LOS 18 MIL MILLONES DE PROACTIVA

El Municipio acaba de pagarle nueve mil millones de pesos a la empresa de aseo Proactiva S.A. y de firmar un acuerdo de pago para entregarle otra cantidad igual. Son dieciocho mil millones reconocidos a esa empresa por un laudo del 3 de diciembre de 2010 que dio término a un cuestionado proceso en el que el Municipio decidió no defenderse y dejarse ganar. Pregúntense por qué.

La demanda de Proactiva reclamaba pagos atrasados por varios años de dineros provenientes de un fondo de solidaridad alimentado con aportes de Aseo Urbano, empresa que por atender sectores de estrato 4, 5 y 6, debe trasladarle aportes solidarios de la facturación de esos estratos a un fondo administrado por el Municipio, que a su vez los entrega a Proactiva a título de subsidios, pues esta empresa atiende estratos 1, 2 y 3 mayoritariamente. Según Proactiva estos dineros no se giraron íntegros y el Municipio se los debe. De ahí la demanda que ganó mediante el cuestionadísimo laudo de un Tribunal de Arbitramento de la Cámara de Comercio de Cúcuta.

Ante las notorias fallas del arbitraje, y al amparo de jurisprudencia de la Corte Constitucional que permite tutelas contra laudos, Cúcuta contrató dos conocidos abogados litigantes ante las altas cortes, Rodrigo Palacio Cardona y Guillermo Reyes González. Surtida en marzo de este año la primera instancia de la tutela contra el laudo en la sección cuarta del Consejo de Estado, Proactiva ganó de nuevo la pelea. Ahí comienza la parte más interesante de esta historia.

Primera sorpresa. Rodrigo Palacio Cardona, apoderado del Municipio, insistió en apelar el fallo de primera instancia y manifestó su optimismo ante la posibilidad de ser oído en la apelación. En cambio, el alcalde le solicitó “la no impugnación de la sentencia precitada como quiera que el transcurso del tiempo genera detrimento patrimonial como resultado de la causación de intereses” (…) “es voluntad del Municipio de San José de Cúcuta a quien represento legalmente en mi calidad de Alcalde que no se impugne la sentencia….” El alcalde, que estaba obligado a agotar todas las instancias de defensa, decidió no apelar y dejar en firme el fallo. En cambio, pagó rapidito nueve mil millones de pesos con recursos propios, es decir, del impuesto predial.

Segunda sorpresa. El miércoles y el viernes de la semana antepasada, nada menos que dos Magistrados de la Corte Constitucional y el mismísimo Procurador General de la Nación, le solicitaron a la Corte Constitucional la revisión del fallo de tutela de la sección cuarta del Consejo de Estado, con lo que queda abierta la feliz posibilidad de revocar tanto el fallo de tutela como el infortunado laudo. Por lo visto, es lo que seguramente va a pasar siendo que pocas veces se juntan el Procurador General de la Nación y dos Magistrados de la Corte Constitucional para solicitar la revisión de ese tipo de fallos de tutelas. Ellos salieron en defensa de los impuestos de los cucuteños, lo que no quiso hacer el alcalde.

Me pregunto por qué el alcalde decidió pagar a las carreras nueve mil millones a Proactiva conociendo la posición del Procurador y los Magistrados, que aparece registrada en la página de la Corte Constitucional desde la semana antepasada. Ahora me pregunto si serán ciertos los rumores que circulan en la ciudad sobre otro proceso que está por cerrarse en una alta corte, lo que fue objeto de una polémica en el Concejo Municipal hace pocos días. Me pregunto también qué pasará con los nueve mil millones que ya se pagaron si se cae el laudo, como es probable que ocurra. El alcalde, a quien le corresponde velar por la integridad del patrimonio municipal nutrido por los elevados impuestos que nos obliga a pagar, al parecer no se hizo esas preguntas, y en cambio salió corriendo a entregar los nueve mil millones.

19/6/2013

MUNICIPIO DE JUAN ATALAYA: ¿CUÁL ES EL MIEDO?

Puesto que por mi condición de político seré de inmediato recusado al opinar sobre este tema, comenzaré por decirles que en la elección como Concejal de Cúcuta recibí el voto de casi mil cucuteños residentes en Atalaya, por lo que nadie puede descalificar mis afirmaciones diciendo que resultaría favorecido si del censo electoral se excluyeran las comunas 7 y 8.

Estoy convencido, y en eso creo contrariar a la mayor parte de quienes me leen, que en Colombia, y especialmente en Cúcuta, hace falta más Estado. Hace falta más presencia estatal y más cercanía de los ciudadanos con las instituciones estatales. Una manera de lograrlo, según lo sostienen los estudiosos de la materia, es acercando las circunscripciones electorales a los ciudadanos. Eso resultaría especialmente pertinente al caso de Atalaya, fuente de los votos que eligen a los alcaldes y concejales de Cúcuta, y a los gobernadores de Norte de Santander, quienes a veces, a pesar de haberse ido de Atalaya, y a pesar de no acariciar la idea del retorno a su solar nativo, cada vez que llegan las elecciones se proclaman atalayeros natos.

