EL DEBATE ECOLOGISTA SOBRE EL TENIS

La discusión sobre si es bueno o malo construir un centro comercial en los predios del Club Tenis ubicados en el costado sur de la prolongación de la Avenida Cero no se ha dado en los términos correctos. En este momento muchos cucuteños piensan que hay una pelea entre quienes quieren conservar intacto ese pulmón verde de la ciudad y quienes quieren tumbarlo para edificar. Esa es una visión muy simple de un caso que es más complejo.

Quienes quieren conservar intactos los predios del Tenis deben tener en cuenta tres circunstancias. La primera, que no se trata de un pulmón verde, sino de un predio que se deforestó hace muchos años para sembrar el césped de un campo de golf, lo que implicó construir pequeños lagos artificiales con el fondo recubierto de manto asfáltico para conservar el agua, que debe bombearse de manera permanente para mantener el verdor del césped y evitar su vaciamiento. Cuando el agua deje de bombearse la zona tendrá la aridez de cualquiera que haya sido ya deforestada.

La segunda condición es que hasta 2011 ese extenso campo de golf, que no es ningún bosque, tenía la condición de zona de reserva como si lo fuera, lo cual lo exoneraba casi totalmente de impuesto predial. Menos de 70 millones pagaba anualmente el Club Tenis. Ahora paga más de 700 millones, lo cual es justo tratándose de semejante extensión de tierra. En otras palabras, reivindicar la condición de zona de reserva es entregarle a la minoría más pudiente de la ciudad una exención tributaria que no se otorga a los pobres ni a la clase media, para que la goce de manera exclusiva de un pequeño y privilegiado grupo de ciudadanos.

Cuando en 2011 el Municipio tomó la decisión de levantar la protección sobre los predios del Tenis para permitir en ellos la edificación, lo hizo pensando en que los desarrollos inmobiliarios residenciales y comerciales generarían ingresos fiscales muy grandes, aún mayores que los que de inmediato se produjeron con la sola decisión de cambio de uso de suelo, que de repente trajo más de 600 millones cada año para esta ciudad que tanto los necesita y en donde lo justo, como en cualquier otra parte del mundo, es que los tributen quienes más tienen.

Tercero. Sobra decir que Cúcuta necesita ampliar sus zonas de uso público y crear un parque metropolitano. No he sabido que esa sea la reivindicación de quienes promovieron la acción popular que suspendió transitoriamente la licencia de construcción ya otorgada. Predios públicos, como los del Bosque Popular que sí tenían la vocación de ser parque y eran verdaderos pulmones verdes, fueron lastimosamente vendidos. Quienes en ese entonces protestamos públicamente y ante las autoridades, y quienes iniciaron acciones populares contra aquella desafortunada decisión que afectaba a una zona que sí era pública, no fuimos acompañados por los que hoy quieren conservar el campo de golf del Club Tenis, que no es un parque público, sino privado.

Le propongo a quienes reivindican la protección del Tenis como zona de reserva exenta de impuestos que exploren otros medios para proteger ecosistemas urbanos y cifren sus esfuerzos en promover medidas como la reglamentación del impuesto de plusvalía, sobre el que tanto hemos insistido muchos ciudadanos y respecto al cual, extrañamente, los dos últimos alcaldes no han resuelto nada. Si hubiera existido, habría servido para canjearle al Tenis al menos la cuarta parte de la zona como porcentaje del plusvalor generado con el cambio de uso.

También les sugiero prestarle atención a la preservación de la ronda del río, y a su adecuada conservación en el proyecto ya licenciado, que otorgará a todos los cucuteños amplias zonas de cesión sobre unos predios que hasta hoy son para el uso exclusivo de muy pocos.

17/9/14

¡MUCHAS GRACIAS JULIO!

Hay a quienes la vida les presenta la feliz ocasión de hacer realidad sus sueños para Cúcuta, y cuando en hora buena se les concede esa oportunidad, saben aprovecharla muy bien.

Es el caso de Julio García Herreros, que durante diez años, a punta de un esfuerzo silencioso y perseverante ha creado un evento que no dudo en calificar como el más importante de la ciudad, y de lo poco que nos hace merecedores de la atención de personalidades destacadas de la intelectualidad nacional.

Con la de la semana pasada ya son diez Ferias del Libro. Ésta última fue la mejor. No solo por la talla de quienes nos visitaron para dictar conferencias o presentar libros, sino por haber convocado 27.000 personas, la mayor parte jóvenes estudiantes cucuteños, al único evento local que los acerca directamente a un grupo de personas que están en la vanguardia nacional del arte, la literatura y el periodismo. Quienes hemos presenciado durante diez años las jornadas de la Feria podemos dar fe de cómo este evento ha sido un insumo valioso en la formación de jóvenes estudiantes cucuteños entre los que seguro hay muchos que pronto darán de qué hablar en el país.

Nuestra Feria del Libro se hace con poquísimo dinero, pese a lo cual ya es conocida en Colombia como un evento que iguala en calidad a la de Medellín o Bucaramanga.

