OBSERVACIONES SOBRE EL PROYECTO DE ACUERDO QUE BUSCA CAMBIAR EL USO DEL SUELO Y VENDER VARIOS PARQUES Y OTRAS ZONAS DE USO PÚBLICO DE LA CIUDAD DE CÚCUTA

julio 27 de 2016

El día viernes de la semana pasada, el alcalde de Cúcuta radicó ante el Concejo Municipal varios proyectos de acuerdo. Entre ellos hay uno que inquieta muchísimo. Se titula  “POR EL CUAL SE CONCEDEN FACULTADES AL ALCALDE MUNICIPAL DE SAN JOSÉ DE CÚCUTA, PARA COMPRAR BIENES INMUEBLES, VENDER ACTIVOS Y CAMBIAR EL USO DE LAS AREAS DE CESIÓN TIPO 1 Y CONVERTIRLAS EN BIENES FISCALES DESTINADOS A EDUCACION, SALUD Y EJECUCIÓN DE LOS PROYECTOS APROBADOS EN EL PLAN DE DESARROLLO 2016-2019 “SI SE PUEDE PROGRESAR”, Y SE DICTAN OTRAS DISPOSICIONES”

El proyecto de acuerdo plantea vender activos del municipio para conseguir $300.000.000.000 que se destinen a financiar megaproyectos del plan de desarrollo aprobado recientemente.

No discuto la conveniencia de conseguir dinero para financiar ese plan, que por cierto, incluye obras públicas que considero necesarias. Lo que no acepto es que la Administración Municipal plantee que el dinero se consiga vendiendo parques y zonas de uso público. Eso es inaceptable en Cúcuta, donde tenemos un enorme déficit de espacio público: 2.5 m2/habitante cuando la Ley establece como mínimo 10 m2. Tanto, que cuando nuestros jóvenes quieren jugar fútbol con frecuencia tienen que alquilar una cancha sintética. Eso no pasa en una ciudad verdaderamente desarrollada.

Puede que haya unas pocas zonas de uso público que puedan venderse, como zonas de cesión que hayan sido apropiadas y cercadas por conjuntos cerrados violando normas de urbanismo. En esos casos puede plantearse una compensación económica en favor del Municipio, pagada por los particulares que se apropiaron del terreno.

Pero quienes somos defensores de oficio de lo público, y quienes hemos corrido riesgos por evitar, con éxito, que particulares se apropien de zonas de uso público, como trataron de hacerlo con el Parque Bavaria, no podemos aceptar que un proyecto así se apruebe sin una discusión amplia que involucre a toda la ciudadanía.

Invito a que todos conozcamos este proyecto. El documento radicado en el Concejo Municipal y que reposa en la secretaría de esa entidad, lo pueden conseguir también en la página www.pedroduranbarajas.blogspot.com o en mi página en Facebook. También en el enlace

https://dl.dropboxusercontent.com/u/91606681/MUNICIPIO%20CUCUTA%202016/ACUERDO%20CAMBIO%20USO%20SUELO%20Y%20VENTA%20ACTIVOS%20CUCUTA%202016.docx

El proyecto de acuerdo señala 54 sectores de la ciudad en los que hay cerca de un centenar de predios de uso público que podrían ser vendidos.

A continuación señalo algunos de los casos más relevantes:

7.300 m2 del barrio Paz y Progreso del Norte, sobre el anillo vial
4.500 m2 en el antiguo galpón del Idema en Claret
11.000 m2 en la intersección de la Avenida del Río con el anillo vial
5.000 m2 en la urbanización Minuto de Dios, en la comuna 8
15.000 m2 de la urbanización Natura en Boconó
40.000 m2 del barrio Aniversario en La Libertad
3.500 m2 del barrio Colinas del Norte en la comuna 6
4.700 m2 en la urbanización Govica frente al Centro Cristiano Los Pinos
7.000 m2 en la urbanización Heliópolis en Boconó sobre el anillo vial
3.300 m2 en el Nuevo Escobal
3.600 m2 en la urbanización Limonar del Norte sobre el anillo vial
25.000 m2 en la urbanización Metrópolis junto al barrio García Herreros
9.000 m2 en la urbanización Molinos del Norte
3.500 m2 en la urbanización El Bosque
50.000 m2 en Niza
8.500 m2 de la urbanización Portal de Las Américas
5.000 m2 en la urbanización Valles del Rodeo
5.000 m2 en la urbanización Villa Camila
5.000 m2 de la urbanización Villas del Escobal
4.000 m2 de la urbanización Rincón del Escobal

Invito a que los arquitectos, los constructores, los presidentes de juntas de acción comunal, los ediles, los periodistas y todos los vecinos de Cúcuta interesados en preservar el patrimonio de la ciudad lo conozcan y se pronuncien.

Mejor que vender parques, argumentando que están abandonados o corren el riesgo de ser invadidos, sería convertir en política municipal que las juntas de acción comunal fueran apoyadas para la recuperación y el embellecimiento del espacio público desaprovechado. Los programas comunidad – gobierno también deberían servir para recuperar parques.

Es necesario que la ciudad discuta, uno por uno, cada uno de los casos de cambio de uso del suelo planteados en ese proyecto de acuerdo que pone en riesgo 324.000 m2 de zonas de uso público, cerca del 20% del total disponible en Cúcuta que reduciría de 2.5 a 2.0 m2/habitante, y que visto en su conjunto resulta muy inconveniente para la ciudad, sentando un precedente gravísimo que seguramente resonará en todo el país.

Pedro Durán Barajas


Parque de Niza
INTERVENCIÓN EN REPRESENTACIÓN DE LA CORPORACIÓN CÚCUTA DE TODOS
Cúcuta, jueves 19 de febrero de 2016

Audiencia pública sobre los nueve meses del cierre de la frontera



En este auditorio, señores congresistas, y en la Corporación Cúcuta de Todos que represento y de cuyo presidente Jorge Acevedo, ausente por compromisos personales fuera del país, les transmito un especial saludo, hay cucuteños y nortesantandereanos de distintas orientaciones políticas y de opiniones muy diversas frente a los grandes problemas del país. Pero hay algo que nos convoca hoy: la grave crisis de Cúcuta y la esperanza de que Ustedes puedan ayudarnos a encontrarle salida.

El desempleo, la inseguridad, la dificultad para iniciar empresas nuevas o para sostener las que hay; el desconcierto y la angustia que le causa a miles de familias tener que replantear sus actividades de subsistencia, sin ningún apoyo y sin ninguna orientación de nadie, están haciendo terriblemente dura la vida en Cúcuta.

