¿QUÉ HAY DETRÁS DE LA DELINCUENCIA?

Hay una creciente sensación de inseguridad entre los cucuteños. Obedece a hechos ciertos de se destacan diariamente en los medios de comunicación y en los comentarios de la calle. Pese a que la policía hace su trabajo lo mejor posible, la inseguridad parece desbordarla.

Detrás del problema de inseguridad se esconden dos causas que están aún más atrás las que ordinariamente se señalan. Estamos acostumbrados a oír que la causa es la crisis económica. También se dice que la delincuencia organizada, responsable de muchos crímenes, tiene que ver con el narcotráfico y el control de negocios ilegales asociados al contrabando. Ambas causas son ciertas, pero hay otra que está más al fondo.

Es la falta de responsabilidad del Estado en la provisión de un bien público esencial: la educación. No estoy hablando de la educación básica y media. De esa, digamos que hay suficiente y su capacidad instalada basta para lograr cobertura plena, al menos en la ciudad. Hablo de lo que viene después, de la educación para el trabajo, la educación tecnológica y la educación superior.

En la mayoría de los barrios de Cúcuta el problema más grave es la falta de oportunidades para los jóvenes. Siendo tan bajas las posibilidades que tiene un joven cucuteño de ingresar a la universidad o al Servicio Nacional de Aprendizaje para cursar una carrera tecnológica de buena calidad, la mayor parte no le encuentra sentido a la finalización de los estudios secundarios. Por eso, otro angustioso problema nuestro es que decenas de miles de adolescentes y adultos jóvenes no tienen nada que hacer. Quienes están en esa situación son presas fáciles de la farmacodependencia, que es también problema frecuente en los barrios de Cúcuta. Vincularse a la informalidad y el rebusque es una opción obligatoria para quienes quieren trabajar, y allí se encuentran con una variada constelación de actividades que muchas veces tienen una grave proximidad con la delincuencia, en la que sin querer muchos jóvenes acaban cayendo.

Hay hechos que le cambian la vida a cualquier persona para bien. Uno de ellos es la posibilidad de formarse cono tecnólogo. Pocos de quienes son tecnólogos o técnicos en electrónica, en minería, en metalurgia o en agroindustria siguen siendo vitaliciamente pobres, y casi ninguno ven en la delincuencia una opción. Por eso el Estado, y particularmente el Municipio tiene una prioritaria responsabilidad en la provisión de educación técnica y tecnológica.

Es la entrada al mundo laboral formal y la única manera segura de poder salir del rebusque. Pero Cúcuta tiene 10 comunas, 700 mil habitantes y apenas una sede del Sena que es insuficiente y sumamente distante de los nuevos barrios de la ciudad. Hace diez años se pensó en un Centro Tecnológico Municipal que hoy, a pesar de tener vida jurídica, sigue siendo un mero proyecto. Hay que retomarlo, porque es un componente clave de la recuperación social y económica de Cúcuta.

27/8/14

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