La Biblioteca Pública que la organiza año a año, está mucho menos fondeada que las de otras ciudades, pero por cuenta del empeño de Julio García Herreros, meritoriamente se sostiene con la venta de sus propios servicios, al punto de aparecer en la lista recién publicada de las 300 empresas que más utilidades generan en la región, otro galardón que se añade a la lista de logros de su Director.

Hagamos un esfuerzo mayor por apoyar nuestra Biblioteca, que ha hecho mucho por merecer la confianza y el respaldo de las empresas, el Departamento y el Municipio.

Si tuviéramos más entidades como esa y más eventos como los que promueve, Cúcuta sería una ciudad que importaría más, no por la magnitud de sus problemas sino como en este caso, por su oferta cultural, uno de los ejes estratégicos de posicionamiento global de ciudades como Medellín.

La Feria del Libro es un buen ejemplo de cómo lograr que Cúcuta se convierta en un destino nacional.

Si Julio y su equipo no hicieran la Feria con las uñas, sino contando con un presupuesto generoso que les permitiera visibilizarla más y ampliar su convocatoria, seguro que sería un evento de veras importante en Colombia. Ya están sentadas las bases para lograrlo.


A Julio y a su equipo de colaboradores de la Feria del Libro, como Alejandra Omaña, Ana María Garzón y Renson Said, los felicito, les agradezco el trabajo ejemplar que hacen por Cúcuta y los animo a seguir en su valioso empeño.

10/9/14

VIVIENDA PARA CÚCUTA, PERO SIN ENGAÑOS

El Gobierno Nacional tiene varios mecanismos para que los colombianos cumplamos el sueño de tener vivienda, tema en el cual el Municipio debe ser un activo promotor, porque los subsidios de vivienda se otorgan solo a las ciudades capaces de presentar proyectos, y en Cúcuta la habilitación de suelo para la construcción, requisito básico para que cualquier proyectos sea posible, solo puede hacerse con la indispensable ayuda del Municipio.

El programa de Vivienda de Interés Prioritario para Ahorradores - VIPA, busca que las familias adquieran vivienda sin comprometer más del 30% de su ingreso en el pago de las cuotas. Un hogar que tenga ingresos de un salario mínimo podrá comprar casa con una cuota mensual de $180.000. Ya se adelantan varios de estos proyectos, ubicados muy pero muy lejos, sobre el Anillo Vial Occidental. Nuevas ciudadelas como Cormoranes, Estoraques o San Fernando del Rodeo, le otorgan vivienda gratuita a sus adjudicatarios, o a quienes puedan adquirirlas mediante el modelo de financiación VIPA. Pero quedan en lugares tan distantes que hacen del transporte una barrera que dificulta acceder al empleo formal y a la educación tecnológica o universitaria, las dos herramientas básicas para superar la pobreza. Las universidades y el SENA, por ejemplo, están en el centro de la ciudad, y pocos son los hogares que pueden asumir la carga de una matrícula a la que deben añadirse costos de transporte diarios de hasta $5.600.

La ciudad está creciendo sin control y sin una planificación responsable. Habilitar rápidamente suelos para proyectos VIPA en los lugares más lejanos y por consiguiente más baratos corriendo el perímetro urbano podrá ser más barato a corto plazo, pero a largo plazo supone costos sociales y de infraestructura enormes. Además, ayuda a consolidar un modelo de urbanismo excluyente que obliga a la población pobre a vivir muy lejos de la poca infraestructura cultural, educativa, y recreacional que hay en el Centro. Adicionalmente, sobre la misma frontera de urbanización de los proyectos mencionados, año tras año nacen nuevos y lejanos asentamientos informales que no observan los requisitos mínimos de urbanismo. Esa es una realidad. Ante la imposibilidad social de desalojos que afectarían a miles de familias, es urgente reformar esos asentamientos con programas de readecuación y mejoramiento de andenes, zonas de uso público como parques, y zonas de cesión para escuelas, puestos de salud y de policía. Eso es esencial
para renovar su clima social y combatir la delincuencia y la inseguridad.

Es fundamental que haya contacto permanente entre funcionarios municipales de Planeación y Metro-Vivienda y los constructores de Vivienda de Interés Prioritario para facilitar el aprovechamiento de los subsidios nacionales de vivienda gratuita en Renovación Urbana, para que algún día proyectos como Estoraques o Cormoranes estén más cerca del Centro y ayuden a recuperar zonas deterioradas como las cercanas al Terminal, a la antigua Cárcel Modelo o al occidente de la Avenida de Sevilla. Si a los cucuteños se le lleva a vivir cerca de las universidades, las bibliotecas y los pocos parques que hay en Cúcuta, se les facilita salir de la pobreza. Si en cambio, se les lleva muy lejos, como en los actuales proyectos de vivienda gratuita, se les ponen talanqueras que les dificultan salir de ella.

3/9/14