Hay quienes ante la actual situación sostienen, fantasiosamente, que Cúcuta debe desarrollar un modelo económico que nos permita olvidarnos de Venezuela, como si pudiéramos trastear la ciudad por los aires y llevarla a otra parte. Pero eso nunca será posible. Es cierto, si, que en Cúcuta tenemos que desarrollar un sector productivo independiente del comercio informal de la frontera. Que debemos trabajar muy duro en el desarrollo de la agroindustria, de la minería y de las empresas de servicios asociadas a las TIC´s, que puedan sortear mejor las desventajas de la distancia geográfica y de la regular infraestructura de carreteras. Pero esos cambios de vocación económica tomarán mucho más tiempo del que esta ciudad es capaz de aguantar con la frontera cerrada.

Hace un par de semanas, el Presidente de la República afirmó que en Norte de Santander estamos contentos con el cierre de la frontera. Quizá algunos pocos lo estén, pero lo que muestran con claridad esas declaraciones es que el centro del poder nacional no está bien informado de la situación económica y social de Cúcuta y por eso, eventos como este de hoy, son muy importantes.

Nosotros, como la gran mayoría de los cucuteños, nos oponemos al contrabando, y tenemos muy claro que debemos desarrollar una economía que nos permita no ser dependientes del comercio fronterizo, pero la frontera cerrada no nos ayuda en eso, sino que nos perjudica, porque esta ciudad, señores congresistas, es una ciudad binacional, una condición poco conocida en el interior del país, y que nosotros mismos los cucuteños tampoco la hemos asumido bien. No somos una ciudad binacional porque estemos en la frontera, sino porque el Área Metropolitana de Cúcuta, en la práctica, la integran también las ciudades de Ureña y de San Antonio, respectivamente adyacentes a Cúcuta y a Villa del Rosario al otro lado del Río Táchira; en donde viven 100.000 personas, de las cuales casi la mitad son colombianos y están vinculados directamente con Cúcuta, por lo que el cierre de la frontera ha dividido a miles de familias, pobres la gran mayoría de ellas, que son los primeros afectados directos de este problema.

Desde hace década y media la vida de la frontera ha sufrido la desmejora progresiva que todos conocemos. Pero no tratemos de señalar culpables. En la búsqueda de la solución que necesitamos, no demos el primer paso desplegando una posición crítica frente al gobierno vecino que desencadene un juego de acusaciones mutuas entre ambos gobiernos como ya ha pasado antes. Eso solo agravaría el problema actual de los cucuteños, que Ustedes quieren ayudarnos a solucionar.

Ustedes pueden hacer un aporte invaluable a la apertura de la frontera y a la normalización de la vida en Cúcuta, si le hacen saber al Gobierno Nacional que aquí la mayor parte de la gente no está contenta con el cierre fronterizo. Que en cambio, estamos siendo gravemente afectados por esa decisión del gobierno venezolano, y que le exigimos al Gobierno Nacional que asuma el compromiso de hacer lo posible por abrir la frontera entablando las conversaciones necesarias para lograrlo.

El Gobierno Nacional y los cucuteños debemos entender algunas condiciones obvias de nuestros vecinos, que son además de mutua conveniencia. La principal de ellas y la que más los afecta es el contrabando hacia nuestro país de combustibles y de productos subsidiados de los que hoy están desabastecidos. Es un compromiso básico, no solo con Venezuela sino con la industria nacional y con las rentas nacionales y locales. Para eso está la Ley Anti-contrabando que el pueblo cucuteño estaría dispuesto a respetar si sabe que es una condición necesaria para la reapertura de la frontera. Si el contrabando se controla con el esfuerzo de ambos gobiernos, se debilitarán también las organizaciones criminales que se lucran de ese negocio.

El paso más inmediato para aliviar la situación de Cúcuta es la apertura de la frontera. Si logramos ese objetivo, será perenne, señores congresistas, la gratitud que sentimos por su presencia en Cúcuta y por su disposición generosa para entender y solucionar los problemas que se viven en esta parte de Colombia.




TIBÚ: EL FIN DEL PETRÓLEO Y DE LA COCA

Fuente de la imágen: http://radiomacondo.fm/wp-content/uploads/2014/08/tib%C3%BA.jpg

El precio de referencia internacional del petróleo ronda los 30 dólares por barril, pero el barril de petróleo crudo colombiano, en vista de sus características físicas, se paga más o menos a 20 dólares. En el viejo campo de producción de Tibú se producen 3000 barriles diarios. Son muy pocos, pero cualquiera diría que le reportan a Ecopetrol utilidades diarias. No es así. Los costos de producción de ese campo son de casi 50 dólares por barril, por lo que cada barril extraído implica la pérdida de 30 dólares.

En el yacimiento de Tibú hay un centenar de empleados directos de Ecopetrol y muchos otros más de empresas contratistas. Ante los bajos precios internacionales y los altos costos de producción, se tomó la decisión de eliminar casi por completo los contratistas y dejar el campo operando a mínima marcha con solo con 40 trabajadores directos. La producción pasará de 3000 a 2000 barriles al día, pero esos 2000 barriles tendrán un costo de producción inferior, y Ecopetrol perderá menos dinero.

Campo Río Zulia, otro de los pequeños yacimientos de Norte de Santander, que hace muchos años era un departamento petrolero y hoy está a punto de dejar de serlo por completo, produce apenas 400 barriles diarios con un costo muy inferior a Tibú, y funciona con solo 12 operarios. Se decidió entregar ese campo a un operador privado que le venderá los 400 barriles a la Refinería de Barrancabermeja. Ecopetrol prefiere pagar el petróleo a precios de mercado que perder dinero por cada barril producido.

El mercado internacional le impone a Norte de Santander, y muy especialmente al Catatumbo, la necesidad de abandonar para siempre el sueño petrolero que ha dado hasta para pensar fantasiosamente en “mini refinerías” (qué cosa más absurda), y nos obliga a entender que la única salida del Catatumbo es el fin de la guerra y la llegada de inversiones asociadas a los programas del post-conflicto, que posibiliten su desarrollo agroindustrial. 

La palma de aceite es el mejor ejemplo de que sí es posible tener cultivos vinculados a una cadena agroindustrial que sean fuente de riqueza para el Departamento. Claro, también la palma nos ha hecho entender la necesidad de crear modelos de producción que deterioren menos los suelos y los cauces. Es un reto que los nortesantandereanos debemos asumir.

