DEMOCRACIA LOCAL: PROBLEMAS Y SOLUCIONES (I)

En la maraña de problemas de Cúcuta no podemos perder de vista los problemas básicos que son unos pocos, frente a los cuales cualquier gerente de la ciudad debe tener posiciones claras y antes, obviamente, haberlos identificado, lo que casi nunca ocurre. Por eso nuestros alcaldes se dedican a atender los mil y un problemas de la superficie que nunca cesan de reproducirse y ni acaban de resolverse, y los pocos del fondo que los originan quedan olvidados.

Iniciemos con una reflexión sobre la democracia local y sobre lo que los abogados constitucionalistas llaman “descentralización”, en su faceta política, que desde 1988 tiene por base la elección popular de alcaldes. La descentralización administrativa la reservaremos para otra columna.

Les propongo esta pregunta: ¿Qué alcaldes han sido mejores para la ciudad, los anteriores a 1988 que fueron nombrados, o los que elegimos después? Sugiero otra más, complementaria de la anterior: ¿Tendrá que ver la crisis de la ciudad, que data de principios de la década de los ochenta, con un insatisfactorio desempeño de la descentralización, y particularmente de los alcaldes elegidos desde 1988?

Les ofrezco un elemento de reflexión: antes de 1988 los alcaldes de Cúcuta eran nombrados por el gobernador con base en consultas a los congresistas y con el visto bueno del Presidente de la República. Permanecían en el cargo durante períodos irregulares, casi siempre inferiores a dos años. De un día para otro alguien resultaba siendo llamado por el gobernador para anunciarle su nombramiento, y amanecía alcalde al día siguiente, a veces sin haberlo buscado. Hoy en cambio, tenemos quienes pasan hasta veinte años buscando ser elegidos, y arrastrados por esa enfermiza obsesión se endeudan para hacer campañas milmillonarias y asumen cuanto compromiso les plantean a cambio de apoyo.

Me pregunto cuál de las dos anteriores circunstancias será menos mala. Como soy demócrata, creo que es mejor la elección popular. Pero ese mecanismo ha mostrado ser muy costoso en casi todos los municipios colombianos, salvo algunos pocos que reflexionan bien sobre su voto y han sabido tomar buenas decisiones. Los casos para mostrar son los de Bogotá y Medellín, a pesar de retrocesos como el de Samuel Moreno.

Creo que Cúcuta se cuenta entre las damnificadas de la elección popular de alcaldes. Mis razones las expondré en otra oportunidad. A pesar de eso, tengo fe en la democracia. Además es una realidad constitucional. Para que funcione y no cause pérdidas por cuenta de la corrupción, estoy convencido de la receta es que fortalecer los procesos de democracia local en los barrios, comenzando desde la base de la pirámide, en las Juntas de Acción Comunal.

El Municipio debe prestarle a esas entidades toda la atención posible y otorgarles voz y voto a la hora de concertar el destino de sus escasos recursos de inversión. El grado de representatividad social que tienen las JAC´s es mucho mayor que el de los concejales. No en vano proyectos de reforma electoral como el del exsenador John Sudarsky pretenden que la elección de concejales se haga desde circuitos integrados por barrios adyacentes.

En Cúcuta hay que fortalecer la democracia integrando las Juntas a las deliberaciones sobre presupuesto y planificación municipal. Así se afianza la democracia local mientras se crea seguridad y confianza en los barrios a partir del fortalecimiento de los lazos comunitarios. Las JAC´s son escuelas de democracia que enseñan a elegir bien, lo que resulta necesario en Cúcuta, donde con pocas excepciones, venimos eligiendo mal. 

31/7/14

LAS EMPLEADAS DEL SERVICIO

Tremenda discusión la que tuve que enfrentar por cuenta de un periodista, que el martes de la semana pasada afirmó irresponsablemente que yo estaba en contra de que el Centro Tecnológico de Cúcuta capacitara a las empleadas del servicio doméstico.

A lo que sí me opongo, y además me opongo lleno de indignación y de energía, es a que existan cursos como el que se anuncia en el informe de gestión del director de esa entidad: “Programa Culinaria Adiestramiento Servicio Doméstico. Higiene alimentaria. Nociones de loncheras saludables. Recetas para la primera infancia.”

Un curso de ese tipo, capacita a una empleada del servicio para que lo siga siendo y no para que deje de serlo, como pasaría si el Municipio la capacitara en un arte u oficio que la convirtiera en una trabajadora independiente con mejores ingresos. No he conocido a nadie a quien la condición de trabajadora doméstica le haya permitido salir de la pobreza, salvo en la generación siguiente a través de la educación que con sacrificio haya podido ella misma ofrecerle a sus hijos.

Puesto que el propósito de una institución como el Centro Tecnológico de Cúcuta es ofrecerle a los ciudadanos formación tecnológica (así se llama) y profesional que les dé herramientas para salir de la pobreza, si es que la sufren, un curso que aferre a una persona en el servicio doméstico, oficio que no saca de pobre a nadie, enseñándole a preparar mejores sopas y mejores loncheras para sus patronos, es un insulto a la ciudadanía que espera del Municipio esfuerzos que mejoren la productividad y generen riqueza para la ciudad.

Puesto que ayer tituló una vez más La Opinión que Cúcuta sigue a la cabeza del país en materia de informalidad laboral, y entre los oficios informales quizá no haya ninguno de más frecuente recurrencia entre las mujeres pobres del país que el de empleada del servicio doméstico, me pregunto cómo no ha sido convertido en objeto de interés prioritario por parte del nuestro y de todos los municipios del país y de las oficinas regionales del trabajo, máxime habiendo sido el actual gobierno el que con el decidido concurso del ministro Rafael Pardo, hizo los avances más progresistas en legislación para esta clase de trabajadoras al promover la adopción, mediante la Ley 1551 de 2012, del acuerdo de la OIT “Convenio sobre el trabajo decente para las trabajadoras y trabajadores del servicio doméstico”.

Es regla que el aumento de la pobreza, lo que se constata en nuestra ciudad en medio de su dilatada crisis, trae también un severo incremento de la desigualdad. La crisis se ceba con mayor crudeza en los sectores más pobres e informales, y a la par que aumenta el desempleo aumenta también la disponibilidad de fuerza laboral no calificada, como la de las empleadas domésticas. Al ser informal este mercado y no estar sujeto a la inflexibilidad salarial propia de la economía formal, deprecia sus salarios y hace más vulnerables a estas trabajadoras.

Debería ser política municipal la vigilancia y protección especial de las trabajadoras del servicio doméstico. En lugar de que el municipio, a través del centro Tecnológico de Cúcuta, les enseñe cómo preparar mejores sopas y mejores loncheras, debería a través de la Secretaría de Equidad y Género velar porque sus derechos laborales se respeten, y se les ofrezca la capacitación necesaria para que salgan de la pobreza, y no para que se aferren a ella.

31/7/14  

CENTRO TECNOLÓGICO: CAPACITACIÓN PARA EL REBUSQUE

Una ciudad como Cúcuta con un sector productivo estancado y una juventud afectada severamente por la pobreza y el desempleo, necesita con urgencia educación técnica y tecnológica de alta calidad y pertinencia, que le cambie la vida a las personas y les ofrezca herramientas para superar la pobreza y acceder al mercado laboral formal y bien remunerado, sea en Cúcuta o en cualquier otra parte.

