OTRA VEZ SE HABLA DE PAZ

Otra vez se habla de alcanzar la paz mediante la negociación. La prensa ha informado de contactos preliminares entre voceros del gobierno y la guerrilla que quizá conduzcan a la mesa de diálogo si todo sale bien.

Más que en otras partes, en Norte de Santander necesitamos ver pronto el fin de la ruina que trae consigo el conflicto militar y social colombiano, porque nos ha tocado soportar por años todo su peso. Como desde la década de los cuarenta hasta hoy nuestra región ha escenificado todas las facetas de la violencia nacional -la violencia entre liberales y conservadores, la fuerte presencia de la guerrilla en el Catatumbo, el narcotráfico, el paramilitarismo y ahora las bandas criminales-, hablar entre nosotros de negociar la paz o de insistir en la guerra, es tan sensible y por ello tan complicado, que debemos estar prevenidos ante quienes querrán aprovechar esa sensibilidad para convertirnos en idiotas útiles del intento por hacer de ese tema una bandera de campaña política.

Ahora que podemos mirar el gobierno de Álvaro Uribe con la serenidad y los mayores elementos de juicio que permite el paso del tiempo, es posible entender mejor cómo funcionó, y cómo pudo ser exitosa a su manera la estrategia de seguridad democrática. Si somos sinceros con nosotros mismos, no podemos explicarnos la tranquilidad y la seguridad que reinó en nuestro departamento sin tener en cuenta que esa paz paramilitar fue pagada con la vida y el desplazamiento forzado de miles de campesinos nortesantandereanos. Los que no murieron, viven las desdichas de la pobreza en los anillos de miseria de Cúcuta. Esa paz, que no atribuyo a Álvaro Uribe porque no me cuento entre quienes lo ven como un paramilitar, si fue en buena medida el soporte oculto de su exitosa estrategia de seguridad.

Ese éxito se afincó en la indolencia y la exclusión que ejercen la clase media y las élites urbanas de Colombia en contra del otro medio país que sufre toda la carga de la pobreza y la violencia. Fue un éxito atribuido por la opinión pública casi exclusivamente al Ejercito Nacional, de veras hoy más fuerte y respetuoso del Estado de Derecho, pero que se obtuvo con la ayuda, quizá no buscada salvo excepciones hoy famosas, del trabajo sucio del paramilitarismo.

Ahora que el paramilitarismo se desmovilizó en medio de un proceso brusco, improvisado e irresponsable, ahora que muchos antiguos paramilitares se convirtieron en bandas criminales, la Fuerza Pública y las instituciones del Estado tienen que demostrar que pueden solas, y ese es el mayor desafío de Santos. Por eso como ciudadano lo respaldo a todo trance en esa empresa.

Hoy el Presidente de la República, el mismo que fue Ministro de Defensa del entonces presidente Álvaro Uribe, habla de paz y de la negociación del conflicto. Muchos de los que se sienten todavía uribistas, sin reparar en la historia reciente del país, salen a decir que debemos volver a la estrategia de represión militar que tantos trofeos cosechó en la última década, dando crédito a las meras apariencias y evitando ver lo que tan precariamente se esconde detrás de ese éxito ilusorio. Por fortuna, si bien hay quienes pretenden volver a hacer campaña en favor de la guerra, hoy el país está mejor informado.

29/8/12

1 comentario:

Fotos Familia dijo...

Un analisis muy ponderado de los éxitos de la politica de seguridad democrática. Me adhiero!