PICO Y PLACA PARA MOTOS

Siento tener que controvertir la posición editorial sentada por este diario el pasado 10 de agosto en una columna titulada “El privilegio de la moto”, que recoge pareceres muy arraigados entre los conductores de automóviles y entre las autoridades de tránsito sobre los problemas que suponen las motos para la movilidad de Cúcuta. Sé que al hacerlo disgustaré a la mayor parte de los lectores habituales de esta columna, casi todos conductores de automóviles, pero me siento obligado a expresar mi punto de vista, así entre muchos no caiga bien, porque siento que los motociclistas son objeto de una injusta estigmatización.

Es cierto que muchos motociclistas zigzaguean entre los carros, se montan en los andenes y causan accidentes de tránsito en los que regularmente ellos mismos son los principales afectados. Es cierto que hay muchos más accidentes entre los motociclistas que entre los automovilistas y es cierto también que las motos se usan para cometer algunos tipos de delitos. Pero les aseguro que si revisáramos con el mismo rasero crítico la utilidad de los carros para la comisión de otro tipo de delitos y la frecuencia con que transgreden otras normas del Código de Tránsito, tendríamos razones para ser tan severos en el juicio a los unos como a los otros, y para someter a los automovilistas a restricciones parecidas a las que pesan sobre los motociclistas.

Aquí hay, sin duda, un desequilibrio de posiciones de poder. Como es obvio, quienes ejercen poder dentro del gobierno o en cualquier otra instancia social, están más familiarizados con los problemas que suponen las motos para los carros que con los problemas que suponen los carros para las motos. La carga y el enfoque de los estigmas sociales tienen mucho que ver con eso, y a la hora de tomar decisiones de gobierno, la injusta estigmatización de los motorizados como irresponsables y criminales, pesa más de lo que se cree.

Siendo Concejal durante el período pasado, Alejandro Canal proponía la creación de un parque-escuela para la capacitación de motociclistas en normas de tránsito y principios de cultura ciudadana, que se financiaría con dineros recaudados por el municipio a motociclistas infractores -rubro bastante cuantioso - y aportes de las empresas comercializadoras de motos.

Madurar ese tipo de ideas es mucho mejor, y más consonante con aquello de que esta alcaldía está para “grandes cosas”, que inventarse restricciones a las motos en avenidas principales desde las 7PM, dizque porque están llenas de motociclistas ebrios disputando carreras de velocidad.

Puedo asegurarles que salvo casos excepcionales, las motocicletas son utilizadas por personas que se transportan para trabajar, y cuyos ingresos familiares no se invertirían en su adquisición si fueran suficientes para comprar un carro, o si la ciudad ofreciera un sistema de transporte público barato y eficiente.

También puedo asegurarles que si las mismas personas que compran motos tomaran la decisión de comprar carro, la ciudad sería del todo intransitable, porque una moto nueva con motor de cuatro tiempos consume y poluciona la décima parte que un carro pequeño y ocupa tres veces menos espacio en la vía pública.

Lo que necesita la ciudad es capacidad para diseñar políticas integrales e inteligentes de movilidad, lo cual es más difícil, por supuesto, que aparecer de la noche a la mañana con medidas justificadas en prejuicios y en lugares comunes.

15/8/12

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