El 26 de febrero protestaban los tibuyanos contra la decisión de reducir a su mínima expresión el campo de producción petrolífero de su municipio y suprimir más de un centenar de empleos y otros negocios asociados al yacimiento, que irrigan su economía. Debemos ser solidarios con las razones de esa protesta, pero sin desconocer la realidad, que impone el fin de la era petrolera y la era cocalera del Catatumbo.

En la paz y en el post conflicto debemos lograr que el Catatumbo se integre a Cúcuta y al país. Esa región es nuestro entorno rural más próximo y más prometedor.

Sueño con el día en que los cucuteños no solo vayamos los fines de semana a Chinácota o El Zulia, sino también a Tibú y La Gabarra. Para que ese sueño sea posible, necesitamos que antes se haga realidad otro más importante: el fin de la guerra.

LA RELACIÓN ENTRE REFICAR Y "LA COMUNIDAD DEL ANILLO"

Fuente:www.radionacional.co/sites/default/files/senalradio/articulo-noticia/galeriaimagen/reficar_0.jpg

Norte de Santander recibió cerca de 700 mil millones de pesos en regalías en el cuatrienio pasado. Eso es más o menos 200 millones de dólares, con la tasa de cambio a 3.400 pesos por dólar. 300 millones de dólares es también, más o menos, lo que totaliza la ejecución presupuestal anual de un municipio como Cúcuta o de un departamento como Norte de Santander.

Con estas cifras en dólares quiero darles una idea de lo que pueden ser 4.000 millones de dólares, que es lo que a su vez podrían llegar a valer los sobrecostos de la más grande inversión de Ecopetrol en los últimos tiempos: la Refinería de Cartagena, mejor conocida por su nombre comercial Reficar, y los 8.000 millones de dólares que se pagaron por su modernización. De esa plata, Ecopetrol le debe hoy 5.000 millones de dólares a la banca norteamericana.

Resulta que estaba apenas comenzando la discusión pública sobre Reficar, que dió hasta para portada de la revista Semana el domingo pasado, cuando de un momento a otro cambiamos de tema, y pasamos del posible desfalco de 4.000 millones de dólares que posiblemente involucraría miembros de la cúpula del Gobierno Nacional, para dedicarnos a hablar de la “Comunidad del Anillo”.

Ahora el tema de debate público en el país, es si el ex general Palomino le pedía o no le pedía favores sexuales a sus subalternos, o si el señor es gay o no es gay, o si Vicky Dávila hizo bien o hizo mal en publicar las grabaciones del ex senador y ahora ex viceministro Carlos Ferro; si Vicky Dávila y Carlos Ferro han debido renunciar o han debido quedarse. Todo además para descubrir que el agua moja y que el acoso sexual laboral, así como se da entre los heterosexuales se da también entre los homosexuales y los bisexuales.

Todo esto está muy mal y me parece muy digno de ser investigado y sancionado, pero sinceramente creo que se trata, antes que nada, de una cortina de humo para bajarle el volumen a una discusión mucho más importante para el país como la de Reficar, porque se refiere a un presunto hecho de corrupción que se calcula al menos diez veces más grave que el de los Nule, y que nos va a afectar muchísimo a todos los colombianos porque va a desfinanciar el presupuesto nacional por varios años.

En Brasil, el escándalo de PetroBras, que es muy parecido al de Reficar, tiene en la cárcel a personas que fueron ministros, senadores y gerentes de Petrobras, y casi tumba al gobierno de Dilma Rousseaf, y en este momento tiene a todo Brasil pensando en la manera de reorganizarse moralmente y legalmente para poder seguir ambicionando ser una potencia económica.

Aquí en Colombia en cambio, ese gran debate político y periodístico por un posible peculado que podría ser hasta 15 veces el presupuesto de una ciudad capital como Cúcuta o de un departamento como Norte de Santander, lo estamos cambiando por la telenovela de la “Comunidad del Anillo”, y eso tal vez no sea una casualidad sino una cortina de humo muy bien hecha.

Finalmente les cuento que una cosa es acompañar a este gobierno en un propósito nacional como el proceso de paz y otra muy distinta que por cuenta de la simpatía que muchos tenemos por ese proceso, dejemos de ver que en la alta cúpula de este gobierno, comenzando tal vez hasta por el mismo Ministro de Hacienda, que desde 2008 está en la Junta Directiva de Ecopetrol, se estén haciendo las cosas muy mal y se esté descuidando la plata de todos y obligando a que en el presupuesto nacional se tengan que hacer recortes en salud, en educación y en infraestructura que tanto necesitamos regiones como Norte de Santander.

EL ZIKA Y EL CHICUNGUNYA EN CÚCUTA: ¿POR QUÉ SOMOS LOS PRIMEROS?

Cúcuta es por mucho la capital del país más afectada por el virus del Zika y también fue la más afectada por el virus del Chikungunya. Los casos reportados suman miles y con seguridad los no reportados suman un número muchas veces mayor.

No se trata de una casualidad sino de un fenómeno que corre el riesgo de repetirse con virus que sobrevengan. En una entrevista publicada en la edición de la revista Semana del día de ayer 14 de febrero, Manuel Elkyn Patarrollo, un científico muy reconocido por sus investigaciones sobre virus tropicales, afirma que el mismo mosquito Aedes Aegypti muy seguramente será transmisor en Colombia de otras enfermedades tropicales que ya están presentes en África y algunas de ellas en también en América, y muy seguramente Cúcuta será de nuevo la ciudad del país más afectada por enfermedades que tienen el mismo vector de transmisión.

Hasta el momento nadie se ha preocupado por establecer la causa que nos hace la ciudad más afectada de Colombia por el Zika y el Chicungunya.

Una posible explicación, es la existencia de un problema generalizado de saneamiento básico por la falta de atención al sistema de alcantarillado pluvial superficial. Los canales de aguas lluvias de Cúcuta no son mantenidos ni por el Municipio, ni por Aguas Kpital, ni por las empresas de aseo. El Municipio no tiene personal para hacerlo; tampoco está dentro de las obligaciones contractuales de Aguas Kpital, ni dentro de las obligaciones de las empresas de Aseo. Es un problema que el Municipio debe solucionar porque puede ser una de las causas del problema.

