DESIGUALDAD URBANA

Medellín, ciudad que según muchos estudios es campeona de la desigualdad en Colombia y una de las primeras en Latinoamérica, sirvió de sede hace dos semanas al Séptimo Foro Urbano Mundial, evento en el que la desigualdad urbana fue uno de los temas centrales.

Nadie le quita a Medellín los méritos que la proyectan como gran metrópoli, de lo cual es notable testimonio el hecho de ser sede de un evento como el mencionado, pero no se puede tapar el sol con un dedo. Al lado de las empresas del Sindicato Antioqueño, al lado de EPM, de las universidades, del metro, los teatros, los museos y las plazas, se encuentra la mayor brecha en el reparto del ingreso y la mayor exclusión social del espacio urbano entre todas las ciudades colombianas. Por algo ha sido el escenario de los peores conflictos de nuestra historia reciente: del narcotráfico en los 90 y en este siglo del paramilitarismo y las bandas criminales.

Del Foro surgió como conclusión que el problema de la equidad urbana se debe en buena medida a la falta de planeación. Por consiguiente también con planeación se conjura. La desigualdad urbana no es solo desigualdad de ingreso sino de acceso a espacios públicos, a parques y a vías amplias. Desigualdad de acceso a servicios de salud y educación y desigualdad de tiempos de desplazamiento. La pobreza urbana no solo se mide en dinero. Se mide en el tiempo invertido en movilización, que para los pobres es mayor porque viven más lejos, tienen peores vías y sistemas informales de transporte. Se mide en metros cuadrados de espacio público por habitante, que para los pobres son menos, y se mide con índices de acceso a servicios públicos como agua, educación, salud y conectividad.

En Cúcuta, la falta de planeación y el grave problema de equidad urbana se nota al recorrer el anillo vial occidental y constatar cómo la ausencia del Municipio da lugar al crecimiento de barrios que surgen sin vías de acceso a ambos lados del anillo, convirtiéndolo casi en una calle, sin espacios públicos, sin andenes, sin zonas de sesión, sin servicios públicos, sin escuelas y sin puestos de salud. ¡Claro! Todo eso irá apareciendo sobre la marcha al cabo de los años como ha sido la historia de tantos de nuestros barrios, pero sin planeación alguna y dando lugar al aumento de los indicadores de inequidad.

La salida obvia del problema es la costosa legalización y dotación de lo que ya existe, más la renovación urbana que supone densificar zonas céntricas ya dotadas de equipamiento, vías y servicios. Además, la contención indefinida del perímetro urbano.

Muchas de las conferencias del VII Foro Urbano, disponibles en Internet, le dan la razón al POT de Petro en Bogotá, cifrado en la fórmula de densificación más renovación urbana. A mí me queda claro también que no era Petro el hombre para esa empresa; tamaño esfuerzo de concertación que posibilite la asociación pública y privada necesaria para expropiar y edificar en el Centro, difícilmente podía llevarla a cabo talante tan soberbio y poco amigo del consenso como el del exalcalde, pero de que tenía la razón, la tenía.


La lección para Cúcuta: la desigualdad es hija de la falta de planeación, ésta nace a su vez de la incapacidad personal e institucional para poner de acuerdo a la gente sobre reglas comunes. Al alcalde, que primero ensayó la represión, y después dijo que cada cual podía portarse a su antojo, hay que recordarle que hay un punto de equilibrio. Tiene que serenarse y lograr consensos.

22/4/14

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