La ciudad, y esto se ha dicho muchas veces, necesita tecnólogos expertos en electrónica, en informática, en procesos industriales, en minería y en agroindustria, entre otros campos básicos necesarios para desarrollar nuestra economía industrial y de servicios. Esa función la ha prestado el SENA, entidad con programas educativos cuya alta pertinencia y calidad se nota en la enorme demanda que tienen, por lo que solo pocos logran acceder a ellos. Se nota también en la forma en que le ha mejorado la vida a miles de colombianos y cucuteños capacitados en oficios y profesiones con los que se ganan la vida y sostienen decorosamente sus hogares.

Cuando se creó el Centro Tecnológico de Cúcuta en el barrio Comuneros, se quiso acercar las posibilidades de formarse en campos técnicos y tecnológicos a más personas, esta vez por cuenta de un esfuerzo del Municipio de Cúcuta y no de la Nación como es el caso del SENA. Vale la pena destacar la labor de Silvano Serrano, su primer y mejor director quien inició programas técnicos de tres semestres en informática, administración y mercadeo, además de capacitaciones en pruebas del ICFES para bachilleres, y varios convenios con la UFPS y la Universidad de Pamplona que acercaron la oferta de educación superior a jóvenes de las comunas 7 y 8.

Con la creación del Centro Tecnológico de Cúcuta y su dirección hasta el año 2007, Silvano Serrano mostró lo mucho que vale como ejecutivo y como administrador público. Con su partida, esa labor esmerada y comprometida pronto cesó para convertir la oferta de capacitación de la entidad en un repertorio de cursillos hechos a la medida de la conveniencia politiquera y que muy poco ayudan para que quienes los tomen superen la pobreza. Por el contrario, se educa para afianzarlos en la informalidad y en el rebusque.

En lugar de esforzarse por darle continuidad a la hoja de ruta que habría de convertir al CTC en un SENA cucuteño y más adelante en una universidad de carreras de ingeniería y administración, y que contribuyera a que la ciudad pudiera salir de su estancamiento productivo, el Centro Tecnológico enseña, por ejemplo, a cortar y pintar las uñas, a hacer aretes, pulseras y bisutería y, ¡hágame el favor!, capacita para ser un empleado o empleada del servicio doméstico diestro en hacer una sopa o una lonchera, todos ellos oficios muy dignos pero que no sacan de pobre a nadie.

Cuando en el Concejo Municipal vi anteayer esa lista de cursos consignados en el informe de gestión del Director del CTC, senté mi voz de protesta: El Municipio no debe capacitar a sus jóvenes más pobres para que sean empleados del servicio doméstico. A través del CTC, debe en cambio capacitarlos como técnicos y tecnólogos altamente calificados, para que se formalicen y salgan en la pobreza. Esa afirmación más que justa, dio lugar ayer a un titular infame por parte de quien cubrió esa noticia, lo que despierta mi indignación y mis peores sospechas.

31/7/14

TOMARSE A CÚCUTA EN SERIO

Superado el debate presidencial, volvamos nuestra atención a los problemas locales. Le propongo a Cúcuta cuatro temas de discusión para que sean el eje de un debate sobre nuestro futuro como ciudad y como región. Ninguno es más importante que el otro y es preciso sortearlos y superarlos uno por uno para sacar a Cúcuta de la recesión. Propongo que hablemos de nuestro modelo de crecimiento urbano, de movilidad, de espacio público y de productividad.

Cúcuta se está expandiendo sin control. Los anillos viales han abierto amplios frentes informales de urbanización residencial que al cabo de unos años los convertirán en simples avenidas internas. Se está consolidando un modelo de urbanismo excluyente que obliga a su población pobre a vivir en los extramuros lejos de la poca infraestructura cultural, educativa, recreacional y deportiva que hay en el Centro. La ciudad ha visto surgir empresas dedicadas a admitir gustosamente invasiones en tierras propias para lucrarse en el futuro con el negocio de la titulación y dejarle al Municipio el grave problema de tener barrios irregulares sin zonas de cesión. Propongo enfrentar este problema mediante un esfuerzo público-privado de renovación urbana.

El Gobierno Nacional ha invertido mucho dinero en viviendas de interés prioritario, edificadas en los bordes del anillo vial occidental. En el futuro esos subsidios deberían orientarse hacia la edificación en el centro de Cúcuta, para lo cual el Municipio debe comprar y demoler manzanas en muchos sectores céntricos que acusan una fuerte degradación y hoy son nichos de delincuencia y microtráfico. ¿Qué tal ver convertidas varias manzanas adyacentes al Canal Bogotá y la antigua cárcel en bloques de apartamentos con amplias zonas verdes? La renovación urbana y la densificación, más que la incorporación de tierras al perímetro urbano es el principio que debe reorientar el modelo de crecimiento de Cúcuta.

La ciudad necesita, al tiempo que frena su expansión, dar el salto de las busetas a un sistema de transporte moderno, adecuado a nuestro tamaño y posibilidades financieras. La guerra del centavo, los conductores que ganan a destajo por pasajero recogido, las flotas viejas de busetas que polucionan y crean atasco deben dar paso a flotas de buses uniformes con conductores asalariados que respeten los paraderos. Eso se está haciendo en otras ciudades. El Gobierno Nacional financia 70% de las inversiones que sea preciso hacer. Pero el proyecto, que por su naturaleza es metropolitano, no ha encontrado quién tenga interés y capacidad política para poner de acuerdo a tres alcaldes. Entre tanto la gente en Cúcuta, ciudad que como dijimos condena a los más pobres a vivir en lugares distantes como los bordes del anillo vial, se ve obligada a sufrir diariamente viajes cada vez más largos entre busetas incómodas.

El espacio público se recuperará el día en que haya un enorme esfuerzo institucional que integre al Municipio, el Sena, el Gobierno Nacional, las universidades locales y las organizaciones gremiales formales e informales en un gran plan que incluya programas de capacitación para el trabajo, apoyo financiero a la formalización, apoyo financiero a la reubicación y apertura de frentes de negocios y trabajo asociados a las cadenas productivas regionales que durante tanto tiempo han sido objeto de estudio y promoción por parte de entidades como la Cámara de Comercio.

Lo que acabo de referirles implica un esfuerzo titánico de coordinación interinstitucional sobre el que hasta el sol de hoy no se ha hecho casi nada, porque desde hace muchos años lo único que se toma en serio en nuestro Municipio es la politiquería y la contratación. Pero no hay mal que dure cien años, ni cuerpo que lo resista.

31/7/14

EL FIN DE LOS FANTASMAS

Jamás un gobierno encabezado por Juan Manuel Santos y Germán Vargas Lleras se aliará con las Farc para instaurar un régimen “castrochavista”. Olvidémonos de esos fantasmas creados para atemorizar a los colombianos con visiones terribles que no dejan recuperar la confianza en el país.