Otra posible causa es la proliferación de tanques aéreos caseros que no son adecuadamente mantenidos. Es posible que Cúcuta sea la ciudad que más tanques aéreos tenga en el país. Hasta donde sé, tampoco hay estudios que permitan afirmarlo con certeza, pero si es un fenómeno que se nota a simple vista y se explica por el problema de continuidad en la prestación del servicio de acueducto que arrastró la ciudad durante muchos años, y que aun cuando ha venido solucionándose, todavía se ve en algunas parte de la ciudad. En las ciudades donde el suministro de agua es continuo, normalmente no hay tanques aéreos domésticos porque no son necesarios. Si esa fuera la causa de la proliferación del Aedes Aegypi en Cúcuta, deberíamos innovar alguna solución, como la utilización de larvicidas aplicados al agua directamente en la planta de tratamiento en épocas de alto riesgo de epidemia.

Lo cierto es que el problema no se soluciona simplemente fumigando e invitando a prevenir el estancamiento de agua en las casas. Si así fuera, ya habríamos atajado el Zika, porque eso es precisamente lo que está haciendo la Secretaría de Salud Municipal.

El problema hay que investigarlo mejor y para eso deberían servir nuestras universidades, y si no son capaces, el Municipio, contando con expertos en salud pública, debería establecer cuál es la causa real del problema, porque ayer fue el Chikungunya y hoy el Zica, pero mañana puede ser algo mucho más grave, como advierte Patarroyo, y Cúcuta será nuevamente la ciudad más afectada del país.

Para ir a la entrevista del Dr. Patarroyo utilice el siguiente enlace:

Esta fue mi posición durante la epidemia de Chicungunya:

Política y gestión pública en Cúcuta desde 1960
Suplemento dominical de La Opinión
Agosto de 2015

En los 55 años comprendidos entre 1960 y 2015, la gestión pública del Municipio de Cúcuta puede estudiarse dividiendo el período en dos mitades casi exactas separadas por la reforma constitucional de 1986, un hito del proceso descentralizador colombiano por cuenta del cual desde 1988 los alcaldes se eligen por votación popular. 28 años hay desde 1960 hasta 1988, y 27 años desde 1988 hasta hoy.

La descentralización ha buscado democratizar y desarrollar los departamentos y municipios. No en todos los casos lo ha logrado. Como todavía no hay estudios que permitan conocer objetivamente si la descentralización ha sido buena o mala para Cúcuta, intentaré buscar especulativamente algunas respuestas.

En materia de gestión pública, lo que diferencia con mayor claridad estos dos períodos (1960-1988 y 1988-2015), es que durante el segundo de ellos el municipio tiene más dinero y mayor participación en el gasto público total. La Constitución de 1991 creó un modelo fiscal territorial que después recibió el nombre de Sistema General de Participaciones (SGP), por el cual se transfieren dineros del presupuesto de la Nación a los presupuestos de los departamentos y municipios para gastar en salud, educación, recreación y saneamiento. Durante la década de los 60, 70 y buena parte de los 80, esos gastos los ejecutaba el nivel central del Estado, de manera directa o mediante sus oficinas territoriales. Hoy, los municipios ejecutan muchos de esos esos recursos que les son transferidos por el SGP.

En resumen, la elección popular de alcaldes, y más dineros provenientes de impuestos nacionales girados al presupuesto municipal con el título de transferencias es lo que marca la diferencia en Cúcuta y en todos los municipios colombianos entre antes de 1988 y el cuarto de siglo que ha corrido desde 1991 hasta hoy.

Los años anteriores a 1988 y 1991 eran tiempos de un modelo fiscal y político centralista, heredado de la Constitución de 1886. Puesto que los alcaldes eran nombrados por el gobernador, y éste a su vez por el Presidente de la República, y siendo que la mayor parte del gasto público provenía de la Nación, el diálogo político entre la Nación, los departamentos y sus municipios capitales, era intermediado por los congresistas, de cuyo consenso resultaba casi siempre el nombramiento del gobernador y los alcaldes. En esa época casi toda la inversión importante en infraestructura, incluso la infraestructura para el desarrollo urbano, la ejecutaba la Nación, en medio de negociaciones políticas con las élites regiones representadas por los congresistas.

En el caso nortesantandereano, el liderazgo político del Frente Nacional lo ejercieron figuras como Lucio Pabón, Argelino Durán, Virgilio Barco, Enrique Vargas y León Colmenares. Los dos primeros eran conservadores oriundos de la Provincia de Ocaña. Los tres últimos eran liberales de Cúcuta. Iniciando los años 80, entre los congresistas se contaron dirigentes vinculados a liderazgos nacionales de mayor contenido popular y democrático como los de Julio César Turbay y Belisario Betancur. Fue el caso de los liberales cucuteños Jorge Cristo y Félix Salcedo. Del consenso entre todos estos dirigentes resultaron muchos de los alcaldes nombrados en Cúcuta entre 1960 y 1988

A partir de 1988 los alcaldes ya no fueron nombrados sino elegidos, y los congresistas dejaron de ser el cónclave que junto con el Presidente los escogía. Además, a partir de 1991 a los alcaldes se les entregó una gran bolsa de recursos. Surgieron entonces líderes populares que cobraron notoriedad en todo el país. ¿Quién no recuerda al “cura” Bernardo Hoyos en Barranquilla o a Apolinar Salcedo en Cali? Otro tipo de liderazgo apareció en ciudades con una clase media más numerosa, como Bogotá y Medellín. Fue el que protagonizaron Antanas Mockus y Sergio Fajardo.

Ninguno de los anteriores, ni Bernardo Hoyos ni Apolinar Salcedo, ni Mockus ni Fajardo tenían raíces en élites políticas regionales. Todos fueron líderes populares. El primer par tuvo un balance regular. En cambio, al segundo par se le asocia con la modernización política del país.

También en Cúcuta la democracia cambió en el último cuarto de siglo. Nuestros más representativos líderes populares surgidos de la elección popular de alcaldes son, en orden cronológico, Pauselino Camargo, Ramiro Suárez, María Eugenia Riascos y Donamaris Ramírez. Hay que entenderlos como el fruto de la democratización política local. Son los líderes que hemos producido y son nuestra responsabilidad. Son la expresión cucuteña del proceso de descentralización.

Nadie, que yo sepa, ha evaluado el desarrollo cucuteño fijándose en el gasto público, y comparando los períodos 1960-1988 y 1988-2015. Sugeriré algunos puntos de referencia para hacer una evaluación que corra por cuenta de cada lector, sin que pueda evitar translucir mi propia opinión.