Si Juan Atalaya surge como un nuevo municipio del Área Metropolitana, el ya bastante arraigado sentimiento atalayero se afianzaría, y el sentido de pertenencia por la ciudad de Atalaya se haría más fuerte con la aparición de una clase dirigente propia que no tuviera la triste característica de salir corriendo de Atalaya a la primera oportunidad que se les presenta. No solo porque tendrían que cumplir con el requisito legal de residir en el municipio para aspirar al concejo o la alcaldía sino porque así se los comenzaría a exigir el electorado. Un alcalde propio y un concejo municipal propio, al alcance de los vecinos, harían inexcusable el cumplimiento de promesas aplazadas por años en materia de ornato urbano y desarrollo de la infraestructura de Juan Atalaya, amén de las obras cuya construcción sería necesaria para albergar las nuevas instituciones municipales, lo que podría hacerse con el apoyo del Ministerio del Interior.

Hay quienes se llenas de miedo pensando que el Municipio de Cúcuta se afectaría si de su jurisdicción se separan las comunas 7 y 8. Dicen que en vez de una gran ciudad tendríamos dos municipios de segunda. Se equivocan de cabo a rabo. Si por mí fuera, de lo que hoy es Cúcuta sacaría cuatro municipios. La ciudad tiene que apostarle a tener un Área Metropolitana fuerte que integre a Cúcuta, Villa del Rosario y Los Patios, y los municipios que surjan dentro de esa conurbación, como podría ser también la Ciudadela de La Libertad en las comunas 3 y 4.

Las condiciones fiscales de posibles nuevas entidades territoriales surgidas del actual municipio de Cúcuta no serían un problema grave, máxime cuando la mayor parte del presupuesto de esta ciudad se debe a recursos provenientes de la Nación que se transferirían a los nuevos municipios de manera proporcional a su población y necesidades. Si acaso en materia de recursos propios se constatara una gran inequidad, que no sería tan dramática como los detractores del Municipio de Atalaya sugieren, hay que decirles que para eso existe una figura jurídica llamada Área Metropolitana en donde los aportes de los municipios asociados, y las ejecuciones de obras civiles entre ellos, pueden responder a un mecanismo de compensación de ingresos. Para eso tenemos la Ley 1525 de 2013, recién expedida el 29 de abril, que establece el nuevo régimen de Áreas Metropolitanas. Las posibilidades de desarrollo territorial que se ofrecen a entidades como las nuestras son tales, que incluso se hace posible un tránsito muy rápido al sistema de alcaldías menores que existe en Bogotá. Sin embargo, primero necesitamos crear los Municipios de Atalaya y La Libertad. Por eso estoy de acuerdo con el Representante Chacón.

Post Data: El gentilicio de Atalaya en Argentina y Perú es Atalayense. En España, Atalayero. ¿Cuál sería aquí?

12/6/13

RENOVACIÓN URBANA EN CÚCUTA

La revisión del Plan de Ordenamiento Territorial de Bogotá, que puso sobre la mesa el debate sobre la conveniencia de reorientar hacia el centro el esfuerzo edificador en esa ciudad, debería traernos a la memoria los esfuerzos inconclusos de renovación urbana en Cúcuta, iniciados con base en inversiones municipales que hoy es preciso retomar antes que se pierdan definitivamente.

Durante 2006 la ciudad gastó mucho dinero en la recuperación del sector del antiguo Mercado de la Sexta. Se hizo un parque contiguo a la antigua Cárcel Modelo cuya remodelación se inició, y se construyó el puente atirantado Eustorgio Colmenares sobre el que pasa la avenida 5ª. Ese proyecto de renovación urbana estaba integrado al Parque Bavaria y al Centro Comercial a Cielo Abierto.

Hoy, cuando gracias a quienes participamos en la acción popular que detuvo el aprovechamiento privado que se quería dar a la donación de Bavaria, la Justicia ordenó al Municipio la construcción del Parque, es el momento propicio para que el Municipio, junto con los gremios del comercio y la construcción reemprendan la recuperación del centro de Cúcuta a partir de la discusión de un gran proyecto de renovación urbana que evite que el Parque de la Sexta, el Puente Atirantado, el Centro Comercial las Mercedes, la Avenida del Canal, el Parque Bavaria y el Centro Comercial a Cielo Abierto, sean obras aisladas sin un plan parcial de desarrollo urbanístico que les dé sentido en el marco de un gran proyecto de renovación urbana.

Qué otra cosa podía hacer la ciudad en su última revisión del POT sino darle curso a la política nacional de vivienda urgida de tierras malas y baratas en los extramuros de las ciudades colombianas para llevarse a vivir a los adjudicatarios de viviendas gratuitas. Pero la verdad es que Cúcuta no puede seguir cometiendo la irresponsabilidad de incorporar tierras a su perímetro urbano para que los habitantes más humildes de esta ciudad sumen a sus penas la de tener que pasar dos horas diarias en una buseta viajando desde sus trabajos hasta sus casas ubicadas en sitios cercanos a los anillos viales. En Cúcuta hay bastantes zonas céntricas altamente degradadas, ideales para recuperar mediante una política de renovación urbana que convierta zonas céntricas lumpenizadas pero con buenos servicios públicos, en zonas residenciales densificadas.

