CÚCUTA Y SUS MOTOS

Dos cosas son ciertas sobre las motos. La primera, que las autoridades de Cúcuta son muy incomprensiva ante la situación de los motociclistas. La segunda, que muchos motociclistas deben aprender a conducir sus vehículos con prudencia y mayor respeto por las normas de tránsito.

Cúcuta se está extendiendo sin control desde hace muchos años, lo que ha dado origen a un problema de movilidad muy costoso para la mayoría de su población. La expansión desordenada de la ciudad agrava el problema de movilidad porque no ha sido acompañada de la transformación del sistema de transporte público. La falta de regulación por parte del Municipio causa problemas que acaban generando sobrecostos en las tarifas, lo que a su vez incrementa la informalidad. Surgió un círculo vicioso en el que la competencia entre el transporte público informal y el formal acabó sofocando a éste último, lo que aleja cada vez más al sistema de transporte del control de la Secretaría de Tránsito, que fuera de eso es una entidad desorganizada y plagada de mañas.

Cuando hay sobrecostos, estos se trasladan a los usuarios. Por eso la mayoría de los hogares cucuteños destinan un porcentaje elevadísimo de sus ingresos familiares a atender gastos de transporte, que muchas veces se convierten en una barrera que impide ir a la universidad, al Sena, a la biblioteca, al estadio, al cine o a cualquiera de las entidades que proveen los bienes públicos necesarios para salir de la pobreza.

Ante la omisión del deber municipal de intervenir para planificar la ciudad y regular el transporte, la ciudadanía acaba viéndose obligada a tener moto para movilizarse y poder acceder a educación, salud y recreación. Conozco personalmente cientos de casos en que una moto se convierte en herramienta básica de un hogar que se esfuerza por salir adelante. Por consiguiente, los problemas relacionados con los motociclistas no pueden tratarse únicamente con represión, incautaciones y multas que resultan confiscatorias para quienes menos tienen.

No defiendo la informalidad en la tenencia de motos venezolanas. No justifico la imprudencia de muchos motociclistas. Exijo solo que el Municipio sea responsable frente a un problema básico, el de la movilidad, respecto al cual no ha habido la primera decisión de fondo, lo que obliga a los cucuteños a salirle al paso como sea, y en medio de la falta de dinero y el afán por salir adelante, procurarse una moto como medio de transporte.

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Ayer Cicerón Flórez me desempolvó íntegra una columna que publiqué en este periódico hace catorce (14) años, invitando a votar por el entonces candidato Donamaris Ramírez. Recuerdo esa campaña del año 2000 cuando coincidí por última vez con Cicerón en el voto a la alcaldía, divergencia que espero ver cesar en 2015. Esa vieja opinión fue rectificada hace al menos once (11) años, porque a mí el tiempo no me ha pasado en vano. Cicerón en cambio, parece como si conservara con obstinación su buen criterio sobre un personaje del que tantas cosas hemos visto desde entonces. Sugiero que sea Salud Hernández su próxima entrevistada.

3/10/14

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