Por tratarse de un asunto que compromete el futuro de la administración municipal, y por consiguiente el de todos los cucuteños, enseguida encontrarán los Alegatos de Conclusión presentados por el ciudadano Jorge Moreno, coadyuvante del proceso de nulidad electoral que se sigue al Alcalde de Cúcuta, proceso que será fallado en breve por el Tribunal Administrativo de Norte de Santander. ¿Será que tendremos que ir de nuevo a elecciones en 2013?



¿Para qué sirve el día sin carro?
3 de octubre de 2012

Estaré de acuerdo con el “día sin carro” cuando nuestras autoridades de tránsito nos expliquen qué buscan con esa medida, que así sola no más, parece muy caprichosa. Si solo fuera por mí y por otros cuantos, ojalá todas las calles de Cúcuta se peatonalizaran y los carros apenas circundaran la ciudad por los anillos viales sin poder entrar. Pero si pensamos en la ciudadanía cucuteña y no solo en unos pocos que no gustamos de los carros, o en otros más que deben inventarse todos los días algo nuevo que los haga parecer como si estuvieran trabajando mucho, la verdad es que el día sin carro es una medida sin sentido. Y no tiene sentido porque está aislada. No hace parte de una estrategia que vaya más allá del show de cada día, en el que la ciudad ya no cree, según lo muestra la encuesta de CM&.

El primero en el país que habló de día sin carro y de “pico y placa”, fue Enrique Peñaloza. Durante su alcaldía, Bogotá estaba empeñada en construir un sistema de transporte masivo y en la remodelación y ensanchamiento de andenes en sus principales vías, para cuya construcción fue preciso cerrarlas durante varios meses. Como para cerrar las vías era necesario reducir los carros en circulación, se utilizó el “pico y placa”. Más de un año después, cuando finalizó la construcción de la primera ruta de Transmilenio a lo largo de la Avenida Caracas, el “día sin carro” anual, hizo parte de la estrategia para lograr que todos los bogotanos, pobres y ricos, tomaran conciencia de la necesidad de utilizar el nuevo sistema de transporte público masivo, y de usar también la otra alternativa de transporte asociada al programa de ensanchamiento de andenes: las ciclorutas.

En otras palabras, el “día sin carro” se trajo por vez primera a una ciudad colombiana para promover tres alternativas de transporte distintas del carro particular, en las que se hicieron inversiones cuantiosas: Transmilenio, las ciclorutas y los andenes para la circulación de peatones. En ese contexto, cobró un sentido especial y fue bien recibido porque reforzaba una gran estrategia de movilidad bien conocida y aceptada.

Le pregunto entonces a las autoridades de tránsito cucuteñas: ¿qué buscan con el día sin carro? ¿Qué medidas han presentado para mejorar el caótico transporte en buses y busetas, y si existen, acaso se han implementado? ¿Han pensado en la bicicleta y en la demarcación de ciclorutas como parte del paquete de soluciones al problema de movilidad? ¿Todo lo discutido sobre la supresión de rutas de busetas que pasan por el Centro implica también el desarrollo de rutas peatonales?

Si ninguna de las inquietudes que acabo de plantear está asociada al “día sin carro” en Cúcuta, que todos respetaremos el próximo martes 9 de octubre así no sepamos para qué sirve, pues que nos digan entonces qué es lo que quieren y para donde nos llevan, si es que van para alguna parte.


Quien compre el hueco compra problemas
25 de septiembre de 2012

El proceso ejecutivo mediante el cual una empresa inmobiliaria busca cobrar una deuda por arrendamiento a la Corporación Parques de Cúcuta, entidad cuyos irresponsables administradores casi nos hacen perder el lote de Bavaria en manos de unos raros inversionistas hoteleros panameños, fue revivido por el Juzgado 5º Civil Municipal mediante una desafortunada decisión del pasado 19 de septiembre, que supone el grave riesgo de hacer acabar toda la pelea por recuperar el lote de Bavaria para los cucuteños, en un remate ilegal para favorecer quién sabe qué intereses particulares.

Si todo parara en un remate, y ojalá no sea así, quien compre el predio compra un grave problema, porque el 10 de julio de 2011 el Tribunal Administrativo de Norte de Santander, confirmando una decisión del Juzgado Tercero Administrativo, le ordenó a la Corporación Parques de Cúcuta escriturar el predio al Municipio, quien nunca debió entregarlo a esa desafortunada Corporación dizque a título de aporte.

No entiendo, o mejor digamos que no quiero entender, la decisión del Juzgado 5º Civil Municipal, de continuar con el remate de ese bien fiscal patrimonio de todos los cucuteños, cuando el actor popular, el Señor Personero de Cúcuta y el suscrito, le advertimos que no puede rematarlo debido a que un fallo de la Justicia Administrativa sobre una acción constitucional, como es la Acción Popular, ya decidió que los dos lotes de la antigua fábrica de Bavaria deben retornar al Municipio.

