COMERCIO INFORMAL Y ESPACIO PÚBLICO

Las calles de Cúcuta están llenas de vendedores informales, a pesar de los sucesivos intentos del alcalde por desalojarlos con la policía, lo cual comprueba que esa no es la manera de resolver el problema. En épocas no muy lejanas la ciudad si pudo resolverlo con menos dinero, un poco más de autoridad en tiempos en que la alcaldía era una institución digna de mayor respeto, y cuando no se pensaba que todo tiene que convertirse en un negocio.

Recordemos que hace veinte años las calles del centro de Cúcuta eran intransitables por cuenta de las “casetas”, hasta que en cuestión de semanas se produjo un desalojo pacífico y concertado. Les transcribo un párrafo tomado de la página en Internet del Centro Comercial Oití: “En los años 90 la ciudad de Cúcuta soportaba un gravísimo problema de invasión del espacio público, al estar gran parte de sus vías centrales ocupadas por vendedores estacionarios, quienes ejercían su actividad en casetas instaladas o ancladas en los andenes y en las calzadas.

El Municipio de Cúcuta, consciente de que debía garantizar a los usuarios de casetas el ejercicio del derecho constitucional al trabajo, pero que también tenían la obligación de rescatar las zonas públicas invadidas, ofreció a los usuarios de casetas ubicadas en las vías públicas del sector central de la Ciudad, a través de la una sociedad, la posibilidad de establecerse en condiciones dignas dentro de un Centro Comercial, y lograr la restitución de los espacios públicos. Para tal efecto se constituyó la sociedad Centro Comercial El Oití Ltda. cuyo objeto social fue la construcción de dicho centro comercial dentro del marco de políticas y programas para la recuperación del espacio público. De esta manera en noviembre de 1994 nace el Centro Comercial Oití.” (www.centrocomercialoiti.com)

En ese entonces el problema de la ocupación del espacio público inició el camino de su solución concertada con los mismos vendedores informales. El Municipio logró un equilibrio entre su obligación de defender el espacio público y su responsabilidad social con los vendedores. Ese equilibrio se perdió.

Con el mismo propósito de El Oití se construyó el Centro Comercial Las Mercedes en la antigua Cárcel Modelo. Desafortunadamente el proyecto se enredó por cuenta de la intención de convertirlo en un negocio. Al final intervino en su rescate Cenabastos S.A. que logró salvar la obra, pero los precios de los locales resultaron inalcanzables para la gran mayoría de los vendedores de la calle.

Hace veinte años el Centro Comercial Oití probó que Cúcuta sí puede ofrecer opciones de reubicación a precios muy bajos. Hoy el Municipio tiene que hacer lo mismo, pero siendo el problema mucho más grave, hay que ofrecer soluciones a una escala correspondiente, y construir al menos tres grandes centros comerciales populares para reubicar comerciantes informales.

En Cúcuta el espacio público se recuperará cuando haya una gran suma de esfuerzos del Municipio, del Sena y del Gobierno Nacional en un plan liderado por la alcaldía que ofrezca capacitación para el trabajo y apoyo financiero a la formalización y a la reubicación. Eso le dará al alcalde la legitimidad para hacer que los vendedores desocupen los andenes, porque el poder de un alcalde no reside tanto en su capacidad de imponerse por la fuerza sino en su capacidad para buscar soluciones, ojalá fruto de la concertación, que no evadan la responsabilidad que tiene el Municipio con los cucuteños más necesitados.

26/11/2014

EL MIRADOR DEL CERRO DE TASAJERO

El ascenso al cerro de Tasajero comienza frente al barrio Trigal del Norte, donde el anillo vial es la línea que marca el perímetro urbano de Cúcuta. La vereda Los Peracos que se encuentra apenas se cruza la vía desde Trigal del Norte muestra el primer reto de la recuperación del sendero: los cáctus y matorrales que componen la vegetación arbustiva seca y baja se desmontan en las pequeñas fincas dedicadas a la crianza artesanal de cerdos, problemas que debe resolverse para hacer que el inicio de la vía no someta a los caminantes a la pestilencia de esa actividad realizada sin los controles sanitarios y ambientales necesarios. Entre los componentes de un proyecto de recuperación turística del cerro debe estar el apoyo a los porcicultores artesanales para que cambien de actividad económica.

