MARÍA EUGENIA Y LA NOSTALGIA POR RAMIRO

Entre las razones que pudieron tener los cucuteños que eligieron a María Eugenia Riascos seguramente se encontraba la voluntad de censurar al anterior alcalde por asuntos de los que hoy se ocupa la justicia y cuya reprobación social debería persistir mientras la ciudad tenga memoria. Sin embargo, a medida que se han acentuado las críticas a la alcaldesa, ha comenzado a surgir entre muchas personas un irreflexivo y despistado sentimiento de nostalgia por el pasado, pese a que lo más censurable de la actual administración municipal es precisamente estar siguiendo los pasos equivocados de la anterior.

Por ejemplo, insiste en construir una Central de Transporte en un sitio cuya inconveniencia resulta obvia no solo para los expertos sino para el sentido común, poniendo en tela de juicio su compromiso con el interés público al negarse a revisar la ubicación y el contrato de concesión de esa obra.


Cuando era candidata manifestó su desacuerdo con los peajes. Ahora como alcaldesa ha sido complaciente ante ese hecho que atenta contra nuestra integración como área metropolitana binacional. No se ha inmutado ante la protesta de Fenalco contra la decisión arbitraria de negarse a aceptar Bolívares en las casetas de cobro, ni ante la insatisfacción del Concejo con las explicaciones del concesionario sobre el retraso de las obras a las que se comprometió. A través del Director del Área Metropolitana, la Alcaldía debería iniciar las acciones legales que posibiliten la revisión de los términos del convenio y de la concesión que creó los peajes, negocio que también contó con el auspicio del anterior alcalde.


Tampoco se ha pronunciado sobre la concesión a la empresa operadora del servicio de acueducto, que promovió el pasado gobierno municipal, y que acaba de ser multada por la Superintendencia de Servicios Públicos con la máxima cifra permitida, cercana a los mil millones de pesos, en vista de su negligente atención a miles de reclamos por sobrefacturación.


De forma contraria a lo que prometió, ha cedido tímidamente ante las exigencias de Homecenter. Aceptó la pérdida sin reparación del Bosque Popular, un bien de uso público, y nada dijo ante la renuencia de la empresa a permitir la prolongación de la calle 13 por un costado del edificio en construcción, obrando consecuentemente con la administración anterior.


Inconcebiblemente, ha permitido que pase un año sin intentar una sola medida importante para aliviar el tráfico de la ciudad. Tuvo un secretario de despacho que no hizo casi nada, y la secretaría se conserva como un refugio de tramitadores, tal como en el pasado.


Aunque es cierto que esta alcaldía recibió un lamentable estado de cuentas que ha dificultado sus tareas, no ha hecho nada para que se sepa cómo se produjo y quiénes son los responsables de la insolvencia del municipio.


Recientemente se ha hablado con insistencia de la revocatoria del mandato de la Alcaldesa, lo cual, pese a los anteriores reproches, es una grave equivocación. En primer lugar porque habida cuenta de los promotores de esa idea, es obvio que su interés no es el beneficio de la ciudad sino el provecho político propio. En segundo lugar, porque la ciudad ha sufrido suficientes interinidades e inestabilidad administrativa en el pasado como para intentar repetir esas infortunadas experiencias.


La solución está en manos de la Alcaldesa, que debe mejorar su equipo de trabajo, recuperar la autoridad, rodearse de personas de probada capacidad administrativa y desvirtuar con hechos los rumores de corrupción en cabeza de sus colaboradores más cercanos, para que su mandato no parezca la continuación de los que la antecedieron, sino la materialización del deseo de cambio de quienes la eligieron para hacer oír su voz de protesta.


3/3/09

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