EL CENTRO ES EL PURGATORIO

Ojalá sea cierto que en breve Ecopetrol podrá importar gasolina venezolana para venderla en la frontera. Por fin habría dinero de la sobretasa a la gasolina para reparar lo que en Cúcuta con mucho acierto llamamos “malla” vial, porque al igual que una malla, está llena de huecos. Como en Cúcuta hay pocos carros de matrícula colombiana abastecidos con gasolina nacional, en la misma escasa proporción se recauda el impuesto de rodamiento y la sobretasa a la gasolina, no son muchos los que tienen autoridad moral para exigirle al Municipio que nuestras calles y avenidas sean como las de Bucaramanga. Mientras no haya sobretasa a la gasolina importada, habrá huecos.

Afortunadamente no todo lo que perjudica al tránsito cucuteño se soluciona con dinero. Sus problemas más graves son puramente administrativos y sus soluciones ya fueron inventadas hace años en otras ciudades, para fortuna de los cucuteños y de los funcionarios de la Secretaría de Tránsito que solo tienen que “cortar y pegar”, como se dice en la jerga de los computadores.

Entre dichos problemas administrativos se cuenta la anarquía del tráfico de vehículos públicos y privados que ha convertido el Centro en algo que se debe parecer al Purgatorio. Ya es hora de establecer el “pico y placa” para los carros particulares, como medida transitoria mientras se emprende una reforma profunda del sistema de transporte público. La ciudad no soporta más busetas viejas entregadas a la guerra del centavo cuando desde hace años ciudades como Bogotá y Medellín han diseñado formas más racionales para administrar el transporte público en busetas, modificando el régimen de propiedad de las flotas, asalariando a los conductores para que manejen sin afanes respetando los paraderos y creando un sistema centralizado de recaudo y preventa de los pasajes.

Aun aquellos a quienes nos desagradó la pasada administración municipal, debemos reconocer que puso de acuerdo a los transportadores para crear la empresa operadora de un sistema de transporte masivo que podría ser también el punto de partida de una reforma al transporte público en busetas. No es justo que un trabajador residente en un barrio distante del Centro tenga que padecer el castigo diario de dos horas metido entre una “lechuza” vieja, que escarmienta a quienes lleva adentro y también a quienes están por fuera sufriendo los rigores del atasco bajo el sol radiante del mediodía cucuteño.

Adicionalmente, las Secretarías de Tránsito y de Planeación deberían proponerle al Municipio un plan de exenciones tributarias que invite a los propietarios de lotes ubicados en el Centro a construir parqueaderos de varios niveles, tal como se hizo en Bogotá para hacer posible que miles de vehículos pudieran estacionarse sin ocupar espacio en las vías, como frecuentemente tenemos que hacerlo en Cúcuta desde los tiempos remotos en que los parqueaderos se saturaron y es necesario dejar las llaves del carro en manos de sus empleados. Entonces nos estacionamos en la calle mientras hacemos apresurados e intranquilos nuestras diligencias porque sabemos que en cualquier momento llega la grúa, convirtiéndonos acaso, según afirman muchos viejos y suspicaces habitantes de esta ciudad cuyos nombres he olvidado, en partícipes de procedimientos non santos para rescatar al pobre carro.

Ojalá que llegue pronto la importación legal de la gasolina y con ella el dinero de la sobretasa para tapar los huecos. Ojalá llegue también de alguna parte la capacidad administrativa, la voluntad y el conocimiento de las soluciones ya inventadas que pueden ponerle fin al caos en que se ha convertido el tráfico cucuteño.

20/8/08

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