En los municipios más apartados del sur de nuestro departamento, muchos campesinos convencidos de la alianza fantasiosa entre Santos y las Farc, estaban seguros de que su triunfo sería el retorno inmediato de las tomas guerrilleras. Ese temor surtió efecto, como cuando a los niños se les asusta con el coco.

Jamás habrá en Colombia algo parecido a lo que hay hoy en Venezuela, no solo porque la identidad y las ejecutorias políticas de Santos lo vinculan personalmente con la élite industrial del país, sino porque él mismo, como Ministro de Comercio Exterior de Gaviria y Ministro de Hacienda de Pastrana forjó el modelo de internacionalización y apertura de la economía colombiana cuyo énfasis neoliberal tanto disgusta a muchos, entre los que me cuento. No habrá nada de “castrochavismo”. Olvidemos para siempre esos fantasmas si queremos reconciliarnos.

Otra cosa es pensar, como lo hace este gobierno, que la solución de buena parte de los conflictos colombianos se facilita con una mesa de diálogo con la subversión. Esa manera de entender los problemas de país y sus vías de solución puede estar entre la cabeza del más radical de todos los neoliberales, y coincidir en eso hasta con el Polo Democrático. En un país con guerrillas históricas, hoy financiadas con dinero del narcotráfico, nada mejor que un acuerdo que canjee desmovilización y desarme por cooperación en la sustitución de la mata de coca. En una sociedad como la nuestra que alcanzó la cúspide de la desigualdad, desde el industrial más neoliberal que busca más clientes para sus productos hasta el más radical de los izquierdistas pueden coincidir en el propósito común de tener un Estado que gaste más en educación, en salud y en carreteras que lleguen a los rincones más apartados y pobres del campo.

Lo que debe buscar Santos en su gobierno son, precisamente, los puntos de coincidencia entre los colombianos más ricos y más convencidos del modelo de mercado, de propiedad privada y de libre empresa que habitan las grandes ciudades y están representados en él mismo, y por la otra parte los colombianos más pobres, más carentes de educación, salud y vías que han sido el semillero de hombres y mujeres jóvenes que van a parar a las filas de la subversión, el paramilitarismo, las bacrim, y de donde provienen además la mayoría de los soldados rasos de un país donde la carne de cañón del conflicto es la pobreza.

Entre esos dos grupos de colombianos ricos y pobres existe el interés común de reducir la inequidad, de reiterar un Estado como el que dibujan los primeros capítulos de nuestra Constitución: un Estado capaz de cerrar las brechas sociales en salud, educación y comunicaciones. Ese es el punto de encuentro entre ricos y pobres que han alcanzado todos los países que se desarrollaron.

En cuanto a los cucuteños, también tenemos que reconciliarnos para salir adelante unidos. En este país hay muchas ciudades, por lo que ni Santos ni Zuluaga tienen como prioridad a Cúcuta. Cúcuta es prioritaria solamente para nosotros mismos. Puede ser cierto que la tramitación de muchos de nuestros problemas se facilitaría con acciones del Gobierno Nacional, pero su solución definitiva está solamente en manos nuestras y de nuestras autoridades locales. Es de eso que hablaremos de ahora en adelante.

31/7/14

LA FRONTERA Y LAS ELECCIONES

Venezuela, pese a su crisis de liquidez y pese a la enorme dificultad que tiene para hacerse a los dólares que necesita para importarlo casi todo, es un país signado por el modo de vida propio de los grandes exportadores petroleros. Eso significa que por fuertes que sean sus pugnas políticas internas, y así dentro de poco haya alternancia en el poder, los chavistas, que se alzaron con la bandera del reparto de la renta del petróleo entre los pobres, seguirán siendo una fuerte opción de poder político en ese país que tiene las mayores reservas de petróleo del mundo, y que de paso está lleno de pobres. Así es la política.

Lo obvio es que Venezuela sea el primer destino de nuestras exportaciones. Estaba en camino de serlo en 2008 cuando ya era el primer mercado de los productos manufacturados de Colombia. En ese entonces también marchaban a todo vapor proyectos de integración de gran importancia para los cucuteños, como la Zona de integración Fronteriza entre Norte de Santander y Táchira, que tenía dentro de sus metas crear un espacio de libre tránsito entre los dos departamentos fronterizos complementado con acuerdos sobre transporte urbano, turismo, educación y protección de cuencas comunes.

Los cucuteños, así lo pretendan algunos de nosotros mismos, no podemos aceptar la idea absurda de renunciar a lo bueno de ser frontera, y en cambio sí tener que quedarnos con todo lo malo. Renunciar a lo bueno es, precisamente, atender la idea absurda de olvidarnos de Venezuela, que es la fuente de variadas oportunidades de negocios que ahora solo aprovecha la economía informal. Lo malo, es estar en los extramuros del país, más lejos de los mercados internos que cualquier otra región y estar condenados a sufrir por esa obvia razón el problema del aislamiento.

En 2008, nuestra economía exportaba a Venezuela 1200 millones de dólares. Cierto que buena parte eran exportaciones ficticias, pero hoy no tenemos ni las exportaciones reales ni las ficticias y a eso se debe la crisis de la ciudad. Venezuela, pese a su problema de liquidez, sigue importando. Solo que ahora reorientó sus importaciones de manufacturas y productos agropecuarios a sus socios del Mercosur, a quienes les paga con retraso, pero les paga.

No criticaré las razones del Presidente Uribe para justificar el distanciamiento con Venezuela, pero es claro que haber generado un enemigo externo “castro-chavista” resultó muy útil a la popularidad de su gobierno y muy útil también al gobierno venezolano, que encontró en el uribismo la excusa para gastos multimillonarios en equipos militares. El fin de las importaciones a los colombianos fue su mejor arma para lograr la aceptación definitiva en el Mercosur, cuyos socios anhelaban ese mercado venezolano que antes fue nuestro.

Los cucuteños nos quedamos sin las exportaciones reales y ficticias, sin la posibilidad de avanzar en la ZIF y sus variados proyectos de integración con el Táchira, y condenados a que la relación con los vecinos se dé solo a través de los canales del comercio informal que están a merced de las bacrim. Uribe ganó. Chávez ganó. Cúcuta perdió.


Ahora resulta que estamos ante un candidato que quiere seguir echando mano del útil argumento del “castro-chavismo” para consolidar su imagen de hombre fuerte y justiciero. Señala al régimen vecino de dictatorial, promete retirarle la condición de país garante del proceso de paz e invoca en su contra medidas sancionatorias internacionales. Si hay dictadura o no la hay es otro debate, pero les aseguro que si un próximo gobierno decide tomar posición de ese modo frente a nuestros vecinos, construirá una especie muro infranqueable a lo largo del río Táchira, que hará realidad la absurda propuesta que oigo en Cúcuta desde hace días: olvidarnos de Venezuela. Olvidarnos de lo bueno de estar en la frontera, para quedarnos solamente con lo malo.