Los años 60 y 70 presenciaron el auge del modelo desarrollista de la CEPAL que combinó protección arancelaria a la industria local con fuerte gasto público del gobierno central, en buena medida basado en deuda externa. Ese modelo colapsó en los 80, pero dejó mucho de lo que tenemos hoy en Cúcuta. A mediados de los 60, Cúcuta tenía 140.000 habitantes y 234.000 a mediados de los 70. A esas dos décadas debemos lo más importante de nuestra infraestructura urbana actual.

Las autopistas a San Antonio, Atalaya y Sevilla. El Canal Bogotá y sus carriles paralelos, quizá la obra de ingeniería más importante de Cúcuta. La UFPS, el Aeropuerto Camilo Daza, la Central de Transporte Terrestre. A la primera parte de los 80 debemos el Hospital Erasmo Meoz y la Avenida Libertadores. Al período comprendidos entre 1960 y 1988 se debe también buena parte de nuestra infraestructura de servicios públicos.

Seguramente, de manera proporcional al número de habitantes de la época, Cúcuta recibió mucha más inversión en infraestructura durante los gobiernos de Valencia, Lleras, Pastrana, López, Turbay, Betancur y Barco (1962-1990), que de los gobiernos más descentralizados de Gaviria, Samper, Pastrana, Uribe y Santos (1990-2015). Aunque en esa segunda etapa el presupuesto municipal fue bastante mayor, nuestra ciudad y muchas otras ciudades intermedias experimentaron un cambio de dirigencia política: de las élites bipartidistas tradicionales del Frente Nacional se pasó a las élites populares que trajo la elección de alcaldes. Ese cambio tuvo como consecuencia inicial gran ineficiencia y malversación en el gasto público. Mientras aprendemos a manejar la democracia y la descentralización administrativa, las hemos usado para cometer grandes errores.

Una hipótesis aplicable al caso de Cúcuta y de las restantes capitales regionales, es que la desaparición de las viejas élites políticas de los años 60, 70 y 80, más experimentadas en el diálogo y en la negociación con las élites nacionales centralistas, dio paso a una nueva dirigencia parlamentaria sometida y condicionada por los alcaldes y gobernadores populares, que después de 1991 se convirtieron en los verdaderos jefes políticos locales, dueños de la mayor chequera y de la mayor burocracia pública por cuenta del proceso descentralizador. En las regiones de menor desarrollo, como Cúcuta y Norte de Santander, el resultado de ese cambio no ha sido bueno, y ha deteriorado la capacidad negociadora de los congresistas ante el gobierno y la tecnocracia nacional.

“¡Democracia, bendita seas aunque así nos mates!” La frase de Guillermo Valencia en el funeral de general Rafael Uribe Uribe vale también para Cúcuta y otras ciudades del país. Saber usar la democracia política y fiscal que nos trajo el proceso descentralizador supone un aprendizaje largo, pero algún día, ojalá, lo sabremos aprovechar mejor, como lo han hecho Medellín, Bogotá y Bucaramanga.


Mantener la fe en la paz
Miércoles 22 de julio de 2015

La política internacional le entregó al proceso de paz colombiano dos hechos que crean un ambiente muy favorable para seguir creyendo que es posible alcanzar un acuerdo definitivo entre el Estado colombiano y las Farc.

El restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos es el más importante y el más cercano de esos dos hechos. El segundo, aunque más distante y poco familiar para los colombianos, es más aleccionador: el acuerdo entre las siete grandes potencias nucleares e Irán.

Desde 1979 Irán está controlada por un partido clerical conservador. Desde entonces ha promovido grupos armados en Oriente Medio afines al Islám Chiita, la religión oficial del régimen iraní. En el Líbano, Yemén e Iraq y en dondequiera que existan minorías o mayorías chiitas sometidas, Irán ha alentado partidos o grupos armados, siempre en contra de Israel, Estados Unidos y sus aliados árabes sunitas.

La supuesta intención iraní de hacerse a armas atómicas suscitó un bloqueo económico que ha lastrado su economía tanto como entre nosotros la guerra entre el Estado, las guerrillas y los paramilitares.

El acuerdo alcanzado entre Irán y los países occidentales más Rusia y China, ha hecho temer a todo el islam sunita que esa nación, desencadenada de los grilletes de las sanciones que limitan su crecimiento económico, en los años venideros comience a crecer y al cabo de poco tiempo cree un desequilibrio político en favor del Islam Chiita.

Eso es previsible porque Irán es un país con gran territorio, grandes recursos naturales y una población numerosa y educada, que en medio de las limitaciones de su régimen teocrático es quizá junto con Turquía el único gran país islámico con las instituciones propias de una república democrática.

La situación económica de Irán y sus posibilidades de crecer rápidamente una vez se libre de las sanciones económicas, en mi opinión se parecen bastante a lo que hoy pasa en Colombia y a lo que le sobrevendría al país una vez lleguemos a un acuerdo político para dejar atrás el enfrentamiento con las Farc y ojalá también con el Eln.

Más desconfianza y más animosidad belicosa alimentada por odios ancestrales y religiosos, amén de intereses políticos y económicos enormes, pudieron ser superadas después de jornadas de negociación muy largas entre Irán y las siete potencias nucleares, lo que muchos consideran el inicio de una relación menos tensa y con posibilidades de mejorar aún más entre ese país y Estados Unidos.

Todavía restan muchos y complicados pasos para que el acuerdo se perfeccione, pero ya es un ejemplo de lo fructífera que es la paciencia a la hora de negociar posiciones que parecían insuperables.

Entre Cuba y Estados Unidos pasó lo mismo. Viejos recuerdos de la guerra fría, de intentos de invasión, de insultos recíprocos y de enfrentamientos en lugares tan variados, desde Colombia hasta Angola, pararon en un restablecimiento de los lazos diplomáticos y la reapertura de embajadas.

Son dos ejemplos de cómo conflictos más profundos que el nuestro, animados por odios mayores y con enemigos mucho más grandes de su salida negociada, pudieron superarse mediante el diálogo. Nos animan a mantener la fe en intención firme del gobierno y la subversión de seguir conversando en La Habana y mantienen nuestra esperanza en la pronta finalización de la guerra para poder comenzar a crecer.


La nueva rectora de la UFPS
Miércoles 15 de julio de 2015

La decisión, tomada en segunda instancia por el Consejo Superior de esa entidad después que se hubiera celebrado hace poco una consulta entre los estamentos universitarios, confrontó su nombre con el de Carlos Flórez Góngora, persona cuyas notables calidades profesionales, académicas y científicas espero ver algún día al servicio de la rectoría de la UFPS, y no dejo de lamentar que no hubiera sido desde ya. 

