LA LECCIÓN DE LAS PRUEBAS PISA

Leí ayer en el twitter del expresidente Uribe una crítica que comparto, pero de la cual él no es un vocero creíble: “Colombia vuelve a rajarse en las pruebas de educación Pisa”. ¡Pues claro! A un país como el nuestro que gasta tanto en guerra y en seguridad interna, ¿qué dinero puede quedarle para invertir en la educación como no sea lo apenas necesario para pagar maestros y mantener una infraestructura básica de cemento, ladrillo y pupitres?

Las pruebas PISA (Programa Internacional de Evaluación de Estudiantes) miden las destrezas en matemáticas, lectura y ciencias básicas entre los jóvenes de 15 años de los principales países del mundo. El informe que recién se publica posiciona a Colombia en el lugar 62 entre los 65 países evaluados. Los primeros lugares tocaron a China, Corea del Sur, Japón, Suiza, Holanda y Finlandia, lo que muestra que la futura primacía asiática no es ninguna especulación y tiene una base muy sólida, y que el estancamiento europeo es apenas pasajero.

En lo que a nosotros los colombianos respecta, aún si comenzáramos a hacer nuestro mejor esfuerzo por mejorar la calidad de la educación pública, a la que asiste la gran mayoría de nuestra población, seguiremos contemplando al menos por una generación el ensanchamiento del abismo que nos separa de Asia, Europa y Norteamérica. La distancia entre esas naciones y la nuestra es tan grande, y tan objetivamente probada por mediciones como PISA, que solo el día en que el país oriente hacia la educación el mismo esfuerzo que hoy orienta hacia la guerra, podremos pensar en que al cabo de dos generaciones podamos tener un futuro como es hoy el presente de Corea del Sur o Singapur.

Por eso me parece obstinadamente absurda la posición de no apoyar la paz y el proceso de La Habana, y someter a un gobierno en trance de reelección a considerar incluso la posibilidad de patear la mesa con tal de darle gusto a una opinión pública desinformada y arrastrada por el canto de sirena de la guerra, lo que nos condenaría a seguir en la cola de las naciones del mundo como estamos hoy. Esa es una de las razones por las cuales, a pesar de las muchas cosas del actual gobierno que me disgustan, como ciudadano lo respaldo decididamente en su esfuerzo por encontrarle la salida al conflicto con las Farc, lo que si bien no acabaría de inmediato con el conflicto interno y los problemas de seguridad de Colombia, si nos pondría directamente frente a la luz que muestra el final del túnel.

Esa es la principal lección de las pruebas PISA. Podríamos discutir cómo mejorar la calidad de la educación, y lo mucho que podría hacer en esa materia un municipio como el nuestro si los recursos que para ese propósito le gira la Nación fueran mejor invertidos y no se perdieran por el camino (lo que será tema de una próxima nota), pero nunca podremos pensar en que Colombia comparta el liderazgo mundial que tienen países como Corea del Sur o Taiwán, si antes no logramos que la plata que hoy se destina a la guerra, mañana se destine a la educación y al desarrollo científico. Esa es la lección de PISA: hay que apostarle a la paz y estar dispuestos a pagar su precio. Sería la mejor apuesta por el futuro de Colombia.

3/12/13

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