DEL HUECO AL PARQUE 300 AÑOS

Ahora que está por inaugurarse el Parque Cúcuta 300 años, como lo bautizará esta administración municipal, no puedo evitar el antojo de repasar la historia reciente de una batalla política y legal que por fortuna terminó favoreciendo a Cúcuta, y de la que puedo decir con orgullo que fui iniciador.

Comencemos refrescando la memoria para hacer justicia. Uno que hoy inaugura el Parque y lo presenta como propio, en 2009 era promotor inmobiliario de un proyecto hotelero en ese mismo lote. Así son las vueltas de la vida.

El caso del Parque Bavaria inició con un debate que cité en abril de 2009 en el Concejo Municipal. Prueba que el ejercicio del control político y social ejercido por las corporaciones públicas o por cualquier ciudadano combativo rinde enorme provecho al interés público, siempre que se sepa usar la Constitución y las Leyes. El Juez 3º Administrativo y después el Tribunal Administrativo otorgaron la razón al ciudadano Jorge Moreno, promotor de una Acción Popular basada en los mismos argumentos esgrimidos en el debate en el Concejo. Fue así como recursos de valorización y el antiguo lote de Bavaria se salvaron de caer en manos privadas que pretendían desarrollar un proyecto hotelero. La justicia ordenó conservar media manzana para el Municipio, que ojalá la destine a proyectos institucionales y culturales como estaba originalmente previsto, y en la otra media el Tribunal Administrativo ordenó la construcción del parque que hoy se construye obedeciendo una orden judicial dentro del proceso de Acción Popular promo
vido por el ciudadano Jorge Moreno. No es ninguna iniciativa de esta alcaldía.

No me importa que las autoridades municipales con las que tengo profundas diferencias no reconozcan que la entrega a los cucuteños de ese parque se debe a que se evitó su venta con el debate en el Concejo y la Acción Popular que le siguió. Para mí basta como recompensa que miles de cucuteños lo disfruten de aquí en adelante.

La veeduría y el control son tareas difíciles, sin compensación económica, donde la paciencia y la valentía son virtudes indispensables, y la única recompensa es asumir como propia cada conquista en favor de una idea tan abstracta como el interés público, casi siempre en medio de ciudadanos que no otorga a los veedores y a los promotores de acciones públicas el reconocimiento que merecen. Sin embargo, la tarea vigilante de los veedores y de todos quienes están dispuestos a iniciar acciones populares, acciones públicas ante la Justicia Administrativa y denuncias ante el Ministerio Público, es una labor esencial para que en ciudad haya sentido de pertenencia y respeto por lo público. Por esos ciudadanos, que deberían ser más, siento profundo respeto.
                 
Hace pocos días en el medio virtual ContraluzCúcuta.co dirigido por Rafael Pabón, se publicó un artículo titulado “Cartel de la Contratación en Cúcuta”. La información publicada en medios que por estar claramente identificados se hacen responsables de sus contenidos, sobre todo cuando esa información consiste en denuncias sobre hechos que pueden tener algo de probables, normalmente da lugar a que los aludidos se pronuncien y la controviertan. Aquí en cambio, uno de ellos se dedica a hacer imputaciones irresponsables y especulativas sobre la autoría de ese documento periodístico.

29/10/14

$2.6 BILLONES: NO NOS CREAN TAN BOBOS

El domingo circuló con este diario un inserto publicitario de 28 páginas, muy bien impreso y muy bien ilustrado, titulado “Cúcuta 7 días” y que miente de cabo a rabo, atribuyéndole a los hechos causas distintas a las que de veras tienen. Dice el cuadernillo en su segunda página: “La administración de Donamaris Ramírez invirtió dos billones cuatrocientos mil millones de pesos en mil días de mandato. Significa que el Alcalde logró mediante gestión con el Gobierno Nacional una cantidad 23 veces mayor a la recaudada por recursos propios del municipio.”

Sus 28 páginas sustentan un discurso engañoso con fotografías y afirmaciones de particulares desinformados o malintencionados. Quedarse callado ante tamañas falsedades tan tranquilamente publicadas, dejarlas pasar inadvertidas, es permitir que cualquiera piense que aquí en Cúcuta se le puede meter los dedos en la boca a una ciudad entera, y que todos los cucuteños estamos dispuestos a cambiar el oro por espejitos.