El lento ascenso de Tasajero nos ofrece, primero, el paisaje del Valle de Cúcuta; más arriba la vista del Río Táchira, y mucho más alto, ya cerca de la cumbre, también del Río Zulia, que serpentea a la derecha cuando se dirige la mirada a la ciudad que aparece como una gran mancha en el horizonte.

Tasajero es un cerro industrializado por la minería y el procesamiento del carbón que se coquiza en hornos que pueblan de chimeneas el paisaje. La totalidad de su tierra es privada y sobre ella se han otorgado títulos mineros que cubren todo su entorno. No obstante, es un lugar ideal para que la Nación y el Municipio de Cúcuta lleven a cabo un proyecto ecoturístico, del cual los mineros deben ser promotores porque serían también los primeros en beneficiarse. La rectificación de la vía y el trazado de una cicloruta de montaña y unas escalinatas en su margen, serviría no solo a los caminantes sino también a quienes la transitan para llegar a las explotaciones mineras.

Si Corponor hiciera obligatorio el cumplimiento estricto de las normas de protección ambiental, de la privilegiada vista del Cerro de Tasajero desaparecerían las fumarolas de muchos hornos de coquización artesanales y se haría obligatoria la reforestación de partes de la montaña que años atrás fueron taladas y hoy podrían reverdecer.

La cumbre del Cerro ofrece a sus visitantes la que quizá es la mejor vista de la frontera metropolitana. Detrás de la antena repetidora, en el camino que une la antena de los canales públicos de Inravisión con una más pequeña de RCN y Caracol, vasta dar la vuelta con la mirada para ver toda el Área Metropolitana Binacional. Dándole la vuelta a la cumbre, entre las dos antenas repetidoras, podría fácilmente construirse un camino en predios públicos de Inravisión que articulara varios puntos miradores.



La creación del Sendero Ecoturístico del Cerro de Tasajero en una obra que bien podría recibir recursos de la Nación que complementaran el esfuerzo del Municipio de Cúcuta y el Área Metropolitana, lo que sería un hito importante en la recuperación de Cúcuta como destino turístico no solo para sus visitantes sino para nosotros mismos y nuestros jóvenes que merecen mayores posibilidades de recreación y esparcimiento.

18/11/14

LAS LECCIONES DE EXPOGESTIÓN FRONTERA

Ojalá que al cabo de veinte años cuando se repase la historia reciente de la ciudad se recuerde a Expogestión Frontera 2014 como uno de los hitos que marcó el cambio de rumbo de Cúcuta. Varios hechos hacen pensar que pueda llegar a ser así. Nunca antes había visto que el empresariado cucuteño se diera cita animado por la generalizada convicción de que la ciudad tiene que reorientarse productivamente y ofrecer bienes y servicios al mercado interno colombiano y a los mercados exteriores distintos del venezolano.

Esa convicción debe servir para reclamar del gobierno local, que lo elegimos nosotros mismos, los factores básicos de la competitividad de cualquier ciudad. El primero, tener mejores universidades y mejores centros de formación técnica y tecnológica, sobre todo públicos pero también privados, que capaciten más y mejores profesionales, tecnólogos y técnicos. El segundo, el buen gobierno municipal puesto al servicio de la tutela de la provisión eficaz de servicios públicos, vías, y seguridad. La disponibilidad de esos bienes públicos, sumada a la capacidad de emprendimiento privada, son los insumos básicos para sacar a Cúcuta de la olla. Y claro está, el Municipio tiene que ir a la cabeza de las estrategias sectoriales de competitividad, que no pueden ser sino unas pocas diseñadas por el mismo empresariado local. Recetas mágicas no hay, pero la conciencia generalizada de haber tocado el fondo, es el punto de partida del cambio. A los organizadores de Expogestión les transmito mis sinceras felicitaciones.

Post Data: A propósito de Expogestión, les comparto una de las conclusiones del evento que resultó de una conversación con el arquitecto Álvaro Hernández: ¿Alguien recuerda cuántos años llevamos hablando de la construcción de un centro de convenciones? La Universidad de Pamplona llegó a tener listos los diseños del que se edificaría en Villa del Rosario; la Gobernación alcanzó a girar dineros para el inicio de la obra y nunca hubo nada. Hoy tenemos un proyecto en marcha y la alcaldía ya gastó $570 millones en un contrato de diseño que se liquidó a mediados de este año, por lo que supongo que los diseños existen ya, pero todavía no hay ni un ladrillo puesto.

