LA UNIVERSIDAD DE PAMPLONA

La sucesión del rector de la Universidad de Pamplona abrió una discusión sobre la situación actual y el futuro de esa entidad. Las opiniones se han polarizado entre quienes ven el futuro con optimismo y juzgan válida y útil la forma en que la Universidad ha evolucionado en la última década, y quienes consideran que se ha construido un castillo en el aire que está condenado a desplomarse.

El compromiso con la Universidad de Pamplona obliga a asumir el primer punto de vista y apostar por su éxito. Sin embargo, para alcanzarlo es indispensable leer críticamente la historia de sus dos últimas administraciones y corregir muchos desaciertos obvios.


El más evidente es que desde hace diez años la Universidad comenzó a crecer mientras que los aportes del Estado a su presupuesto permanecieron constantes y por consiguiente decrecieron porcentualmente mientras se incrementaba la participación de los recursos propios derivados de los préstamos bancarios, la venta de servicios y las matrículas que desde entonces comenzaron a aumentar.


Este tipo de crecimiento es insostenible. La Universidad no puede obligarse, como lo sostiene el ex rector Álvaro González, a vender servicios para obtener utilidades anuales de sesenta mil millones de pesos (La Opinión. Nov. 19) salvo que, como ha ocurrido, las habilidades y las relaciones públicas del ex rector la vinculen con negocios ocasionales, muchos de los cuales no se relacionan directamente con su misión social como universidad. Las grandes universidades públicas y privadas cuyos presupuestos contienen grandes porcentajes de recursos propios venden servicios científicos y de consultoría técnica a través de institutos cuya tradición les garantiza el acceso permanente a un mercado estable, lo cual reduce la contingencia de sus negocios. A nosotros todavía nos falta tiempo y trabajo para alcanzar esa condición. Todavía no tenemos institutos como en la Universidad Nacional o la Universidad de los Andes que sean oferentes permanentes en el mercado de esta clase de servicios, por lo cual a pesar de los enormes avances de la Universidad de Pamplona, que está dando los primeros pasos en la creación de una comunidad científica estable con magísteres y doctores, no resulta prudente sujetar su equilibrio presupuestal a la venta sesenta mil millones de pesos, salvo que el rector sea un consumado hombre de negocios que venda lo que sea, no solamente servicios educativos, científicos y tecnológicos como en los ejemplos citados.


En el terreno académico, la Universidad tiene que estabilizarse y detener su crecimiento. En muy pocos años se crearon numerosos programas de pregrado cuya consolidación requerirá de gran esfuerzo. Quienes hemos sido docentes en la sede de Villa del Rosario, que tiene muy poco de existir y cuenta con más de veinte carreras, hemos sido testigos de un crecimiento cuya celeridad acaba por improvisar gravemente en asuntos muy importantes.


La tarea del nuevo rector es consolidar una obra sobre la cual descansa el futuro de miles de estudiantes que han confiado en una Universidad entre cuyas muchas e innegables virtudes no se cuenta la estabilidad de su academia ni de sus finanzas. Esta tarea la debe desarrollar en medio de la mayor austeridad y honradez, sin pensar que la rectoría le prodigará riquezas personales, mansiones y exilio dorado. Y la debe desarrollar acompañado de los primeros responsables del futuro de la Universidad que son los dirigentes del Norte de Santander, empezando por su gobernador y sus parlamentarios, quienes hasta ahora no han hecho casi nada para que el gobierno nacional, del cual son sumisos partidarios, incremente el escaso dinero (diecisiete mil millones) que gira anualmente, que no es siquiera la quinta parte del presupuesto anual de una Universidad que se precia de ser pública.


10/12/08

LOS AMIGOS DE JOSÉ OBDULIO

No puede haber diplomacia ni política internacional con personas como el ex consul de Colombia en Maracaibo. La lamentable conversación que le oímos con José Obdulio Gaviria debe haber avergonzado a los pocos funcionarios de carrera que tiene el servicio diplomático colombiano. El ex cónsul llamó al asesor presidencial para decirle con palabras zalameras y serviles que los resultados electorales les resultaron muy favorables. Si oyeron atentamente la conversación, habrán caído en la cuenta de la profunda ignorancia del ex cónsul sobre la política de Venezuela en todo cuanto es ajeno a decir que a los amigos opositores del Zulia les fue bien. Cuando el asesor presidencial le preguntó sobre los resultados de la gobernación del Táchira, el ex cónsul apenas acertó responderle que allá también ganaron, porque triunfó un candidato opositor al que le dicen el “pollo”.

