con ciclocarriles demarcados en las principales avenidas de la ciudad. 

Un buen ejemplo es la autopista de Atalaya, con ciclo-ruta en ambos costados. También algunos sectores del Malecón y de la Avenida de Las Américas, entre otros ejemplos buenos pero escasos.

El fomento de la bicicleta no solo aporta a la solución de problemas de movilidad sino que también es una especie de protesta contra el modelo de vida basado en la asociación del éxito personal con esa ostentación de poder tan propia de las costumbres traquetas. 

En cambio la humildad, la eficiencia, la modestia (todos valores muy necesarios en Cúcuta), y lo amigable que es con el medio ambiente una bicicleta, que no hace ruido, ni contamina, ni congestiona las calles, ni atropella a nadie, debe fomentarse como un modelo de éxito social para Cúcuta, que se oponga a un modelo dañino de éxito personal que hoy tenemos.

Por lo pronto, debemos educarnos para tener claro que la prelación en las vías, después de los peatones, la tienen los ciclistas. Cuando ese sea también el orden de prelación de nuestras fantasías sociales, seremos una ciudad desarrollada y progresista.


CRUELDAD O COMPASIÓN CON LOS ANIMALES
21 DE ENERO DE 2015

Los recientes actos de injustificada crueldad contra animales cometidos en las corralejas han llevado al país a pensar que es necesario que la Ley penalice semejantes actos que ante los ojos del mundo refuerzan la imagen de Colombia como un país sanguinario y violento. En el fondo no hay sino falta de educación y de civilidad, que se siente con más fuerza en regiones que, si consideramos sus indicadores de desarrollo, están en la cola de la lista.  

En Cúcuta, la lucha por la defensa de los derechos de los animales debemos asumirla seriamente, porque aquí igual que en las corralejas, se escenifica la más descarnada crueldad contra muchos seres vivos no-humanos, que si fuera filmada y puesta en las páginas de los periódicos, nos harían lucir tan incompasivos y primitivos como los que en gavilla descuartizaron vivo el caballo.

Entre nosotros, el Centro de Zoonosis practica sin que nadie lo registre en videos, métodos de matanza de perros y gatos tan brutales o más que los vistos en las corralejas. La indiferencia frente a la reproducción sin control de especies domésticas hace que muchos perros y gatos languidezcan en las calles abandonados, y cuando las autoridades de salud pública intervienen para asumir su responsabilidad de una forma inoportuna e ineficiente, es para sacrificarlos en el Centro de Zoonosis sin que la ciudad tenga idea de los métodos atroces que allí se aplican.

A muchos seres humanos nos resulta intolerable el dolor de los animales. Cada vez somos más los que rechazamos formas de sacrificio o maltrato animal que no encuentren su razón de ser en la necesidad de nutrirnos. Esto ocurre porque compasión es una característica de la inteligencia del ser humano. Los animales en cambio, no sienten más compasión que aquella a que los obligan sus instintos de maternidad o de conservación de su especie.

Lo mismo ocurre con las ciudades. Cuanto más inteligentes y educadas, más compasiva son ante el sufrimiento, sea humano o animal. Dentro de nuestro propio país, ciudades como Medellín y Bogotá, en la misma medida que tienen poblaciones con mayor escolaridad, son también más sensibles al dolor que supone el abandono y el maltrato de los animales, por lo que tienen políticas públicas muy efectivas para su protección. En ellas la sobrepoblación de perros y gatos se controla con programas de esterilización y adopción, y no con el sacrificio permanente, como por desgracia ocurre entre nosotros.

Ante la ausencia de políticas municipales para enfrentar el problema de la sobrepoblación de perros y gatos, y la prevalencia de métodos primitivos y violentos como los que aplica el centro de zoonosis, valoro mucho el trabajo de entidades sin ánimo de lucro como la Fundación Mi Mejor Amigo y la Asociación para la Esterilización de Perros y Gatos, que con recursos privados muy limitados llevan a cabo un trabajo que corresponde al Estado, el cual, no por falta de recursos, sino por no emplearlos bien, persiste en métodos crueles para enfrentar este problema de salud pública, en vez de apelar al sentimiento compasivo de los seres humanos civilizados, promoviendo la esterilización y la adopción de perros y gatos callejeros abandonados, que solo en Cúcuta sobrepasan los diez mil.

La esterilización y los programas de adopción, siguiendo el ejemplo de otras ciudades colombianas, deben ser la base de una política municipal para controlar la sobrepoblación de animales domésticos. No lo que hoy se hace en Cúcuta, lo que si algún día llega a ser conocido por el país como lo fueron los tristes episodios de las corralejas, será para nosotros motivo de vergüenza nacional.


LOS DUEÑOS DE LA TIERRA EN CÚCUTA
14 DE ENERO DE 2015

Entre todos los problemas de la ciudad hay uno del que casi nunca se habla, pese a ser de los más graves. Afecta principalmente a los sectores de menores ingresos de la población cucuteña. 

En Cúcuta existen cerca de treinta mil (30.000) casas edificadas en suelo cuyo propietario no coincide con el de la edificación. Años de crecimiento y urbanización informal de la ciudad han dado vida a muchos de los barrios más densamente poblados en las comunas 6, 7 y 8. 

La mayor parte de la Ciudadela de Juan Atalaya y los barrios que circundan el aeropuerto están edificados sobre terrenos cuya propiedad reclaman unos cuantos particulares. Una sola persona jurídica, Sodeva Ltda., reclama la propiedad del suelo sobre el que se asientan cerca de quince mil (15.000) casas. Otros cuantos más, entre ellos el Municipio de Cúcuta, sobre terrenos en los que están al menos otras quince mil (15.000).