Como también la profesora Claudia Toloza es una persona inteligente y capaz, en ella afinco mi esperanza en que la UFPS acelere tanto el ritmo de su crecimiento como el de su contribución al desarrollo regional.

Los puntos de partida de su gestión son desiguales. Recibe una Universidad con mucha estabilidad financiera, mucho más grande en número de estudiantes, presupuesto e infraestructura de lo que era hasta hace poco, pero con un retraso relativo altísimo frente a otros centros de educación superior del país.

Espero que la profesora Toloza logre durante su administración que la UFPS vea crecer su número de docentes de planta, y que los vincule mediante una convocatoria amplia y exigente, que garantice la llegada de las personas más talentosas y capaces, dotadas con las mejores calificaciones académicas.

Nuestra UFPS, tristemente, tiene muchos profesores de planta perezosos que hacen muy poco, afirmación que es fácil sostener con indicadores precisos. Entre sus escasos profesores de tiempo completo, que no llegan a ser 150, se produce poquísima literatura científica, y la gran mayoría de ellos no tienen reconocimiento alguno en el país, no hablemos del exterior, ni por ser buenos profesores ni por ser buenos científicos. Ese aire de medianía debe cambiarse para que la UFPS le responda mejor a nuestros jóvenes y a nuestras empresas.

Ojalá al cabo de unos pocos años la UFPS duplique el número de docentes de planta con cientos de personas graduadas en programas de maestría y doctorado en universidades que tengan reconocimiento el menos regional, y entre los que haya hombres y mujeres de ciencia que ayuden a proyectar el desarrollo tecnológico de las empresas de Norte de Santander, cosa que en este momento no se ve sino en una medida insuficiente.

En áreas como la agroindustria y la informática está el futuro económico de Norte de Santander, pero su desarrollo solo llegará cuando tengamos una masa crítica de ingenieros y científicos competentes que produzcan conocimientos útiles para desencadenar procesos de desarrollo tecnológico que nos permitan competir. Así funciona cualquier economía desarrollada en el mundo, y espero que algún día nosotros seamos uno de tantos casos exitosos para mostrar. Si la profesora Claudia Toloza nos acerca algo a ese punto, le quedaría muy agradecido como nortesantandereano.

La UFPS y todas nuestras demás universidades públicas y privadas deben esforzarse por no seguir produciendo profesionales para el rebusque local, formados a partir de una nómina docente poco calificada y pagada casi toda ella por “hora-cátedra”. Eso es lo que hoy por desgracia tenemos. Cambiarlo debe ser un propósito vinculado a una estrategia de desarrollo regional que sume esfuerzos de distintas vertientes, pero el liderazgo es de la UFPS y dentro de ella, de la profesora Toloza, a quien le deseo la mejor de las suertes en beneficio de todos los nortesantandereanos.


Carta al Presidente sobre la Ley Anticontrabando
Miércoles 1º de julio 2015

Muchos cucuteños creemos que el Gobierno Nacional debe tener mejores herramientas jurídicas para combatir el contrabando, que le hace daño a nuestra región porque estimula organizaciones criminales, afecta el empleo y la productividad, y somete a nuestros productores agrícolas a una competencia ruinosa.

Además disminuye las rentas por venta de licores, cigarrillos y combustible, lo que limita la capacidad de nuestro Departamento para llevar a cabo sus funciones.

Pero debe Usted saber que en Cúcuta existen condiciones económicas que son únicas en Colombia porque la frontera a la vez nos une y nos separa con Ureña y San Antonio que son parte de nuestra misma ciudad, por lo que en nuestra Área Metropolitana el comercio transfronterizo es un hecho cotidiano.

Los cucuteños no queremos ver a miles de conciudadanos y pequeños comerciantes que diariamente cruzan los puentes internacionales, penalizados severamente por llevar a cabo prácticas comerciales que si bien en estricto sentido pueden entenderse como contrabando, entre nosotros son de uso corriente.

En su condición de Presidente de la República le corresponde a Usted ejercer la potestad reglamentaria para la buena ejecución de las leyes. Por lo tanto le pido que tenga en cuenta nuestra condición de Zona de Frontera y la condición aún más particular de “Unidad Especial de Desarrollo Fronterizo”, para que dentro del marco legal que desde hace tiempo existe nos otorgue un tratamiento especial que haga aplicable sin traumatismos la “Ley Anticontrabando”.

La Constitución Política dice en su artículo 337 que “La ley podrá establecer para las zonas de frontera, terrestres y marítimas, normas especiales en materias económicas y sociales tendientes a promover su desarrollo.” Al amparo de esta norma se expidió la Ley 1991 de 1995 o Ley de Fronteras en cuyo artículo 4º se afirma que serán “Unidades Especiales de Desarrollo Fronterizo, aquellos municipios, corregimientos especiales y Áreas Metropolitanas pertenecientes a las Zonas de Frontera, en los que se hace indispensable crear condiciones especiales para el desarrollo económico y social mediante la facilitación de la integración con las comunidades fronterizas de los países vecinos, el establecimiento de las actividades productivas, el intercambio de bienes y servicios, y la libre circulación de personas y vehículos.” Únicamente el Área Metropolitana de Cúcuta y otros 27 municipios colombianos tienen esa especial condición.

Le pido que al amparo de esa excepcional categoría que tiene nuestra ciudad, cuando le corresponda a Usted reglamentar la Ley, esté muy atento a la voz de nuestros comerciantes, de sus gremios y de nuestras autoridades locales. Le pido que tenga en cuenta la difícil y especial situación económica del Área Metropolitana de Cúcuta, íntimamente asociada a las ciudades vecinas de Ureña y San Antonio, que desde un punto de vista geográfico forman parte de nuestra misma metrópoli.

Confío en que a través suyo se haga realidad la promesa que sobre este proyecto de Ley tantas veces pregonaron los funcionarios del Ministerio de Hacienda durante su defensa en el Congreso, donde no se cansaron de sostener que su objetivo es perseguir a los grandes contrabandistas sin afectar a los pequeños comerciantes de las zonas de frontera.

Señor Presidente, muchos cucuteños esperamos que una vez esta Ley sea objeto de su sanción, se reglamente y aplique de tal forma que con ella no se cometan injusticias castigando a quienes en su condición de pequeños comerciantes de la frontera mitigan la informalidad y el desempleo, sino a las grandes organizaciones a cuya sombra crece la criminalidad que asuela nuestra ciudad más que ninguna otra en Colombia.