Si en lugar del vergonzoso ex cónsul, avezado en la política costeña que le rindió méritos electoreros para reclamar un nombramiento, ese cargo lo hubiera ocupado un funcionario de la carrera diplomática de aquellos a los que la cancillería apremia para que obtengan posgrados en Relaciones Internacionales, seguramente no habría sostenido conversaciones imprudentes con el señor José Obdulio Gaviria, una persona ajena al servicio diplomático, ajena a la cancillería y apenas vinculado al gobierno para cumplir funciones de asesoría en asuntos inespecíficos. La llamada del cónsul a José Obdulio es de la misma naturaleza que las obsequiosas adulaciones que se le rinden a los padrinos que ayudan a conseguir puesto.


Quienes vivimos en la frontera a merced del clima de las relaciones binacionales deberíamos manifestar un especial interés en no estar sujetos a la improvisación de funcionarios como el ex cónsul en Maracaibo, cuyas virtudes quizá se limiten a ser un “importante dirigente uribista del Cesar”, como lo expresó el mismo José Obdulio Gaviria. En lugar de ese tipo de personas, cuyos nombramientos en la diplomacia obedecen a las razones de la política clientelista, debería haber funcionarios de la carrera diplomática. O en el peor de los casos, por lo menos en los consulados de los Estados venezolanos vecinos de Colombia, personas de esta región fronteriza presentados por los parlamentarios nortesantandereanos, que salvo una notable excepción, han sido tan obsecuentes y sumisos con un gobierno que los desprecia a ellos y a su departamento.


Nuestra condición de ciudad de frontera dedicada al comercio ha prevalecido sobre todos los esfuerzos por desarrollar una vocación económica distinta que nos proteja de la caprichosa situación del mercado fronterizo, del precio de las monedas de ambos países y del clima de la diplomacia binacional. Cada día dependemos más del comercio y de Venezuela, como ha sido evidente en los últimos meses a raíz del auge de compradores venezolanos que inundan las calles de la ciudad y sus centros comerciales portando sus tarjetas de crédito con cupos de dólares subsidiados. ¿Qué tal que de un momento a otro, todo lo eche a perder algún imprudente amigo de José Obdulio?


19/12/08

EL ORÍGEN DE LAS PIRÁMIDES

No hacía mucho que el Sr. Karl Lippert, de origen alemán, había llegado al país para asumir la presidencia de Bavaria, recién adquirida por SABMiller, cuando concedió una entrevista a El Tiempo, publicada el 2 de diciembre de 2007, donde mostraba su condición de recién llegado y su escasa familiaridad con las redes de compromisos oligopólicos que gobiernan nuestra economía de carteles lícitos e ilícitos. Dijo entre otras cosas, lo que sigue:

“No existe ninguna relación entre el oficio del banco central de controlar la inflación con el crecimiento de las tasas y el brutal crecimiento de las tasas de interés de los bancos al consumidor. (…) ¿Por qué los bancos le han aumentado al público el 11,2 por ciento en los créditos, cuando el banco central apenas ha subido 1,5 por ciento? (…) La gente va a comenzar a sentir plenamente el año entrante, cuando reciba las facturas de sus créditos con tarjeta, el impacto brutal de las tasas de interés sobre sus presupuestos. Sus ingresos se van a ir en pagar las deudas que generan las altísimas tasas de interés.”


El revuelo que causaron estas afirmaciones, que no provinieron de un ciudadano común y corriente, sino del presidente de una empresa emblemática y poderosa, pronto pasaron al olvido con la complicidad de la prensa, mientras que a Mr. Lippert le comenzaban a explicar cómo funcionaban las cosas en Colombia y cómo participaba su empresa en el juego de privilegios del que también toma parte la banca. La lección debió quedar bien aprendida, y desde entonces la voz de Mr. Lippert no se oye por ninguna parte.


Además de sus prerrogativas usurarias, a nuestra banca se le ha concedido la dispensa del riesgo, haciendo cierto aquel irónico principio según el cual para solicitar un préstamo hay que demostrar no necesitarlo. Los bancos van a la fija, su principal cliente es el Estado y no corren el riesgo de prestarle dinero a quienes lo necesitan realmente. El resultado es que, según Asobancaria, solo un cuarto de la población tiene acceso a servicios financieros, cuando ese porcentaje en las economías desarrolladas alcanza el noventa por ciento.