La economía cucuteña tiene entre sus mayores dificultades la imposibilidad de acceso al crédito de decenas de miles de familias que no tienen respaldo hipotecario por cuenta de la falta de saneamiento de sus predios. Por eso pulula en Cúcuta el crédito gota a gota.

Pocas cosas ha hecho el Municipio para sanear este problema. Ha habido titulaciones de predios que son de su propiedad y tienen la condición de bienes fiscales otorgables a sus ocupantes a título gratuito. 

Pero el Municipio jamás ha movido un solo dedo obrando en favor de las miles de familias poseedoras de mejoras en predios de particulares, que desde hace mucho tiempo han debido adquirir la propiedad por la larga posesión superior a veinte (20) años.

En cambio ha sido el mismo Municipio quien ha promovido acuerdos de pago entre los poseedores y los terratenientes urbanos, en los que se invita a reconocerle al terrateniente la propiedad, lo que echa a perder el tiempo transcurrido para que un Juez otorgue la propiedad por la prescripción del dominio.

Sobra decir que la mayoría de los terratenientes urbanos que se dedican al negocio de la titulación de predios con años y años de posesión, como pasa en la mayor parte de la Ciudadela de Juan Atalaya, otorgan títulos de condición dudosa que no implican desenglobe del lote, lo que le da el toque de informalidad a este negocio, que de suyo es una expresión de la informalidad en el mercado inmobiliario cucuteño. De por medio hay enormes deudas no saldadas por impuesto predial de estos terratenientes con el Municipio, lo que impide la adecuada titulación a los poseedores.

A tal punto ha madurado este negocio que se sabe de casos en los que se promueven invasiones sobre tierras propias pero malas, distantes y baratas, para que al cabo de varios años, cuando haya surgido un barrio por cuenta de alguna ayuda del Municipio y sobre todo por cuenta del trabajo de los propios vecinos, llegue el urbanizador informal y venda la titulación de cada casa.

A ese modelo de negocio informal de tierras hay que ponerle término. En primer lugar, ofreciendo apoyo a las Juntas de Acción Comunal para que se adelanten masivamente procesos de pertenencia en favor de los poseedores que cumplan con los requisitos para que judicialmente se les reconozca la propiedad, que son la mayor parte de los vecinos de la Ciudadela de Juan Atalaya y del sector del barrio Aeropuerto, y en segundo lugar, siendo severos en la exigencia de las obligaciones tributarias que estos terratenientes urbanos tiene con el Municipio Cúcuta, al que le adeudan muchísimo dinero.

Mientras el Municipio muestre indiferencia ante un problema generalizado entre tantas miles de familias cucuteñas, será tácito cómplice de un negocio que beneficia solo a algunos pocos cuya mezquindad se convierte en un obstáculo al progreso de la ciudad y dificulta su urbanización ordenada.


EDUCACIÓN TÉCNICA
31 DE DICIEMBRE DE 2014

En la mayoría de los barrios de Cúcuta el problema más grave es la falta de oportunidades de formación técnica para los jóvenes. Ese es el mal del que se desprenden muchos otros asociados a la desocupación, la informalidad y la delincuencia.

Hoy el Área Metropolitana tiene un millón de habitantes y apenas una seccional del Sena. Por eso el Municipio de Cúcuta debe hacer un esfuerzo enorme para ofrecer formación técnica a los jóvenes que terminan la educación secundaria.

Esta ciudad necesita técnicos expertos en electrónica, en informática, en minería, en agroindustria, campos que son básicos para desarrollar una nueva economía agroindustrial y de servicios asociados a las Tecnologías de la Información y la Comunicación. Ese debe ser el nuevo eje del desarrollo empresarial local. Otro modelo de desarrollo industrial siempre estará limitado por la distancia que nos separa del centro del país y de los grandes mercados nacionales. Las carreteras pueden mejorar, pero traer insumos y movilizar producción local por vía terrestre siempre será más costoso desde Cúcuta que desde otra ciudad del interior del país.

Una persona que tenga una sólida formación técnica en electrónica, en informática o en telecomunicaciones, y que además sea bilingüe, tiene en sus manos las herramientas suficientes para salir adelante en la vida, para salir de la pobreza, y para hacer parte de una sociedad moderna y productiva, aquí o en cualquier otra ciudad. Si en cambio no tiene en sus manos esas herramientas, ese joven seguramente seguirá siendo pobre y tendrá que dedicarse al rebusque y a la informalidad.

Hasta hoy la capacitación técnica pública la ha prestado el SENA, una entidad con programas educativos muy buenos, pero insuficientes en su oferta, que no alcanza sino el 10% de las solicitudes de cupo. Por eso, el deber de capacitar para el mundo del mañana, y no para el rebusque de hoy, lo tiene que asumir también el Municipio a través de entidades como el Centro Tecnológico de Cúcuta, que desde hace 10 años tiene infraestructura y presupuesto, pero que no cumple la misión para la que fue creado, porque en lugar de continuar con su propósito inicial de convertirse en un SENA cucuteño y más adelante en un gran centro de carreras tecnológicas, se dedicó a enseñar oficios que podrán ser muy dignos, pero que no sacan de pobre a nadie, en lugar de ofrecer la capacitación que los jóvenes y la ciudad necesitan.

Le propongo a Cúcuta hacer un gran esfuerzo con su propio presupuesto, y buscar además el apoyo de recursos nacionales del Sena y de Regalías para darle educación técnica de alta calidad a miles y miles de jóvenes que hoy no tienen otro futuro que el rebusque y son el principal problema social que debemos solucionar. Educación técnica sobre todo en ciencias informáticas, electrónica y minería.


La oferta abundante de mano de obra altamente calificada en tecnologías de punta, debe ser la principal herramienta para romper el círculo vicioso de la improductividad y promover procesos de desarrollo empresarial local.