LOS PIMPINEROS: POR FIN ALGO SENSATO

Acostumbrados como estamos a ver las decisiones del alcalde como serpentinas que revolotean si dirección, me llamó la atención ver, que de pronto serpenteando llegó a un planteamiento realista sobre un problema grave de la ciudad. Se trata de los pimpineros y la necesidad de reglamentar concertadamente con ellos la ubicación de los puntos de acopio y distribución minorista de gasolina venezolana.

Hace un par de días dijo que, aplicando el Código Nacional de Tránsito, multaría a los conductores que se abastecieran de gasolina en la vía pública. Como ahí fue Troya y los pimpineros se manifestaron en los puentes, accedió a conversar con ellos y ayer los medios de comunicación divulgaron su planteamiento más reciente y realista frente a este caso: la reubicación de los pimpineros agrupándolos en varios lotes donde comercializarán la gasolina venezolana como si se tratara de estaciones de servicio informales.

La prioridad aquí debe ser la recuperación del espacio público, despejándolo de ventas informales de gasolina, pero aceptando que en Cúcuta no es posible en las condiciones actuales pensar en una formalización completa de la distribución de combustible venezolano mediante un convenio de importación entre Ecopetrol y Pdvsa como alguna vez lo hubo. Hoy en Venezuela no hay suficiente capacidad de refinación para surtir la demanda interna de gasolina. Una parte de la gasolina venezolana proviene de las refinerías de Pdvsa en el Caribe y llega con costos mayores de producción y transporte. Por eso, entre otras muchas razones que hoy obligan al gobierno venezolano a plantear la posibilidad de aumentar su precio, es muy poco probable que Pdvsa acceda a un nuevo convenio con Ecopetrol para suministrar gasolina a Norte de Santander.

Si no hay convenio de importación debemos aceptar que ante la enorme diferencia de precios, la gasolina siga llegando en carros que van y vienen por la frontera. Eso es inevitable. Pero lo que si debemos hacer, y en eso al fin el alcalde tuvo razón, es determinar con precisión las zonas escampadas en que la gasolina venezolana puede comercializarse observando algunas condiciones básicas de seguridad y previniendo que cualquier día amanezcamos con un arrume de pimpinas en el andén de la casa.

Como hoy tenemos solo 14 estaciones de servicio en la ciudad, es absurdo pedirle a los cucuteños que no se abastezcan de gasolina en pimpinas. Con solo 14 estaciones de servicio, es una afrenta decirle a la gente que si compra gasolina en pimpinas apoya las bandas criminales. Lo que el alcalde tiene que hacer en su condición de primera autoridad policiva y administrativa de Cúcuta, es regular el comercio de gasolina venezolana para que no afecte derechos colectivos de salubridad y goce del espacio público, promoviendo la asociación de los pimpineros en cooperativas de comercialización de gasolina, como está permitido en las normas que regulan la venta de combustible en las zonas de frontera. Y si hay aquí algún delito que reprimir en aras de la formalización,y para promover la creación de nuevas estaciones de servicio, no es el contrabando de combustible venezolano que llega a Cúcuta, sino la desviación de combustible colombiano subsidiado que envía Ecopetrol a Cúcuta y acaba vendiéndose en Cesar y en Santander.

25/2/14

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