HABLAR DE ATALAYA SIN DEMAGOGIA

Como respeto y admiro tanto a Cicerón Flórez y a Luís Arturo Melo, ambos columnistas de este diario, me habría resultado muy difícil controvertir sus opiniones sobre la inconveniencia crear en Atalaya un nuevo municipio del Área Metropolitana de Cúcuta, si no fuera porque sus argumentos se basan en lugares comunes y en suposiciones no probadas.

El principal argumento que esgrimen asocia burocracia pública con corrupción, según lo cual crear un nuevo municipio sería tanto como servirle un banquete a los corruptos. La corrupción, desafortunadamente, se sienta en cualquier mesa servida con dineros públicos: en el Municipio de Cúcuta, en el de Atalaya o en cualquier otro. Eso es tristemente cierto, pero no es un argumento para acabar entonces con todos los municipios del país o para dejar de crearlos cuando sea necesario.

La creación del Municipio de Juan Atalaya no implica dispersión administrativa. Las grandes conurbaciones tienden a integrarse, y para eso se crearon en Colombia las Áreas Metropolitanas, a las que partir de este año la Ley 1625 de 2013 les permite adoptar un régimen idéntico al del Estatuto Orgánico de Bogotá y convertir sus municipios en alcaldías menores. En Cúcuta se necesita un Área Metropolitana fuerte, como la de Medellín, que de verdad integre sus municipios en materia de transporte y servicios públicos, y no apenas una personería jurídica para ejecutar contratos, que es lo que tenemos hoy.

La creación del Municipio de Juan Atalaya no supondría la aparición de un municipio pobre al lado de otro rico. Quienes dicen eso no han estudiado su viabilidad fiscal. A vuelo de pájaro, les recuerdo que el presupuesto municipal tiene dos componentes básicos que tienden a equilibrarse: los recursos propios y las transferencias de la Nación. Si se examina el caso de Atalaya, se verá cómo los recursos propios debidos al Impuesto Predial y de Industria y Comercio, ingresos que en Atalaya no son tan bajos como sus críticos piensan, se compensan con las transferencias del gobierno central, cuyos criterios de asignación toman en cuenta la pobreza relativa y la población por atender en salud y educación. Expresado per cápita, el actual presupuesto de Cúcuta y el del nuevo municipio son muy parecidos. Los invito a visitar mi blog y ojear mis cálculos estimativos del presupuesto de Atalaya frente al de los restantes municipios metropolitanos. Ese trabajo le corresponde hacerlo con mayor cuidado a la Secretaría de Planeación Departamental y exige un debate entre quienes estén dispuestos a estudiar juiciosamente el caso, y no solo a pontificar.

En Atalaya existe un grave problema de representación política. En buena medida, en las comunas 7 y 8 se eligen los gobernadores, los alcaldes y los concejales de Cúcuta, pero poquísimos de quienes son elegidos con votos de Atalaya viven en sus barrios y se relacionan cotidianamente con su electorado. Eso genera un déficit de representación política que ha sido ampliamente estudiado en Colombia por el actual senador John Sudarsky. Él propone como remedio la elección de cuerpos colegiados mediante el sistema de circuitos electorales, lo que en este caso sería muy parecido a crear una nueva circunscripción municipal en Atalaya donde se elijan alcaldes y concejales que de veras sean dolientes y solidarios con su nuevo Municipio.

Claro que estamos frente a una propuesta política y por eso junto con el representante Chacón la planteamos en época electoral. No lo hacemos en términos demagógicos ni politiqueros, sino en los que corresponden a una propuesta sobre ordenamiento territorial y sobre cómo administrar mejor los dineros que gira la Nación a los municipios del Área Metropolitana. De eso precisamente, es que debe hablarse en las campañas.

28/8/13

https://dl.dropboxusercontent.com/u/91606681/OTROS/Presentaci%C3%B3n%20Municipio%20Atalaya%20Agosto%202013.pdf

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