TICs
Miércoles 17 de junio de 2015

La reciente historia económica de Cúcuta puede asemejarse a la de Pereira en algunos aspectos, como que allá el declive del negocio cafetero, así como entre nosotros el del comercio fronterizo, golpeó el principal sector de ambas economías regionales.

Aunque la integración de Risaralda a los mercados nacionales es mucho mayor que la nuestra por cuenta de la geografía y la infraestructura, desde los primeros años de la década pasada la dirigencia pereirana hablaba con insistencia de la pérdida de competitividad de su región; de la desindustrialización, del crecimiento negativo de la economía risaraldense respecto del promedio nacional y del incremento de la pobreza.

De los esfuerzos por lograr la recuperación económica de Pereira resultaron dos propuestas iguales a las que se han sugerido para el caso cucuteño. El ecoturismo y el desarrollo de las capacidades locales para producir software y servicios asociados a las tecnologías de la información y la comunicación.

En lo que respecta al ecoturismo se han obtenido resultados importantes que son conocidos en todo el país. Las primicias de la segunda apuesta, más ambiciosa, de mayor riesgo y de largo plazo, está poco a poco conociéndose.

Las claves para recuperar nuestra economía son más o menos las mismas que progresivamente comienzan a mostrar resultados allá.

Llevamos un buen tiempo hablando de desarrollo ecoturístico y al respecto hay proyectos en etapa de formulación en varias entidades públicas como el Área Metropolitana y la Gobernación, que con un poco más de voluntad en la alcaldía entrante seguramente comenzarán a das sus primeros y definitivos pasos.

La apuesta por desarrollar capacidades tecnológicas que nos permitan comercializar el talento de nuestros jóvenes ingenieros electrónicos, de sistemas y de telecomunicaciones, como los que se forman desde hace varios años en las universidades cucuteñas, es un asunto del que se está comenzando a hablar pero sobre el que hemos avanzado muy poco, salvo algunos esfuerzos aislados de entidades como Proempresas y algunas universidades, pero que distan mucho de hacer parte de una estrategia de desarrollo regional.

En una región como la nuestra con universidades, dos de ellas públicas, que han formado varias promociones de ingenieros en disciplinas directamente vinculadas con las TICs, con infraestructura institucional como la del SENA y el Centro Tecnológico de Cúcuta, con recursos de regalías disponibles para ese tipo de cometidos y que se desperdician precisamente porque no hay proyectos formulados; y sobre todo, con tan grandes problemas de competitividad por cuenta de la geografía y la infraestructura vial que nos aleja de los grandes mercados nacionales, es obvio que uno de los renglones económicos que deben promoverse es el de la prestación de servicios asociados a las TICs y el desarrollo de software.

El alcalde y el gobernador entrante deben promover una estrategia de emprendimiento dirigida a respaldar a jóvenes ingenieros electrónicos, de sistemas y de telecomunicaciones para que se conviertan poco a poco en empresarios que detonen procesos de desarrollo donde las carreteras y la distancia geográfica no sean la excusa perenne de su fracaso.


Ecoturismo urbano
Miércoles 10 de junio de 2015

Entre las ciudades importantes de mundo que tienen cerros internos, no hay ninguna, me atrevo a afirmarlo, que no los aproveche de manera pública o privada. Casi siempre los cerros se convierten en zonas residenciales exclusivas.

Otras veces son reservas ecológicas o sede de varios tipos de comercio de recreación que aprovecha las bellezas del paisaje.

En Cúcuta, salvo el barrio Bellavista que tuvo un importante desarrollo residencial sobre zona de ladera, y otro caso más que se proyecta en los cerros sobre la prolongación de la Avenida Cero, no se ha aprovechado bien la belleza de nuestros cerros internos para desarrollos residenciales.

Menos aún para el esparcimiento público, pese a ser mayoritariamente pública la propiedad del suelo en la cadena más importante de cerros que se extiende entre los barrios Belén y Sevilla formando una barrera natural entre el valle del Pamplonita y la Ciudadela de Juan Atalaya.

Los cerros occidentales de la ciudad a los que me refiero tienen el que quizá es el paisaje más bello del perímetro urbano de Cúcuta. Sus puntos de observación más conocidos como La Virgen de Fátima, La cruz del Calvario en el barrio 28 de Febrero o La Columna de Padilla en el barrio Loma de Bolívar, podrían integrarse en un recorrido peatonal complementado con una ruta ecoturística entre paisajes boscosos fácilmente recuperables que podrían extenderse sobre la ruta que se traza sobre sus crestas.

La ruta que se extiende desde Belén, pasando por Rudesindo Soto, Gaitán Parte Alta, Fátima, 28 de febrero y Los Alpes, pese a estar urbanizada de manera informal sobre un suelo arcilloso con alto riesgo de deslizamiento, puede ser objeto de recuperación forestal en algunos tramos unidos por un sendero ecoturístico que integre puntos de observación que pueden llegar a tener un importante valor turístico.

A pesar del riesgo de los suelos de esos puntos de Cúcuta, falta mucho tiempo para que la ciudad piense en un programa de reubicación de las miles de casas edificadas en ambas faldas de los cerros occidentales.

Menos cuando ya el Municipio adelantó intensivamente programas de pavimentación mediante el mecanismo “comunidad-gobierno”, y cuando ya se ha establecido el servicio de acueducto comunitario conocido como “pilas públicas”.

Después de validar la urbanización informal con inversión pública en vías y acueducto, es muy difícil pensar en reubicaciones.

En cambio es forzoso intentar recuperar el valor paisajístico de los cerros como complemento de la recuperación del entorno urbano para sus habitantes y para todos quienes los visitemos para disfrutar de sus bellezas.

Aprovechar el paisaje y darle a la ciudad nuevos lugares de recreación necesita más de ingenio que de dinero. En puntos de la ciudad como ambas faldas de los cerros occidentales y otras zonas de ladera como Santo Domingo, Cuberos y Alfonzo López, donde el déficit de espacio público es el más grande de Cúcuta por la conjunción del urbanismo informal con las dificultades del terreno, es importante lograr que los cerros recobren su valor como bellezas naturales de nuestro paisaje urbano y zonas de recreación de las familias de Cúcuta.


Protesta de un estudiante de la UFPS
Miércoles 27 de mayo de 2015

Un estudiante de Derecho de la UFPS está en huelga de hambre desde hace siete días; una manera de protestar que compromete la propia integridad y por eso supone una gran determinación y una enorme fuerza de voluntad, cosa poco común sobre todo en un joven estudiante.

