SI TIENE CARRO, PAGUE

Acaba de aparecer un excelente documental en Discovery Chanel, que será presentado durante octubre, sobre el problema del transporte urbano en Sao Paulo. Las figuras centrales del programa son Jaime Lerner, el famoso exalcalde de Curitiba, y Enrique Peñaloza, quienes junto con otros expertos en urbanismo estudian las experiencias de Ciudad de México, Bogotá, Londres y Curitiba, como fuente de soluciones para el problema de Sao Paulo.

La conclusión del documental es que la movilidad mejora cuando los ciudadanos utilizan el transporte público y dejan el carro en la casa, lo que ocurre solo si el transporte público es rápido y de alta calidad, de lo cual Transmilenio es un buen ejemplo para las ciudades que no tienen dinero para construir y mantener un metro, que requiere del permanente subsidio estatal.


La otra conclusión, también alcanzada en el reciente evento “Bogotá 2038: Foro por una Ciudad Global” del que aparece un informe en la revista Dinero (Sept. 26/2008 Pgs. 53-58), es que en la misma medida en que mejore el transporte público, la ciudad debe incrementar los impuestos por el uso del carro particular, a propósito de lo cual el caso de Londres es ejemplar: cuando se extendieron y mejoraron las líneas del metro y de buses, el peaje urbano por ingresar con carro particular al centro de la ciudad llegó a costar 20 dólares.


Puesto que generalmente las ciudades crecen en anillos alrededor de un centro administrativo y de comercio que se congestiona progresivamente, los peajes urbanos deben recaudarse en las vías ya construidas de acceso rápido al centro, lo que fomenta el uso del transporte público. Según esta fórmula, los peajes que tenemos en Cúcuta son anti técnicos. No están sobre nuevas vías y hasta la fecha las únicas obras que existen por su cuenta son la ampliación de las casetas de cobro.


Aunque la experiencia de Londres o Sao Paulo parezca alejada del caso cucuteño, la verdad es que tenemos los mismos problemas. Cúcuta tiene unas dimensiones parecidas a las de Curitiba, la ciudad en la que hace treinta años se inventó el sistema de transporte que luego se copió en Bogotá (Transmilenio), México, Santiago y hasta en Yacarta. Su principio es desestimular el transporte privado en favor del público, otorgando exclusividad en las calles a la circulación de los buses articulados y reformando el sistema de propiedad de las flotas de buses convencionales para disminuir el número de microempresarios transportadores y conductores con salario a destajo que generan la guerra del centavo.


Un célebre economista del siglo XIX dijo que las sociedades más desarrolladas le muestran a las menos desarrolladas la imagen de su propio futuro y el camino para alcanzarlo. Por consiguiente, lo que hay que hacer en Cúcuta en materia de tránsito ya está inventado. Nuestro problema de congestión en las calles del centro, que hace que trayectos muy cortos se recorran en 45 minutos durante las horas pico, tiene mucho que ver con el exceso de carros, cuya adquisición es estimulada por los bajos precios de los vehículos y la gasolina en Venezuela.


Ante las dificultades que ha tenido el Pase Amigo, el municipio necesita expertos en derecho tributario que se ingenien la forma de diseñar y cobrar algo que se parezca a un impuesto de rodamiento. Necesita también con urgencia establecer restricciones al tráfico como el “pico y placa”, pero antes que nada necesita una reforma profunda y expedita del sistema de transporte público. Las recetas para lograrlo se conocen desde hace mucho tiempo, pero se necesitan técnicos y funcionarios competentes que al menos sean capaces de copiarlas de donde ya existen.


14/10/08