Se enseña un cuadro que recoge supuestas inversiones debidas a la gestión del Alcalde. Muchas de ellas, ni se han hecho, ni son fruto de su gestión. Por ejemplo, el Acueducto Metropolitano cuyos 180 mil millones hacen parte de los 2,6 billones, ni se ha hecho, ni la promesa de su construcción se debe a la gestión del Alcalde de Cúcuta. Lo mismo puede decirse de los 49 mil millones de la ampliación del gas domiciliario. ¿Acaso el crecimiento inercial de una red de distribución privada de un servicio público puede atribuirse a la gestión de un alcalde?

¿Cómo puede ocurrírsele a alguien decir que el dinero girado por el Gobierno Nacional a un Municipio para atender la población afiliada a las EPS subsidiadas se deba entender como inversión debida a la gestión de un alcalde, cuando es la sumatoria de lo que toca pagar al Gobierno por cada ciudadano afiliado en cada municipio de Colombia? Según el cuadernillo, esos 642 mil millones también se los estamos debiendo a Donamaris. 400 mil millones de pesos pagados en salarios durante dos años a los maestros de la nómina oficial, que son dineros del Sistema General de Participaciones entregados por la Nación al Municipio, integran también los 2.6 billones del Acalde. Solo falta decir que el aire que respiramos se debe a la gestión del Alcalde.

¿Qué sentido tiene mentir de esa manera, lo que es tanto como sostener que el Municipio habría tenido que cerrar los colegios públicos y las clínicas, y la Nación habría dejado de considerar a Cúcuta como parte del país y girarle sus transferencias si Donamaris no hubiera sido elegido alcalde de esta ciudad?

Una cosa es el derecho legítimo que tiene un grupo de ciudadanos a destacar los aspectos positivos de la gestión de un gobernante, que sin duda existen también en el caso del Alcalde de Cúcuta, y otra cosa es salir a decir mentiras en una bonita publicación adornada con fotografías y declaraciones, unas de bobos y otras de quienes nos creen bobos.

23/10/14

1000 DÍAS, PERO CON LOS PIES EN LA TIERRA

La antepasada edición dominical de El Tiempo tiene un artículo que no podemos pasar por alto para entender la situación de Cúcuta. Se titula “20 ciudades intermedias que impulsarán el crecimiento del país”. Recomiendo consultarlo en Internet.

McKinsey, una de las empresas consultoras en temas de competitividad más importantes del mundo, publica un estudio conocido como CityNav que contiene información sobre el crecimiento de mercados emergentes. Con base en la información sobre Colombia, se estableció una clasificación de las 20 ciudades más importantes, según se prevé en ellas el aumento del consumo entre 2009 y 2018. Este listado excluye la capital del país y otras cinco que se consideran las principales ciudades capitales regionales de Colombia. Quedan entonces fuera de concurso Bogotá, Medellín, Cali, Barranquilla, Bucaramanga y Cartagena, y la atención se concentra en las otras 20 ciudades intermedias en donde más crecerá el consumo en el mencionado período.

Que no estemos entre las seis ciudades más importantes según el informe McKinsey CityNav Colombia puede entenderse, no obstante somos la sexta ciudad del país en población después de Bogotá, Medellín, Cali, Barranquilla y Cartagena. Pero muy, muy preocupante, es que no aparezcamos tampoco entre las veinte siguientes, por lo menos en lo tocante al crecimiento de nuestro consumo.

Este tipo de estudios son tenidos en cuenta especialmente por quienes toman decisiones de inversión, sobre todo si son productores de bienes destinados de manera inmediata al consumo local, como supermercados, centros comerciales y edificaciones, por lo que es un sonoro campanazo de advertencia a nuestras autoridades locales. Veamos cuáles ciudades de Colombia aparecen mencionadas. En Santander, Girón, Floridablanca, Piedecuesta y Barrancabermeja. En Valle del Cauca, Buenaventura, Palmira y Tuluá. En Antioquia, Bello, Itagüí, Envigado, Apartadó y Turbo. También Tunja, Valledupar, Pereira, Manizales, Montería, Neiva, Yopal y Pasto.