Nunca había estado en el auditorio del Centro Cristiano Los Pinos, y me llevé la sorpresa de ver que allá hay un excelente centro de convenciones, con un amplísimo salón en cuya platea cupieron sentados en cómodas mesas más de mil invitados de Expogestión Frontera, además de quienes nos sentamos en la enorme galería del segundo piso que tiene una magnífica vista del escenario. La silletería es excelente. El aire acondicionado funciona a la perfección. En el lote adyacente hay un estacionamiento de diez mil metros cuadrados. Todo lo hicieron con recursos privados y sin el ruido de los quince años que el Municipio y el Departamento llevan hablando del centro de convenciones sin mostrar resultados. Felicito al Centro Cristiano Los Pinos porque su Centro de Convenciones muestra su capacidad de trabajo y emprendimiento silencioso y eficaz, que como lección para los asistentes estuvo a la par de las mejores conferencias de Expogestión.

14/11/14

CREAR Y RECUPERAR ESPACIO PÚBLICO

Los urbanistas sostienen que cada persona habitante de una ciudad debería tener al menos 20 metros cuadrados de espacio público, que consiste sobre todo en parques y escenarios deportivos. Un decreto, el 1504 de 1998, que reglamenta el manejo del espacio público en los planes de ordenamiento territorial, establece que las ciudades colombianas deberían garantizarle a cada ciudadano al menos 15 metros cuadrados de espacio público. Más recientemente, otro pronunciamiento del Gobierno Nacional redujo a 10 metros cuadrados ese promedio, como meta para todas las ciudades del país en 2019.

Tomando como objetivo el promedio menor, el de 10 metros cuadrados, y asumiendo que Cúcuta tiene unos 700.000 habitantes, se concluye que deberíamos tener al menos 7 millones de metros cuadrados, es decir, 700 hectáreas sumando parques y escenarios deportivos distribuidos por toda la ciudad. La realidad es que apenas tenemos 150 hectáreas, lo que nos ubica entre las ciudades colombianas con menos espacio público por habitante, algo menos de 2.5 metros cuadrados.

Las estrategias para ganar espacio público en parques y escenarios deportivos deben ser tres. La primera, el canje de deudas de impuesto predial a grandes terratenientes urbanos que nunca pagan, sobre todo esos que reclaman enormes extensiones de tierra ya urbanizada en la ciudadela de Juan Atalaya y los barrios del sector de El Aeropuerto y El Salado. En esas partes de la ciudad, hay personas naturales y jurídicas dedicadas al negocio de la escrituración a miles de vecinos que desde hace mucho tiempo tienen casas y que por su larga permanencia habitándolas deberían tener ya la condición de propietarios sin necesidad de pagar por ese derecho. Esos grandes terratenientes urbanos, involucrados muchos de ellos en procesos de urbanización ilegal no planificada que le hacen un grave daño a Cúcuta, no están al día con sumas multimillonarias de impuesto predial y deberían cederle al municipio tierras que amplíen el banco local de tierras de uso público.

La segunda, apoyando las Juntas de Acción Comunal mediante convenios para recuperar parques que están en estado de abandono en casi todos los barrios. Si se mira cuánto del presupuesto municipal se invierte en la recuperación y acrecentamiento del espacio público, se ve que es una suma insignificante frente a la magnitud del problema. Podría incrementarse el aprovechamiento de esos dineros mediante convenios con las Juntas de Acción Comunal para que se destinen a programas “comunidad-gobierno”, en donde el Municipio entrega materiales de construcción y contrata ingenieros que dirijan la obra civil, mientras los vecinos aportan la mano de obra.

La tercera, invirtiendo en programas de recuperación paisajística y arborización de canales en los sectores más vulnerables de Cúcuta, habitados por decenas de miles de familias que no saben lo que es un parque, porque sus barrios son el resultado de la urbanización informal de la periferia y las zonas de ladera de la ciudad, en donde no se hicieron cesiones para parques. En muchos de estos sitios la canalización de los cauces de agua lluvia está pendiente y debería aprovecharse para la creación de pequeños parques lineales.

La ciudad debe tener claro que hay que gastar más dinero creando espacio público y recuperando el que está deteriorado. Solo así si llegará el día en que luciremos como una ciudad que pudo salir del atraso.

7/11/14