31/7/14

CARTA A LOS CUCUTEÑOS QUE PIENSAN VOTAR POR OIZ

Nuestro gobierno nacional es objeto de graves y fundados cuestionamientos que comparto. Cuando hay desconfianza en las instituciones gubernativas, judiciales y políticas aparecen siempre liderazgos individuales. Fue el caso de Chávez en Venezuela y el de Uribe en Colombia. Cada uno con su discurso, el uno de izquierda y el otro de derecha, reivindicaron haber solucionado los problemas de quienes se convirtieron en su base electoral. En el caso de Chávez, el reparto de la renta del petróleo entre los pobres. En el caso de Uribe, la seguridad de los propietarios rurales y de los miles de ciudadanos hastiados del hostigamiento guerrillero.

Cada uno se reeligió varias veces. Chávez desde que llegó hasta hoy con Maduro, y Uribe también a través de Santos, aunque este no dio continuidad a un estilo de gobierno que pudiera seguir llamándose “uribista”.

Hoy se presenta a los colombianos la disyuntiva de elegir entre el uribismo puro y Santos. Repasemos la historia reciente. Uribe nos libró del acoso de la guerrilla, despejó las carreteras y consolidó la confianza del país en su liderazgo carismático, sobre la base de mucho pero mucho de lo que hoy llamamos “mermelada”, que cautivó a los congresistas de entonces. Recuerden a Teodolindo y a Yidis. Ese liderazgo, fuera de la “mermelada”, se basaba en el efectismo de sus apariciones en público en incontables “consejos comunitarios” y en una diplomacia que atizó el disgusto antichavista convirtiéndolo en causa nacionalista. En unas ocasiones encontró razones justas para hacerlo y en otras no.

Hoy el discurso uribista se basa en el ataque a las concesiones, supuestamente exageradas, de las conversaciones de paz que se celebran en La Habana, y que no tienen otra intención que encontrarle salida al conflicto colombiano por una vía distinta a la militar. Afincado en la demagogia efectiva y fácil del discurso antisubversivo, el uribismo parece dispuesto a patear la mesa y desperdiciar todo lo que se ha avanzado en esas conversaciones, con tal de abrirle paso a la victoria en unas elecciones que podría pelear de una manera más responsable.

Si el uribismo ganara, lo que espero que no ocurra, el discurso antichavista volverá a ser punta de lanza de su estrategia de posicionamiento político, sin que la suerte de Norte de Santander le importe mucho. Cuando Uribe descubrió lo exitoso que era ese método, no temió echar a perder miles de millones de comercio binacional. Solo Norte de Santander vendía a Venezuela 1.200 millones de dólares. Seguramente hubo muchas exportaciones ficticias, no sabemos con precisión cuántas, pero muchísimas transacciones eran hechas por empresas exportadoras reales que todos conocemos en la región. La crisis de Cúcuta arreció desde 2008 y no ha parado. Este gobierno quizá no haya sido efectivo en ponerle término, pero el que la inició fue el anterior.

Esa demagogia antichavista le hace daño a Cúcuta porque se convierte en un obstáculo a la movilidad en una región que es imposible disociarla mediante una línea fronteriza. Dificulta la salida al Lago de Maracaibo del carbón nortesantandereano y nos expone a las consecuencias imprevisibles de acciones que un líder carismático, con tal de afianzarse y hacerse popular en Antioquia y Bogotá, quizá no tema hacer, como de pronto disparar en la frontera. A quienes se aventuren a votar por OIZ, les pido que si quieren hacernos correr ese riesgo, sepan que es una decisión de veras azarosa. Habrá cosas mejores que Santos, pero en este momento resulta ser la opción más responsable con nuestra frontera.


Post Data: 1. Yo de mermelada, no sé nada. Ni del Municipio, ni de la Nación. Y si OIZ gana, que no creo, habrá tanta mermelada como con Uribe. Eso no marca la diferencia entre el uribismo y Santos. Es la manera histórica de relacionarse el poder ejecutivo con el Congreso. 2. El pasado domingo les ganamos en Cúcuta y volveremos a ganarles el 15 de junio.

27/5/14

VOTEMOS IGUAL QUE LOS PAISAS

En este momento Medellín es la más promisoria de las capitales colombianas y se disputa codo a codo con las principales urbes latinoamericanas los renglones más altos de las tablas de competitividad regional. Ha llegado así de lejos, en parte por la pujanza de su sociedad civil y de sus organizaciones empresariales, pero sobre todo por la responsabilidad con que sus gobiernos locales se han integrado con los actores sociales y económicos para encauzar juntos el desarrollo de Antioquia.

Hace cuatro días un periódico inglés mundialmente prestigioso, The Telegraph, publicó un extenso reportaje titulado “Una mirada a Medellín: cómo la ciudad de Pablo Escobar se convirtió en el Silicon Valley de Suramérica”. De su lectura se concluye que aun cuando desde hace varios años Medellín tiene condiciones de competitividad básicas como buenas universidades, empresas grandes y buena infraestructura de movilidad y servicios públicos, el despegue definitivo de la ciudad comenzó hace muy poco, con la llegada de gobernantes locales capaces de integrar en una sola visión del desarrollo regional a actores antes dispersos y llenos de mutua desconfianza.

¿Quiénes son los líderes de la nueva democracia local y del reciente auge cívico y económico de Antioquia, en quienes ahora confía el electorado paisa? En primer lugar son personas que no son uribistas. No son terratenientes. No son caballistas de poncho y pistola dedicados a la ganadería extensiva en grandes latifundios improductivos. No tienen vínculos de ningún tipo con el paramilitarismo y mucho menos con el narcotráfico. Son personas de la clase media, donde encuentran también su base electoral. Tienen amplia aceptación entre el empresariado industrial antioqueño. Tienen un buen expediente académico. Los tres nombres de esa nueva generación de líderes paisas que más suenen en Colombia son, sin duda, Sergio Fajardo, Alonso Salazar y Aníbal Gaviria. En cambio no integran esa lista personas como Álvaro Uribe o José Obdulio Gaviria, que se asocian más con un pasado dramático que la nueva ciudad sigue esforzándose por superar.

Cuando oigo decir en las calles de Cúcuta que los paisas residentes en nuestra ciudad, de cuya capacidad empresarial tanto debemos aprender nosotros, van a votar por Zuluaga y por Uribe, de inmediato pienso en lo distantes que están ellos del reciente florecimiento económico, político y cultural de su terruño, en donde Uribe es cosa del pasado y hace rato que le están apostando a liderazgos renovadores.

De lo que les cuento resulta un argumento útil para que el domingo decidamos nuestro voto: el uribismo centra su idea de orden social en la intolerancia y el rencor, motivos que si acaso encuentran justificación en las heridas que ha causado nuestro largo conflicto interno, no son útiles para encontrarle salidas razonables a los problemas país, aunque sean muy buenos para hacer política demagógica que se vende bien, y buenos también para justificar arbitrariedades y atropellos en nombre de “intereses superiores de la patria” que no son tales si se definen a partir de la intolerancia y el rencor.


Hagamos con el uribismo y Zuluaga lo que ya hicieron sus propios paisanos antioqueños que los conocieron mucho antes que el resto del país: dejémoslos atrás porque hacen parte del pasado doloroso del conflicto colombiano. Optemos por líderes más sintonizados con la modernidad, la democracia, y el Estado de Derecho. Personalmente opto por Juan Manuel Santos. Tiene muchos defectos y está muy lejos de la perfección, pero su apuesta por la paz y el diálogo político en las conversaciones de La Habana es también la apuesta mía como ciudadano.