El informe es digno de pleno crédito y debe prender todas las alarmas, porque no indica sino que estamos viviendo un retroceso gravísimo del crecimiento relativo de la clase media mientras se ensancha la franja de la pobreza. Cualquier economista principiante sabe que el consumo al que se refiere ese informe, es el propio de las clases medias, puesto que en la pobreza no se consume sino muy poco, y en la riqueza la propensión al ahorro y a la inversión en activos financieros hace que el porcentaje de ingresos destinados al consumo sea muy bajo. En conclusión: Cúcuta se está empobreciendo. La clase media se estanca a medida que la pobreza crece. No es carreta, sino hechos que se están midiendo claramente.

En medio de esta situación cada día más grave, no entiendo cómo la ciudad soporta la demagogia de un discurso lleno de especulación política y aprovechamiento de la credulidad de la ciudadanía, como el de los 1000 días, sobre el que tanta bulla se ha hecho y tantas cartillas se han repartido. En cambio, la ausencia de una hoja de ruta para sacar a la ciudad del estancamiento brilla por su ausencia, y eso es responsabilidad, en primer lugar, del Municipio.

11/10/14

CÚCUTA Y SUS MOTOS

Dos cosas son ciertas sobre las motos. La primera, que las autoridades de Cúcuta son muy incomprensiva ante la situación de los motociclistas. La segunda, que muchos motociclistas deben aprender a conducir sus vehículos con prudencia y mayor respeto por las normas de tránsito.

Cúcuta se está extendiendo sin control desde hace muchos años, lo que ha dado origen a un problema de movilidad muy costoso para la mayoría de su población. La expansión desordenada de la ciudad agrava el problema de movilidad porque no ha sido acompañada de la transformación del sistema de transporte público. La falta de regulación por parte del Municipio causa problemas que acaban generando sobrecostos en las tarifas, lo que a su vez incrementa la informalidad. Surgió un círculo vicioso en el que la competencia entre el transporte público informal y el formal acabó sofocando a éste último, lo que aleja cada vez más al sistema de transporte del control de la Secretaría de Tránsito, que fuera de eso es una entidad desorganizada y plagada de mañas.

Cuando hay sobrecostos, estos se trasladan a los usuarios. Por eso la mayoría de los hogares cucuteños destinan un porcentaje elevadísimo de sus ingresos familiares a atender gastos de transporte, que muchas veces se convierten en una barrera que impide ir a la universidad, al Sena, a la biblioteca, al estadio, al cine o a cualquiera de las entidades que proveen los bienes públicos necesarios para salir de la pobreza.

Ante la omisión del deber municipal de intervenir para planificar la ciudad y regular el transporte, la ciudadanía acaba viéndose obligada a tener moto para movilizarse y poder acceder a educación, salud y recreación. Conozco personalmente cientos de casos en que una moto se convierte en herramienta básica de un hogar que se esfuerza por salir adelante. Por consiguiente, los problemas relacionados con los motociclistas no pueden tratarse únicamente con represión, incautaciones y multas que resultan confiscatorias para quienes menos tienen.

No defiendo la informalidad en la tenencia de motos venezolanas. No justifico la imprudencia de muchos motociclistas. Exijo solo que el Municipio sea responsable frente a un problema básico, el de la movilidad, respecto al cual no ha habido la primera decisión de fondo, lo que obliga a los cucuteños a salirle al paso como sea, y en medio de la falta de dinero y el afán por salir adelante, procurarse una moto como medio de transporte.

                ***
Ayer Cicerón Flórez me desempolvó íntegra una columna que publiqué en este periódico hace catorce (14) años, invitando a votar por el entonces candidato Donamaris Ramírez. Recuerdo esa campaña del año 2000 cuando coincidí por última vez con Cicerón en el voto a la alcaldía, divergencia que espero ver cesar en 2015. Esa vieja opinión fue rectificada hace al menos once (11) años, porque a mí el tiempo no me ha pasado en vano. Cicerón en cambio, parece como si conservara con obstinación su buen criterio sobre un personaje del que tantas cosas hemos visto desde entonces. Sugiero que sea Salud Hernández su próxima entrevistada.

3/10/14