DISCRIMINACIÓN ESPACIAL V/S RENOVACIÓN URBANA

Cúcuta crece desbordando su propio mapa. No debería ser así. Una ciudad bien planificada puede crecer sin extenderse indefinidamente mediante procesos sucesivos de urbanización informal como los que se ven en el Anillo Vial Occidental, donde los nuevos barrios se extienden sin observar normas urbanísticas que ofrezcan a sus habitantes andenes anchos y zonas de cesión para parques, escuelas, estaciones de policía y puestos de salud.


Dentro de varios años el precio que pagará la ciudad por tener cientos de barrios surgidos de procesos de urbanización informal, será el mayor entre todos los costos que nos traerá la falta de gobierno y de criterios firmes de planeación y urbanismo. El más conocido ejemplo de lo que cuestan barrios con calles irregulares, sin andenes, sin parques y sin zonas de cesión, son las favelas de Río de Janeiro. Lo que ha invertido Brasil en la solución de los problemas sociales, de seguridad y de urbanismo en sus pintorescas favelas, es mucho más de lo vale darle casa gratis a cada uno de sus habitantes. Aquí pasará lo mismo, solo que para enfrentar el problema Cúcuta nunca tendrá tanto dinero como Río.

El drama social del desbordamiento de la ciudad hasta sus extramuros es muy doloroso. Movilizarse para trabajar o para educarse si se vive en esas lejanías puede valer más de 7.200 pesos diarios o 187.200 pesos mensuales, que es el precio de dos pasajes de ida y dos de vuelta cada día. Quienes más lejos viven son al mismo tiempo quienes menos tienen y quienes más tiempo y dinero invierten en transporte. Eso impone una barrera, infranqueable muchas veces, para acceder a la educación superior o tecnológica, porque las universidades están en el centro de la ciudad, y son pocos los hogares que pueden asumir la carga de una matrícula a la que debe añadirse semejante costo de transporte.

Permitir que la ciudad se siga extendiendo refuerza el mapa de nuestra exclusión social. Nuevos barrios, no informales sino hechos con todas las de la Ley, como Cormoranes, Estoraques o Valles del Rodeo, le otorgaron solución de vivienda gratuita a sus adjudicatarios. ¿Pero dónde quedan? Me pregunto cuántos lectores de ésta columna conocen esas miles de viviendas gratis en los confines de Cúcuta, en lugares tan distantes que hacen de la movilidad una barrera enorme para acceder al trabajo y a la educación tecnológica o universitaria, las dos herramientas básicas para superar la pobreza.

Me he reunido con varios funcionarios municipales y constructores de vivienda de interés prioritario para establecer la factibilidad del aprovechamiento de los subsidios nacionales de vivienda gratuita en proyectos de renovación urbana, para que algún día barrios como Estoraques o Cormoranes estén en el Centro. La idea, aunque difícil y costosa, es posible y necesaria. Parte de una hipótesis básica del urbanismo: al pobre se le condena a seguir siéndolo si se le aleja de los bienes públicos para salir de la pobreza, que son educación superior, recreación y salud. Si en cambio se le lleva a vivir al centro, cerca de las universidades, las bibliotecas y los pocos parques que hay en Cúcuta, le bastará una generación para dejar de ser pobre. Por eso creo en la renovación urbana, tema sobre el que los invito a informarnos y discutir.

6/8/14

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