21/5/14

¿QUÉ EXPLICA EL RETROCESO DE CÚCUTA?

Estoy harto de ver cifras que hablan mal de nuestra economía y harto también de sentirme obligado a comentarlas. Además me causa pena que de ellas hable la prensa nacional. El lunes pasado titulaba una vez más Portafolio, pg.13, “Cúcuta, la de mayor informalidad laboral”. 70.6%, diez puntos más que Montería, que nos sigue en esa deshonrosa tabla.

Respecto a la involución de nuestro desarrollo, comparado con el de las restantes ciudades capitales de Colombia, les plantearé una reflexión política con el deseo de provocar alguna investigación en quien tenga tiempo y disposición para emprenderla.

Todas las variables macroeconómicas y de desarrollo humano dejan mal librada, en términos relativos frente a otras ciudades, al Área Metropolitana de Cúcuta. PIB, PIB per cápita, empleo, informalidad, competitividad, cobertura de educación media (17 entre 22) y morbilidad materna (12 entre 22), entre muchas otras. Esto no siempre ha sido así. La culpa se la hemos atribuimos, unas veces al declive del comercio con Venezuela, otras a la llegada del libre comercio y la desaparición Cúcuta como vitrina comercial entre ambos países, otras veces lo atribuimos al aislamiento del centro del país y otras a la incapacidad de desarrollar cadenas industriales y agroindustriales propias.

Es posible que cada uno de esos factores juegue un papel en la explicación de nuestro descenso en el escalafón de ciudades colombianas, pero me atrevo a agregar otro que quizá tenga mayor importancia: en Cúcuta ha fracasado el modelo colombiano de descentralización, y sobre todo ha fracasado estruendosamente la piedra angular de ese modelo, que es la elección popular de alcaldes. Un fracaso atribuible a la poca integración de nuestra sociedad civil, que ha impedido consolidar metas colectivas que se impongan a los mandatarios electos. Hemos quedado entonces a merced de clientelistas y electoreros sin brújula que no saben para donde van y cuya única meta es hacer plata y repartir puestos.

¿Qué puedo ofrecer como prueba? Que toda ciudad expresa su identidad como urbe a través de unas obras de infraestructura básicas, que proyectan su crecimiento en términos ordenados. Es decir, toda ciudad se expresa mediante un modelo que le permite crecer de manera planificada. En Cúcuta, sin excepciones, todos los ejes articuladores de la planeación urbana son anteriores a 1988, y no hemos tenido ningún alcalde, y lo puedo sostener con mucha seguridad, que los haya enriquecido sustancialmente o que haya creado otros igualmente importantes.

¿Cuáles son esos ejes nodales de nuestro desarrollo? Los primeros, son la Diagonal Santander y la Avenida Cero que se concibieron cuando en 1875 se trazó la nueva cuadrícula urbana después del terremoto. Se numeraron las nuevas calles y se pensó en un eje a través del valle de Cúcuta, entre la salida a San Antonio (Redoma de San Mateo) y a Ocaña (Redoma del Terminal). Después la Autopista a San Antonio y la Autopista a Atalaya prolongaron ese eje diagonal. Junto con la Avenida Cero, se trazaron después otros tres ejes norte-sur, que fueron la Avenida Libertadores, la Avenida del Aeropuerto o de Sevilla, quizá la mejor trazada, y la Avenida del Canal Bogotá, quizá la más importante de las cuatro y hoy la más abandonada de todas. Siguió el anillo vial, concebido justo antes de la primera elección popular de alcalde en Cúcuta. Otros hitos de nuestra vida urbana, como la UFPS, la Universidad Libre, Cenabastos, la Central de Transporte, el Malecón, la arborización urbana, y el Hospital Erasmo Meoz, son también anteriores a 1988.


Después de 1988, cesaron los alcaldes planificadores y llegaron los alcaldes politiqueros. No hay excepciones notables. El fondo de la culpa, como resulta obvio, la tenemos quienes hemos votado por ellos. Hoy tenemos un millón de habitantes, un deterioro enorme de nuestra posición relativa entre las ciudades colombianas, y sobre todo, la urgente necesidad de replantear nuestros criterios para elegir mandatarios locales para que cese el retroceso.

14 /5/14

SEMÁFOROS: APOSTÁNDOLE AL CAOS

Hoy sin asomo de duda, después de haber podido interrogar al Secretario de Tránsito el día lunes de esta semana en el Concejo, me atrevo a afirmar que el problema de la congestión del tráfico urbano se debe a una consciente apuesta por generar caos a partir del abandono a su suerte de la red de semáforos, y servirse del caos para abrirle paso a un negocio redondo para unos pocos pero malo para Cúcuta: la concesión por veinte años de la Secretaría de Tránsito.

Es cierto que buena parte de los semáforos de Cúcuta son equipos obsoletos que deben cambiarse, aunque no todos. Durante la administración del exalcalde Suárez se repusieron casi 60 de las 110 intersecciones. Durante la alcaldía pasada se instalaron algunas en el Centro, entre ellas las cuatro intersecciones sincronizadas del Parque Santander. No todos los semáforos, salvo pocos, tienen más de veinte años.

Resulta inaudito, que en lugar de reparar las averías que vayan presentándose en los semáforos, el Secretario de Tránsito se dedique a pregonar que todos son obsoletos, que ninguno sirve, que todos hay que cambiarlos y que no hay dinero que le alcance para hacerlo. Mejor dicho, que hay que buscar a un particular que lo haga porque el Municipio no puede. Tamaña irresponsabilidad no se había visto antes en Cúcuta: una apuesta deliberada al caos para precipitar una salida según la conveniencia de quienes defienden el negocio de la concesión o APP.

Siempre ha habido presupuesto para mantener funcionando los semáforos. Funcionaron regularmente con María Eugenia, con Ramiro, con Mora y con todos. Ahora resulta que con Donamaris ya no tienen arreglo. Siempre hubo una cuadrilla de técnicos con un carro y una escalera que los repararon. Ahora eso ya no es posible. Se supo el lunes que no existe actualmente ningún contrato de mantenimiento de los semáforos, y el que se dañe queda abandonado a su suerte. Así venimos desde hace varios meses, y según mi parecer, es una estrategia para causar desesperación y crear un ambiente favorable a la peor salida, que se quiere mostrar como la única: entregar en concesión la Secretaría de Tránsito, con todas sus rentas y prerrogativas, con el pretexto de que solo así se podrá conjurar el caos.

La opinión pública debe saber que mediante esa concesión o Asociación Público-Privada cuyo proceso contractual ya se encuentra en su fase inicial, no solo se quiere encargar a un particular la reparación de los semáforos y el cobro de foto-multas, sino entregarle la totalidad de las facultades para administrar el tránsito, imponer y cobrar comparendos, expedir licencias, administrar el registro de automotores, demarcar y cobrar por el uso de zonas de estacionamiento en vías públicas a taxis y particulares, cobrar por el estacionamiento de carros inmovilizados, etc. Esa concesión sería además un obstáculo legal al desarrollo institucional de la autoridad de tránsito, que debe en el futuro estar vinculada al Área Metropolitana y no al Municipio de Cúcuta.


