DEMOCRACIA LOCAL: PROBLEMAS Y SOLUCIONES (I)

En la maraña de problemas de Cúcuta no podemos perder de vista los problemas básicos que son unos pocos, frente a los cuales cualquier gerente de la ciudad debe tener posiciones claras y antes, obviamente, haberlos identificado, lo que casi nunca ocurre. Por eso nuestros alcaldes se dedican a atender los mil y un problemas de la superficie que nunca cesan de reproducirse y ni acaban de resolverse, y los pocos del fondo que los originan quedan olvidados.

Iniciemos con una reflexión sobre la democracia local y sobre lo que los abogados constitucionalistas llaman “descentralización”, en su faceta política, que desde 1988 tiene por base la elección popular de alcaldes. La descentralización administrativa la reservaremos para otra columna.

Les propongo esta pregunta: ¿Qué alcaldes han sido mejores para la ciudad, los anteriores a 1988 que fueron nombrados, o los que elegimos después? Sugiero otra más, complementaria de la anterior: ¿Tendrá que ver la crisis de la ciudad, que data de principios de la década de los ochenta, con un insatisfactorio desempeño de la descentralización, y particularmente de los alcaldes elegidos desde 1988?

Les ofrezco un elemento de reflexión: antes de 1988 los alcaldes de Cúcuta eran nombrados por el gobernador con base en consultas a los congresistas y con el visto bueno del Presidente de la República. Permanecían en el cargo durante períodos irregulares, casi siempre inferiores a dos años. De un día para otro alguien resultaba siendo llamado por el gobernador para anunciarle su nombramiento, y amanecía alcalde al día siguiente, a veces sin haberlo buscado. Hoy en cambio, tenemos quienes pasan hasta veinte años buscando ser elegidos, y arrastrados por esa enfermiza obsesión se endeudan para hacer campañas milmillonarias y asumen cuanto compromiso les plantean a cambio de apoyo.

Me pregunto cuál de las dos anteriores circunstancias será menos mala. Como soy demócrata, creo que es mejor la elección popular. Pero ese mecanismo ha mostrado ser muy costoso en casi todos los municipios colombianos, salvo algunos pocos que reflexionan bien sobre su voto y han sabido tomar buenas decisiones. Los casos para mostrar son los de Bogotá y Medellín, a pesar de retrocesos como el de Samuel Moreno.

Creo que Cúcuta se cuenta entre las damnificadas de la elección popular de alcaldes. Mis razones las expondré en otra oportunidad. A pesar de eso, tengo fe en la democracia. Además es una realidad constitucional. Para que funcione y no cause pérdidas por cuenta de la corrupción, estoy convencido de la receta es que fortalecer los procesos de democracia local en los barrios, comenzando desde la base de la pirámide, en las Juntas de Acción Comunal.

El Municipio debe prestarle a esas entidades toda la atención posible y otorgarles voz y voto a la hora de concertar el destino de sus escasos recursos de inversión. El grado de representatividad social que tienen las JAC´s es mucho mayor que el de los concejales. No en vano proyectos de reforma electoral como el del exsenador John Sudarsky pretenden que la elección de concejales se haga desde circuitos integrados por barrios adyacentes.

En Cúcuta hay que fortalecer la democracia integrando las Juntas a las deliberaciones sobre presupuesto y planificación municipal. Así se afianza la democracia local mientras se crea seguridad y confianza en los barrios a partir del fortalecimiento de los lazos comunitarios. Las JAC´s son escuelas de democracia que enseñan a elegir bien, lo que resulta necesario en Cúcuta, donde con pocas excepciones, venimos eligiendo mal. 

31/7/14

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