Esta prohibición está señalada expresamente por el Código de Procedimiento Civil, a lo cual ha hecho caso omiso el Juzgado 5º Civil Municipal de Cúcuta. Además, el precio por el cual se podría llegar a rematar el lote, correspondiente al valor de los arrendamientos atrasados de unas oficinas ubicadas en la calle 9ª entre avenidas 1ª y 2ª, es infinitamente inferior al precio catastral y comercial que rige hoy para la zona en la que está ubicado. Ese predio cuenta, más o menos, con un área de cuatro mil cien metros cuadrados, y el precio del metro cuadrado en esa zona ronda los dos millones de pesos.

Las Acciones Populares son acciones constitucionales y prevalecen sobre cualquier proceso ejecutivo. Por lo tanto, al ser preexistente al proceso ejecutivo un fallo constitucional, la persona que mediante un remate adquiera este lote puede fácilmente perderlo, porque la ciudadanía lo recuperará mediante una acción reivindicatoria o una nueva acción popular.

La empresa inmobiliaria accionante en el proceso ejecutivo debería recapacitar sobre el riesgo que su actuación supone para el patrimonio público, y en un gesto de generosidad, podría intentar otras formas de resarcirse desistiendo de un proceso que puede acabar, tristemente, en el remate del lote que todos los cucuteños anhelamos ver convertido en un parque y un edificio destinado a las artes, la cultura y la preservación de la historia de la ciudad, siendo sede del Museo de Cúcuta.

Me tranquiliza saber, no solo que cualquier remate que se produzca desconociendo el fallo de la acción popular es un acto doloso que puede implicar consecuencias penales y disciplinarias, sino que desde hace tiempo varios cucuteños estamos vigilantes, y comprometidos a iniciar las acciones jurídicas necesarias para evitar el despojo de una de las más preciadas propiedades de la ciudad.


Hablemos de vivienda en serio
19 de septiembre de 2012

Me entristece pensar que haya cada vez menos personas concibiendo grandes ideas para el desarrollo de Cúcuta y en cambio sean cada vez más las que cabildean pequeños proyectos  donde la utilidad pública es apenas la máscara de sus propios intereses. Fiel reflejo de esa situación es que ahora llamemos “megaproyecto” a un simple puente, de los que quizá no se hubieran construido sin recurrir a viejos diseños dejados por una alcaldía ya remota, cuando la ciudad todavía se permitía pensar seriamente en el desarrollo de su infraestructura.

Como hay varios frentes de defensa judicial que comprometen la atención del alcalde en asuntos ajenos a la buena gestión del Municipio, seguramente tendrá poca capacidad y poca calma para pensar en las grandes cosas prometidas durante su campaña. Intentaré remediar en parte esa dificultad, permitiéndome recomendarle un viejo proyecto para desempolvar. Hernando Ruan lo dejó bosquejado, y cae de maravilla ahora que la ciudad sufre un terrible déficit de vivienda popular y de suelo urbanizable para dedicarlo a ese cometido social, clave para su desarrollo y para la materialización del punto principal del programa de gobierno preferido en 2011 por los desprevenidos electores cucuteños.

Según los consultores de la revisión del Plan de Ordenamiento Territorial llevada a cabo en 2011, Cúcuta tiene un déficit de vivienda cercano a treinta mil unidades, sin contabilizar otras treinta mil que por estar en zonas de alto riesgo geológico también deben sumarse al déficit. Pese al interés y a la buena voluntad que la administración municipal y varios empresarios han comprometido en la construcción de Vivienda de Interés Social y Prioritario, salvedad hecha de la presunta extorsión mediante la cual la solución del problema trajo dividendos no solo a los más pobres sino también a los más corruptos, la mitigación del problema está muy pero muy lejos, y quienes lleguen a ser sus beneficiarios, tendrán que vivir en los confines de la ciudad, al borde del perímetro urbano, tierras cuyo desarrollo en algunos casos fue groseramente concebido para los más pobres.

Desde hace muchos años el exgobernador Hernando Ruan Guerrero propuso trasladar el Aeropuerto Camilo Daza al norte, a un costado de la vía a Puerto Santander. En este momento esa idea cobra una urgencia que el alcalde debe entender, por distraído que se encuentre. Estamos hablando de doscientas sesenta hectáreas de tierras circundadas por otras ya urbanizadas informalmente. El desarrollo de planes de vivienda en los terrenos que actualmente ocupa el aeropuerto, y en donde mal contadas cabrían al menos quince mil casas de interés prioritario, supondría también mejoras de la infraestructura vial y sanitaria para todos los barrios adyacentes, que constituyen una de las aglomeraciones urbanas más grandes de Cúcuta.

La solución del déficit de vivienda y el desarrollo de la ciudad en la próxima década implican de manera necesaria el traslado del aeropuerto, y la urbanización de su actual terreno. Un alcalde empeñado en grandes proyectos y rodeado de un equipo de funcionarios competentes, debería estar desde enero estudiando esta posibilidad y adelantando con la Aeronaútica Civil y la firma concesionaria del Aeropuerto Camilo Daza las conversaciones que el caso amerita. Lo demás son pañitos de agua tibia y oportunidades de negocios mezquinos en nombre de los más pobres, para beneficio de los más corruptos.