Les aseguro que la Secretaría de Tránsito funcionaría muy bien como en otras ciudades si no fuera un nido de corrupción, pero sobre todo de incompetencia. Tiene ingresos que serían muy superiores a los actuales si no se perdieran en la telaraña del tráfico de influencias. Generaría rentas suficientes para pignorarlas parcialmente y obtener créditos que le permitieran contratar la modernización y el mantenimiento de todos los semáforos de Cúcuta para ponerlos a tono con el volumen del tráfico, como se hace en todas partes. No lo hacen porque son ineptos e incompetentes y sobre todo porque no quieren.

29/4/14

DESIGUALDAD URBANA

Medellín, ciudad que según muchos estudios es campeona de la desigualdad en Colombia y una de las primeras en Latinoamérica, sirvió de sede hace dos semanas al Séptimo Foro Urbano Mundial, evento en el que la desigualdad urbana fue uno de los temas centrales.

Nadie le quita a Medellín los méritos que la proyectan como gran metrópoli, de lo cual es notable testimonio el hecho de ser sede de un evento como el mencionado, pero no se puede tapar el sol con un dedo. Al lado de las empresas del Sindicato Antioqueño, al lado de EPM, de las universidades, del metro, los teatros, los museos y las plazas, se encuentra la mayor brecha en el reparto del ingreso y la mayor exclusión social del espacio urbano entre todas las ciudades colombianas. Por algo ha sido el escenario de los peores conflictos de nuestra historia reciente: del narcotráfico en los 90 y en este siglo del paramilitarismo y las bandas criminales.

Del Foro surgió como conclusión que el problema de la equidad urbana se debe en buena medida a la falta de planeación. Por consiguiente también con planeación se conjura. La desigualdad urbana no es solo desigualdad de ingreso sino de acceso a espacios públicos, a parques y a vías amplias. Desigualdad de acceso a servicios de salud y educación y desigualdad de tiempos de desplazamiento. La pobreza urbana no solo se mide en dinero. Se mide en el tiempo invertido en movilización, que para los pobres es mayor porque viven más lejos, tienen peores vías y sistemas informales de transporte. Se mide en metros cuadrados de espacio público por habitante, que para los pobres son menos, y se mide con índices de acceso a servicios públicos como agua, educación, salud y conectividad.

En Cúcuta, la falta de planeación y el grave problema de equidad urbana se nota al recorrer el anillo vial occidental y constatar cómo la ausencia del Municipio da lugar al crecimiento de barrios que surgen sin vías de acceso a ambos lados del anillo, convirtiéndolo casi en una calle, sin espacios públicos, sin andenes, sin zonas de sesión, sin servicios públicos, sin escuelas y sin puestos de salud. ¡Claro! Todo eso irá apareciendo sobre la marcha al cabo de los años como ha sido la historia de tantos de nuestros barrios, pero sin planeación alguna y dando lugar al aumento de los indicadores de inequidad.

La salida obvia del problema es la costosa legalización y dotación de lo que ya existe, más la renovación urbana que supone densificar zonas céntricas ya dotadas de equipamiento, vías y servicios. Además, la contención indefinida del perímetro urbano.

Muchas de las conferencias del VII Foro Urbano, disponibles en Internet, le dan la razón al POT de Petro en Bogotá, cifrado en la fórmula de densificación más renovación urbana. A mí me queda claro también que no era Petro el hombre para esa empresa; tamaño esfuerzo de concertación que posibilite la asociación pública y privada necesaria para expropiar y edificar en el Centro, difícilmente podía llevarla a cabo talante tan soberbio y poco amigo del consenso como el del exalcalde, pero de que tenía la razón, la tenía.


La lección para Cúcuta: la desigualdad es hija de la falta de planeación, ésta nace a su vez de la incapacidad personal e institucional para poner de acuerdo a la gente sobre reglas comunes. Al alcalde, que primero ensayó la represión, y después dijo que cada cual podía portarse a su antojo, hay que recordarle que hay un punto de equilibrio. Tiene que serenarse y lograr consensos.

22/4/14

LO QUE TRAJO SANTOS

Aunque todavía no conozco ningún documento oficial que compendie y permita valorar el paquete de decisiones adoptadas por el Consejo de Ministros que sesionó el viernes pasado, a partir de noticias de prensa y de lo dicho por Presidente, sus ministros y el Gobernador en la rueda de prensa con la que finalizó la visita presidencial, les haré un recuento de tales medidas, seguidas de una valoración personal de cada una, en el orden de importancia que les atribuyo como herramientas para ayudarnos a salir de la recesión.

GLP para vehículos y refinería en Tibú: Sin duda la más importante, aun cuando su anuncio lo hizo desde enero el ministro Amylkar Acosta. Hay que subirse en ese bus sin pensarlo dos veces. Las ciudades de la Costa Atlántica lo están haciendo. Solo la provisión de combustible vehicular barato puede ayudar a solucionar definitivamente el problema del contrabando de gasolina. Como el GLP es un derivado del petróleo, cosa que lo diferencia del gas natural, la propuesta de su uso para carros guarda conexidad con la recuperación de la pequeña refinería de Tibú. Le corresponde a la Secretaría de Minas del Departamento liderar el cumplimiento de esa promesa presidencial.

20.000 millones de pesos para microempresarios: Bastante importante. Es la primera vez que hay recursos de microcrédito subsidiado por Bancoldex solo para empresas con menos de cinco trabajadores. Por cuenta de la Cámara de Comercio debería facilitarse la divulgación de las condiciones de acceso a esa línea crediticia.

40.000 millones de crédito subsidiado: Ya Bancoldex ha otorgado en dos oportunidades esta línea de crédito. En ambas ocasiones los empresarios de la ciudad han utilizado la totalidad de los recursos disponibles.

Zonas Francas Permanentes Unipersonales: Implican la concesión del Régimen Franco, consistente en exoneración de aranceles para la importación de insumos y bienes de capital, 15% de impuesto sobre la renta y exoneración del IVA para ventas al mercado interno, para empresas productoras de bienes o servicios que se establezcan con inversiones superiores a 3.000 millones, sin que sea necesario ubicarse en terrenos de la Zona Franca. Muy buena medida que la ciudad debe utilizar para promoverse como receptora de inversiones.

1.500 nuevos cupos de subsidios VIP para vivienda gratuita: Con ellos, la ciudad sumará 3.300 casas gratis por cuenta del Gobierno Nacional. Hasta aquí las medidas que son herramientas valiosas para desarrollar la ciudad. En seguida las de “contentillo”.

Plan de “choque” para generar empleo: 5.000 millones de pesos para repartir $350.000 durante cuatro meses a 1.500 desempleados. Como dijo el Gobernador haciendo gala de franqueza, es una medida insignificante ante la magnitud del desempleo. Los gremios habían pedido 80.000 millones para ese programa.

Subsidios para pobreza extrema: 5.000 nuevos cupos de familias en acción, 3.000 de jóvenes en acción y 1.000 de madres ahorradoras. Su crecimiento está atado al crecimiento de la población sisbenizada con nivel 1, es decir, la población subsidiada crece a medida que crece la pobreza. Son un alivio valioso para quienes los reciben pero también son un mal indicador. Era lo que dejaba Uribe después de sus Consejos Comunitarios, y hacían feliz a la alcaldesa de ese entonces, que salía dichosa a repartirlos.