No solo la pronta y segura iniciación de las obras del Parque Bavaria sino el hecho de estar a punto de entrar en la discusión del sistema de transporte masivo, hacen este el momento indicado para retomar la idea de renovación del centro de Cúcuta. El Parque debería permitir revivir el Plan Parcial del Centro que data de la administración del ex alcalde Suárez. El transporte masivo, para que funcione, precisa de una ciudad densificada en su centro, para lo que es necesario devolverle a muchas zonas céntricas su carácter residencial.

Como la anterior es una discusión en la que es primordial el concurso de los arquitectos y urbanistas, es la oportunidad ideal para que nuestras dos facultades de Arquitectura dejen de darle la espalda al desarrollo urbanístico de Cúcuta y lideren el debate.

Post Data: A propósito de la prohibición por parte del Alcalde del desfile púbico del Día del Orgullo Gay en Cúcuta, como sí se hace en Nueva York, Berlín o Sao Paulo, es curioso ver que mientras algunos salen del closet, otros se encierran, se echan llave, y persiguen a quienes en cambio sí tuvieron el valor de salir.

05/6/13

ELECTROSHOCK (I)

Hay hechos que quizá por ser tan obvios no se discuten. Por ser tan abrumadores pasan inadvertidos. Cuando se habla de cualquier problema económico o social en nuestro departamento, y especialmente en Cúcuta, nadie repara, quizá por algún tipo de vergüenza colectiva, a lo que subyace sin excepción a todos ellos: desde hace casi una década, entre las catorce principales ciudades colombianas, somos la penúltima en pobreza y crecimiento. Afirmarlo no es ser pesimista ni ave de mal agüero. Es el punto de partida de cualquier diagnóstico y de cualquier recomendación realista que pretenda superar los problemas de Cúcuta.

Nos engañamos si seguimos pensando que estamos en la frontera más viva de América o en el mejor vividero del país. Según las cifras más frescas del DANE, (Boletín Estadístico Nacional. Enero 2013. www.cenac.org.co) en producto interno bruto per cápita, las capitales colombianas se ordenan así: Villavicencio, Bogotá, Bucaramanga, Cali, Medellín, Cartagena, Barranquilla, Pereira, Manizales, Ibagué, Armenia, Cúcuta, Montería y Pasto. Según la tasa de crecimiento el orden es: Villavicencio, Montería, Bucaramanga, Pasto, Bogotá, Cartagena, Medellín, Armenia, Manizales, Pereira, Cali, Barranquilla, Cúcuta e Ibagué.

No sé si haciendo gala de una gran capacidad de autoengaño o por una pudorosa consideración, no hay en Cúcuta alguna entidad capaz de salir a decir abiertamente que si queremos recuperarnos tenemos que estar al tanto de esa vergonzosa situación: que casi somos la ciudad más pobre de Colombia. Aceptar esa dura realidad es el punto de partida para superar la crisis.

¿Por qué llegamos a este punto? ¿Estamos haciendo ya algo por superar esta situación? ¿Cómo podemos salir del estado de recesión crónica? La primera pregunta tiene una respuesta larga y no exenta de controversia. La segunda tiene una respuesta clara: no. La tercera, que tiene varias respuestas según el criterio de cada cual, intentaré responderla de la manera más breve posible en un par de párrafos.

Cúcuta necesita generar un gran consenso de opinión respecto a su situación y a fórmulas breves y claras, tomadas de entre las muchas posibles, que le sirvan de remedio. Pueden expresarse de muchas maneras: macroproyectos de desarrollo de cadenas productivas agroindustriales como se ha hecho con la palma africana, obras civiles de infraestructura vial, etc. Hasta el día de hoy el consenso en torno a los diagnósticos y las recetas ha sido inexistente.

La nuestra es de las pocas regiones del país que lleva décadas y décadas hablando de los mismos proyectos que nunca se llevan a cabo. Por ejemplo: el embalse del Cínera (cuatro décadas), la carretera Tibú-La Gabarra-Curumaní (dos décadas), la carretera Tibú-El Tarra-Convención-La Mata (una década larga), mejoramientos, ensanchamientos y pavimentaciones en la carreteras a Bucaramanga, la carretera Central del Norte y la carretera a Ocaña (cinco décadas).

Dejando de lado los diagnósticos, que son múltiples, y ocupándonos solo de las soluciones, lo que salta a la vista es que los cucuteños no hemos tenido instancias de concertación, políticas o cívicas, capaces de aglutinar la opinión pública y la voluntad de los dirigentes regionales, que con pocas excepciones merecen la calificación de dirigentes. El problema de las soluciones, dejando de lado el problema que supone explicar la recesión crónica, es que en Cúcuta, ni hay consenso ciudadano, ni hay credibilidad política. A esos problemas me referiré la semana entrante.

28/5/13