Como efecto de la aversión al riesgo y la proclividad a la especulación de la banca, y del fracaso del gobierno para regular y promover otras formas de ahorro y crédito cooperativo, la población colombiana no ha tenido acceso al mercado legal de servicios financieros y ha sido puesta en manos de la informalidad, del paga diario, de los prestamistas, los usureros, las prenderías y las pirámides.


No es cierto que el origen de las pirámides sea la afición de los colombianos pobres al dinero fácil. El gusto por el dinero fácil también explica la devoción de la banca legal por los negocios sustanciosos, fáciles y sin riesgo como los préstamos al Estado, a los que destina la mayor parte de sus fondos, o el gusto por los negocios de especulación financiera e inmobiliaria que involucran a muchos de los grandes capitalistas del país.


Nuestras pirámides están edificadas sobre la exclusión social y económica que no ha permitido a la población pobre familiarizarse con los servicios financieros legales de ahorro y crédito, lo cual le ha dificultado el financiamiento de sus iniciativas empresariales. Y están edificadas también en el afán especulativo, no solo de los ahorradores pobres, sino de quienes limitan los circuitos de circulación del capital para que no financien la capacidad de generación de riqueza de los pobres y se quede alimentando los circuitos especulativos y usurarios del capitalismo financiero, cuya proverbial codicia ha sido nuevamente puesta al descubierto por la reciente crisis internacional.


10/12/08

LOS "FALSOS POSITIVOS"

En algunos aspectos nuestro país es mejor hoy que hace seis años. En otros es mucho peor. La desmovilización de los ejércitos paramilitares comandados por los jefes que se concentraron en Ralito y la ocupación de sus antiguas zonas de influencia por el Ejército Nacional es lo mejor de todo cuanto ha hecho Álvaro Uribe. El repliegue de la guerrilla y la rehabilitación de algunas vías que ahora se transitan con mayor seguridad ha sido otro logro que propició un ambiente de confianza en el futuro del país y produjo la sensación de que el Estado colombiano tenía la capacidad de derrotar militarmente a la subversión. Así queda resumido el éxito del actual gobierno y la fuente de su persistente popularidad.

Quizá solo una persona como Álvaro Uribe podía ser capaz de lograr la desmovilización de los ejércitos paramilitares. Aunque Uribe no fue un paramilitar, desde los días de su primera campaña presidencial era notorio que su presencia resolvía un problema de liderazgo político en el seno de las bases sociales del paramilitarismo que se sentían representadas en un terrateniente antioqueño golpeado por la subversión, con quien compartían amigos, aficiones y hasta negocios.


La capacidad del nuevo gobierno para convocar a la sociedad colombiana en torno al Ejército Nacional y la causa antisubversiva surtió efecto, pero propició el florecimiento de las antiguas contradicciones de nuestra guerra. Una guerra que enfrenta a dos ejércitos de pobres, en donde las clases medias uribistas que apoyan al Ejército Nacional no están dispuestas a empuñar un arma ni a permitir que sus hijos lo hagan, y defienden una guerra en la que van a luchar los colombianos más pobres a quienes nuestra economía no puede ofrecerles un empleo y los obliga a convertirse en desocupados, delincuentes, guerrilleros, paramilitares o soldados y policías rasos. Una guerra que convierte a los colombianos pobres en soldados profesionales y los obliga a dar “positivos”, so pena de no dejarlos salir los domingos y restringirles las vacaciones, y les exige resultados como si se tratara de un ejército ajeno de mercenarios. Esa es la guerra fácil de las clases medias colombianas que respaldan al Presidente de la República, una guerra que parece haber alcanzado otro punto de equilibrio, que aunque más favorable al Estado que el equilibrio de hace seis años, no conduce ni a una victoria ni a una derrota.


Es tal la capacidad de simulación y de autoengaño de este país que ama la guerra sin amarla que ya ni siquiera sabemos que ha pasado. Según la Revista Semana 1383 pg. 34, las cuentas de la guerra no las entiende nadie por cuenta de los “falsos positivos”. Se calcula que en 2002 había 45000 guerrilleros. Según el Ministerio de Defensa, entre 2002 y 2008 hubo 59000 guerrilleros abatidos, capturados o desertores, y estima en 14000 el número de integrantes de la guerrilla actualmente. O la guerrilla tiene una gran capacidad para regenerarse o las cifras están plagadas de “falsos positivos”.