1.500 créditos del ICETEX y 600 subsidios de sostenimiento educativo: Francamente, me parece muy poco.

Exención del IVA para extranjeros: ojalá sirva de algo, pero ya existía y solo estaba pendiente su reglamentación.


La conclusión es que Santos dejó instrumentos valiosos, complementarios de una estrategia de desarrollo local que aún no existe, pero que la ciudad y particularmente el Municipio debe desarrollar algún día. Maná del cielo no cayó, ni caerá.

15/4/14

EL BALÓN LO TIENE EL GOBIERNO

El sábado estuvo en la ciudad el ministro de Comercio, Industria y Turismo. Se reunió con un grupo de representantes de sectores económicos formales e informales. Empresarios de la minería, la manufactura y la gasolina venezolana, minoristas de la Nueva Sexta y muchos otros voceros de intereses asociados al comercio cucuteño, además de algunos concejales de Cúcuta y funcionarios de la Gobernación. De tan variada concurrencia, resultó como síntesis una propuesta de la Cámara de Comercio de Cúcuta que por lo realista y factible vale la pena divulgar y apoyar para que sea el compendio de las solicitudes de la ciudadanía cucuteña y nuestros congresistas recién electos al Gobierno del presidente Santos, aprovechando lo receptivo y complaciente que puede llegar a ser en estos días de campaña.

Ni el presupuesto nacional ni el peso de los problemas regionales dentro de la canasta de problemas nacionales permiten pedirle a Santos un “rescate”, pero sí hay un punto de equilibrio entre “rescatarnos” y “abandonarnos” a nuestra suerte. Las solicitudes al Gobierno Nacional compendiadas en el informe que la Cámara de Comercio presentó el sábado (disponible en mi blog) comprenden las condiciones básicas y posibles de la competitividad regional.

Conectar a Cúcuta a la red nacional de distribución de gas debe ser uno de los compromisos primarios de Santos con Cúcuta. Con el gas al doble del precio de Bogotá, las cosas no son fáciles para nuestros industriales. Con las tarifas de EPM en el tope de lo autorizado por la CRE, tampoco.

Ya ha habido buenas experiencias con líneas de crédito subsidiadas. La que se otorgó en 2013 a través de Bancoldex con tasa de DTF-1% debe repetirse, sumada a otras de Finagro para productores agrícolas.

La exención permanente de IVA y gravámenes arancelarios para la importación de insumos agrícolas, industriales y bienes de capital en el Área Metropolitana de Cúcuta, es una decisión que encuentra una base legal muy sólida en la Ley de Fronteras sin necesidad de esperar ninguna otra Ley que la ponga al día. Solo es cuestión de voluntad política del presidente de la República. Lo mismo vale para una exención total del impuesto de renta de al menos 5 años a empresas nuevas o que se modernicen sustancialmente.

Especialmente importante es la idea de comprometer al Gobierno Nacional con la financiación de un proyecto de renovación de andenes y arborización destinado a generar al menos 15.000 empleos no calificados, financiado por el presupuesto general de la nación. Es la única solicitud entre todas las recogidas en el documento, cuya justificación exclusiva es la urgente necesidad de mitigar una gravísima crisis de empleo en Cúcuta a través de una obra pública intensiva en mano de obra. Proyectos de recuperación de centros históricos, como podría ser éste, que no podría costar menos de $100.000 millones, lo que no es una cifra exagerada, han sido financiados en varias ciudades del país con dineros nacionales. Eso sí, que no lo vaya ejecutar alguien que pida el 20%. Imagínense.


Lo anterior, fuera de la seria reiteración de los compromisos ya suscritos con Norte de Santander en vías nacionales, el acueducto metropolitano y el acompañamiento a planes que vienen en marcha para el fortalecimiento y la financiación de clústeres y cadenas productivas regionales, son los puntos clave de un pliego petitorio realista al Presidente de la República, en torno al que deben estar reunidos los nuevos congresistas. La respuesta está ahora en manos del Gobierno Nacional.

25/3/14

ALARGUE DE UN IMPUESTO CARO

Por voluntad del alcalde Pauselino Camargo y del Concejo Municipal de ese entonces, Cúcuta concesionó por veinte años el servicio público de alumbrado y el impuesto municipal correspondiente, a una empresa que por esos días se hizo con concesiones semejantes en varios municipios colombianos. El impuesto de alumbrado, que tiene como base gravable el consumo de energía y que en nuestro caso, según lo establece el artículo 149 del Estatuto Tributario Municipal, consiste en una tarifa de 13% sobre dicha base gravable con topes progresivos según la estratificación, lo administra la empresa Diselecsa hasta el año 2017, cuando expire su contrato de concesión.

Evaluar el desempeño del concesionario no es tarea fácil ni excenta de controversias, y es asunto que corresponde al interventor del contrato, pero si puedo asegurarles que una de la más irresponsable iniciativas de la administración municipal actual, que por desgracia está a punto de llevarse a cabo, es darle 10 años más de vida a esa concesión a partir de 2017. En otras palabras, alargarla hasta 2027 comprometiendo rentas municipales por $390.000 millones de nuestros impuestos, con el aventurero argumento de permitirle instalar luminarias con tecnología LED. No niego que la luz LED sea una novedad nacional en materia de alumbrado público ni que consuma menos energía. Lo que no acepto, dejando de lado consideraciones legales que respaldan mi posición de no aceptar la prórroga del contrato de concesión, es que se prive a la ciudad de licitar de nuevo en 2017 imponiendo condiciones mucho más favorables para los que pagamos el recibo de la luz.

La primera de esas condiciones, que no se ha discutido, es la reducción del impuesto de alumbrado público mediante la modificación del Acuerdo 040 de 2010, nuestro Estatuto Tributario, que en Cúcuta es 13% sobre el consumo para todos los estratos, mientras que en muchas ciudades es inferior, como en Bucaramanga donde se paga 10%. Como la base gravable es el consumo de energía, por cierto bastante caro en Cúcuta, no deja de ser un grano de arena que incide negativamente en la competitividad local. Revisen los Estatutos Tributarios disponibles en Internet de las principales ciudades colombianas y encontrarán muchas ciudades con igual o mejor servicio de alumbrado público, liquidado además sobre inferiores tarifas de energía, con impuestos de alumbrado más bajos que el nuestro. Ni qué decir de los distritos de Bogotá y Cartagena que prestan ese servicio con cargo a su presupuesto, habiendo renunciado al cobro del impuesto municipal de alumbrado.


Lo que dice el sentido común, para evitar controversias sobre el desempeño de la empresa Diselecsa en Cúcuta, es que el señor alcalde debería concedernos la gracia a los cucuteños de no continuar insistiendo de manera terca y hasta sospechosa, en la prórroga de la concesión hasta 2027, y permitir su vencimiento en 2017, fecha inicialmente pactada, para entonces poder hacer dos cosas. La primera, reducir el impuesto de 13% a 10%, poniéndonos a tono con otras ciudades capitales del país, y la segunda, establecer nuevos términos al concesionario entrante consistentes en inferiores costos operativos y administrativos y, por supuesto, el cambio a la tecnología de iluminación LED que ofrece inferiores costos de operación y consumo de energía, y que no por ser tan buena debe usarse como pretexto para extender hasta 2027 un negocio que compromete $390.000 millones de los impuestos cobrados a los cucuteños en el recibo de la luz.

18/3/14

RECUENTO DE LAS ELECCIONES

Quienes hemos estado cerca de la administración pública municipal y sabemos cuán pobres son las rentas propias de nuestras entidades territoriales si las comparamos con otras de igual población, no dejamos de lamentar la pérdida de los escaños de Carlos Barriga e Iván Clavijo en el Senado. Las posibilidades que tiene nuestro departamento para ser receptor de la inversión nacional, que compensa la precariedad de nuestros presupuestos, depende mucho del tamaño de la representación política de Norte de Santander en el Congreso. Por eso, en cambio, veo con agrado que Manuel Guillermo Mora y Juan Manuel Corzo mantengan allá su presencia.

Me llena de optimismo la elección de Jesús Alberto Castilla en la lista del Polo Democrático. La crisis social del Catatumbo tiene mucho que ver con la desaparición, por cuenta del genocidio paramilitar, de los liderazgos políticos que como el de Tirso Vélez, tenían la vocería de una región se quedó sin representación institucional por casi dos décadas, y hoy tiene la esperanza hacerse oír en el Senado a través de un líder agrario nacido en Convención.

La votación de Andrés Cristo es la segunda del Partido Liberal después de Horacio Serpa, lo que para los liberales de Norte de Santander promete un espacio político dentro de la segunda administración de Santos, que no hemos vuelto a ver desde los días de Virgilio Barco. El hecho de que junto con Andrés Cristo, el Partido Liberal haya electo dos Representantes a la Cámara, Alejandro Carlos Chacón y Neftalí Santos, nos otorga a los liberales cucuteños la primacía a la hora de plantear la candidatura a la alcaldía de Cúcuta, que llevará nuestro aval, y nos deja convertidos en una fuerza política definitiva a la hora de escoger el próximo gobernador.

Debo reconocer la magnífica labor de Alejandro Carlos Chacón, a quien junto con Andrés Cristo me precio de haber respaldado en estas elecciones, cuyo resultado lo consolida de forma definitiva como una fuerza política en Norte de Santander. No puedo pasar por alto que Juan Carlos García obtuvo en medio de condiciones adversas la que quizá sea la votación a la Cámara más importante de la ciudad.

Sobre los ganadores y perdedores, hay que ver que todas las candidaturas afines a la administración municipal pasada y a la actual resultaron mal libradas, lo que muestra a las claras que el electorado castiga a los malos alcaldes y a las malas alcaldesas, y pese a que es menester reconocer en Jorge Acevedo una persona querida en muchas partes de la ciudad, espero que aprenda de estas elecciones que nunca hay peores socios en la política que los malos alcaldes.

Entre los que deben reconocerse como ganadores hay dos especialmente visibles, William Villamizar a través de Wilmer Carrillo, el Partido Conservador cercano al Gobernador a través de Ciro Rodríguez, y un amplio sector de dirigentes políticos cercanos al exalcalde Suárez, que respaldaron la candidatura de Neftalí Santos, cuya victoria premia una larga carrera en la política liberal del departamento.

En el transcurso de la dilatada crisis que vive Norte de Santander, acentuada recientemente por las decisiones y los acontecimientos venezolanos, donde las inversiones y las políticas nacionales dirigidas a la frontera jugarán un papel crucial ayudando a paliar la recesión, hago votos porque la nueva bancada nortesantandereana en el Congreso sea unánime por lo menos en cuanto concierne a la presión y el cabildeo que es preciso adelantar ante el Gobierno Nacional, en ejercicio de la vocería que los ciudadanos de esta región les otorgamos el domingo pasado.

12/3/14

LOS PIMPINEROS: POR FIN ALGO SENSATO

Acostumbrados como estamos a ver las decisiones del alcalde como serpentinas que revolotean si dirección, me llamó la atención ver, que de pronto serpenteando llegó a un planteamiento realista sobre un problema grave de la ciudad. Se trata de los pimpineros y la necesidad de reglamentar concertadamente con ellos la ubicación de los puntos de acopio y distribución minorista de gasolina venezolana.

Hace un par de días dijo que, aplicando el Código Nacional de Tránsito, multaría a los conductores que se abastecieran de gasolina en la vía pública. Como ahí fue Troya y los pimpineros se manifestaron en los puentes, accedió a conversar con ellos y ayer los medios de comunicación divulgaron su planteamiento más reciente y realista frente a este caso: la reubicación de los pimpineros agrupándolos en varios lotes donde comercializarán la gasolina venezolana como si se tratara de estaciones de servicio informales.

La prioridad aquí debe ser la recuperación del espacio público, despejándolo de ventas informales de gasolina, pero aceptando que en Cúcuta no es posible en las condiciones actuales pensar en una formalización completa de la distribución de combustible venezolano mediante un convenio de importación entre Ecopetrol y Pdvsa como alguna vez lo hubo. Hoy en Venezuela no hay suficiente capacidad de refinación para surtir la demanda interna de gasolina. Una parte de la gasolina venezolana proviene de las refinerías de Pdvsa en el Caribe y llega con costos mayores de producción y transporte. Por eso, entre otras muchas razones que hoy obligan al gobierno venezolano a plantear la posibilidad de aumentar su precio, es muy poco probable que Pdvsa acceda a un nuevo convenio con Ecopetrol para suministrar gasolina a Norte de Santander.

Si no hay convenio de importación debemos aceptar que ante la enorme diferencia de precios, la gasolina siga llegando en carros que van y vienen por la frontera. Eso es inevitable. Pero lo que si debemos hacer, y en eso al fin el alcalde tuvo razón, es determinar con precisión las zonas escampadas en que la gasolina venezolana puede comercializarse observando algunas condiciones básicas de seguridad y previniendo que cualquier día amanezcamos con un arrume de pimpinas en el andén de la casa.

Como hoy tenemos solo 14 estaciones de servicio en la ciudad, es absurdo pedirle a los cucuteños que no se abastezcan de gasolina en pimpinas. Con solo 14 estaciones de servicio, es una afrenta decirle a la gente que si compra gasolina en pimpinas apoya las bandas criminales. Lo que el alcalde tiene que hacer en su condición de primera autoridad policiva y administrativa de Cúcuta, es regular el comercio de gasolina venezolana para que no afecte derechos colectivos de salubridad y goce del espacio público, promoviendo la asociación de los pimpineros en cooperativas de comercialización de gasolina, como está permitido en las normas que regulan la venta de combustible en las zonas de frontera. Y si hay aquí algún delito que reprimir en aras de la formalización,y para promover la creación de nuevas estaciones de servicio, no es el contrabando de combustible venezolano que llega a Cúcuta, sino la desviación de combustible colombiano subsidiado que envía Ecopetrol a Cúcuta y acaba vendiéndose en Cesar y en Santander.

25/2/14