Las dificultades del trámite legislativo de la segunda reelección, que seguramente no se producirá, le ofrecen al país la oportunidad de buscar un nuevo liderazgo que sea el fruto de un consenso democrático más sereno y no de un plebiscito sobre la paz o la guerra, tal como ocurrió al finalizar el gobierno de Andrés Pastrana. Ojalá no esté lejos una negociación que conduzca a una paz de verdad, así sea costosa, y nos saque de esta guerra de engaños, sobre cuyos resultados inciertos quiere afincar su gloria un gobierno edificado sobre los vicios ancestrales de nuestro orden social, como el autoritarismo, el clientelismo y la guerra fácil de los “falsos positivos”.


10/12/08

LA NUEVA CENTRAL DE TRANSPORTE

Es lamentable que en algunas cuestiones esenciales para el progreso de la ciudad la actual administración municipal esté siguiendo los pasos desafortunados de la anterior, como ocurre con el caprichoso proyecto de la Nueva Central de Transporte de Pasajeros.

Pese a que el Plan de Ordenamiento Territorial, basado en estudios muy serios y costosos, concluyó que el lugar indicado para su construcción es el borde del anillo vial oriental entre los puentes internacionales de Ureña y San Antonio, la administración municipal anterior decidió construirla en la vía a Puerto Santander, cuatro kilómetros al norte del anillo vial occidental que no ha comenzado a construirse aun, y fuera del perímetro urbano.


El informe de una firma mexicana recientemente contratada para elaborar el estudio de factibilidad de la obra insistió en la conveniencia del sitio previsto originalmente en los estudios del POT, en favor del cual obran razones muy obvias. Sin embargo, se sigue insistiendo obstinadamente en la vía a Puerto Santander argumentando que los lugares sugeridos al borde del anillo oriental están fuera del municipio de Cúcuta. Si los abogados del Municipio son tan poco ingeniosos como para que permitan la prevalencia de criterios legales tan restrictivos nunca será posible desarrollar el Área Metropolitana, a la cual debe estar destinada la nueva Central, y no exclusivamente a Cúcuta.


Resulta obvio suponer que si la obra se construye lejos del anillo vial en la ubicación mencionada no tardará en aparecer un pequeño terminal en el Municipio de Los Patios, que resultará favorecido tanto por los usuarios que viajen al interior del país pasando por Bucaramanga como por la ruta del sistema de transporte masivo que algún día conectará a Cúcuta y ese municipio. Además, se perderá la posibilidad de crear un centro de operaciones logísticas de transporte de carga y pasajeros al borde del anillo vial oriental entre los puentes de Ureña y San Antonio, en un lugar donde también se proyecta la construcción del puente de Tienditas y de una Central de Carga.


La ciudad y su Área Metropolitana deberían reflexionar más sobre este asunto para evitar correr el riesgo de construir un elefante blanco.


Post Data: A propósito de las recientes quejas de Homecenter, que responsabilizan al municipio del retraso en la inauguración de ese centro comercial por la supuesta demora en la expedición de una licencia para trasladar un tubo matriz del acueducto, me permito transcribir apartes de una carta que junto con Adip Numa Hernández dirigí a la Alcaldesa y el Personero Municipal el pasado 10 de julio.


“Una vez la pasada Administración Municipal convirtió ilegalmente el Bosque Popular en Bien Fiscal, vendió sus 33.331 M2 por menos de la mitad de su justo precio, por cerca de $300.000 M2, cuando los predios adyacentes se cotizan por sumas que duplican dicho valor, causando un grave detrimento patrimonial al Municipio. (…) Además de que su destino inicial fue ser convertido en un Parque Metropolitano, por el Bosque Popular está trazada la Calle 13 para conectarla con la Diagonal Santander. (…) La tubería matriz de 16” del Acueducto de Cúcuta se extienden por debajo del trazado de la misma en los terrenos del Bosque, prueba de lo cual es que el día 8 de julio del presente año se produjo su rotura como consecuencia de los trabajos de excavación que realiza la firma constructora de Home Center, provocando un gran derrame de agua que llegó hasta la Avenida Libertadores y obligó al cierre temporal durante dos días del suministro de agua para más del 70% de la población de la ciudad.”


10/12/08