Carlos Bolívar, el protagonista de la huelga, es representante legal de una veeduría ciudadana. La causa inicial de su protesta es la existencia de dos procesos disciplinarios en su contra que tramitan los órganos directivos de la Universidad, al considerar que funcionarios o dependencias de la UFPS han sido irrespetadas por los términos en que el joven veedor se refiere a ellos en la página en Internet de la “Procuraduría Ciudadana UFPS”. Un desenlace posible de esos procesos es la suspensión por varios semestres del estudiante.

Según la noticia presentada por El Espectador, medio que ha cubierto la noticia en dos notas recientes, el veedor afirmó, refiriéndose a la UFPS, que “la división de sistemas es un foco angular de corrupción y clientelismo”, y que “el Consejo Superior acolita la mediocridad y la pereza”.

No me referiré a la veracidad de estas afirmaciones porque, sobre todo en lo tocante a la segunda de ellas, se basan en valoraciones que pueden tener una buena carga de subjetividad y versan sobre hechos y situaciones de las que no estoy bien informado. Si puedo en cambio argumentar que quienes ejercen el oficio de veedores u opinadores públicos están facultados para ofrecer su propia percepción de hechos, de personas o de entidades que por ser públicas están naturalmente expuestas al escrutinio y la apreciación subjetiva de cualquiera.

¿Qué tal que me diera por decir en esta columna que la alcaldía de Cúcuta es foco de corrupción, y entonces esa misma entidad ante una instancia propia, por ejemplo el Consejo de Gobierno, me iniciara un proceso disciplinario por irrespeto?

Ese tipo de procesos disciplinarios o judiciales, cuando se refieren a afirmaciones que tienen una carga argumental consignada en un medio escrito, así tales argumentos puedan calificarse como subjetivos, dan lugar a lo que se llama un delito de opinión.

Si el caso del estudiante Carlos Bolívar tuviera lugar en una universidad del Medio Oriente, de China, de Rusia, de Cuba, o tal vez en un seminario, me parecería un hecho común y lamentable propio de una sociedad autoritaria y represiva. Pero que ocurra en una universidad pública colombiana solo me parece un indicador de lo mucho que nos falta para sentirnos un país completamente libre y desarrollado.

Desde esta modesta columna de opinión, exhorto respetuosamente al Rector de la UFPS y al Gobernador de Norte de Santander, quien preside el Consejo Superior Universitario, a que le pongan término a esa vergonzosa acción disciplinaria que ya es noticia nacional, contra un estudiante que no solo es brillante y aplicado, sino que además muestra en sus actuaciones públicas una convicción y una valentía que antes que sanción merecen recompensa.


Construir y recuperar parques
Miércoles 20 de mayo de 2015

El próximo alcalde de Cúcuta debe gastar más dinero recuperando los parques de la ciudad. Hay cerca de trescientos que necesitan adecuaciones. Invertir, como lo ha propuesto, cerca de cien millones en cada uno no es ningún sueño sino apenas una propuesta modesta que suma treinta mil millones de pesos. Siete mil quinientos millones cada año. Una entidad municipal descentralizada como el Instituto Municipal para la Recreación y el Deporte IMRD no debería invertir menos que eso en una ciudad de 700.000 habitantes como la nuestra.

Las normas que regulan los planes de ordenamiento territorial dicen que las ciudades colombianas deben darle a cada habitante por lo menos 10 metros cuadrados de espacio público. Cúcuta tiene 700.000 habitantes; deberíamos entonces tener 7 millones de metros cuadrados: 700 hectáreas sumando parques y escenarios deportivos. Apenas tenemos 150 hectáreas, que es menos de 2.5 metros cuadrados por cucuteño.

Pero recuperar los parques que ya tenemos no acrecienta la cantidad de espacio público. Carlos Luna ha propuesto el canje tierras por deudas de impuesto predial que tienen con el Municipio grandes terratenientes urbanos, sobre todo esos que reclaman enormes extensiones de tierra ya urbanizada en la ciudadela de Juan Atalaya y los barrios del sector de El Aeropuerto y El Salado.

En esas partes de la ciudad, hay personas naturales y jurídicas dedicadas al negocio de la escrituración a miles de vecinos que desde hace mucho tiempo tienen casas y que por su larga permanencia habitándolas deberían tener ya la condición de propietarios sin necesidad de pagar por ese derecho. Esos grandes terratenientes urbanos, involucrados muchos de ellos en procesos de urbanización ilegal no planificada que le hacen un grave daño a Cúcuta, no están al día con sumas multimillonarias de impuesto predial y deberían cederle al municipio tierras que amplíen el banco local de tierras de uso público. Esa es la única manera que tiene Cúcuta para acrecentar el espacio público con un presupuesto tan modesto como el que tenemos hoy.

La construcción de parques en zonas canjeadas por deudas de impuesto predial y la recuperación de los existentes se puede hacer en algunos casos con las Juntas de Acción Comunal mediante convenios “comunidad-gobierno”, con los que se han pavimentado las vías de la mayor parte de los barrios de Cúcuta. El Municipio entrega materiales de construcción y contrata ingenieros que dirijan la obra civil, y los vecinos aportan la mano de obra. Es una manera de hacer rendir el presupuesto.

No solamente el Municipio de Cúcuta debe gastar dinero creando espacio público y recuperando el que está deteriorado. Un “Plan Maestro de Creación y Recuperación de Espacio Público” puede ser cofinanciado también por el Departamento, como lo ha consentido William Villamizar en su condición de candidato a la Gobernación, o por el Gobierno Nacional tal como se ha hecho en otras ciudades capitales. Está equivocado quien hace poco dijo que no se podía.

Construir y recuperar parques no es ninguna promesa engañosa como las 20.000 casas de hace cuatro años. Es una respuesta realista ante una urgente necesidad de Cúcuta.


Promover la vida nocturna
Miércoles 13 de mayo de 2015

Partiendo de lo que es obvio, y sin llegar todavía a lo que es discutible, así en Cúcuta los alcaldes malos y después la fuerza de la costumbre nos inviten a pensar al revés, podemos afirmar que cualquier ciudad importante promueve la vida nocturna porque muchos de los servicios asociados a los placeres del turismo y hasta de la contemplación artística están asociados a la noche.

Del teatro, del ballet o de la ópera, y de los restaurantes, las discotecas, los bares, los cafés, los cines y los casinos se sale casi a la media noche o en la madrugada. La vida nocturna siempre es complemento de la identidad de cualquier capital mundial, y aun cuando en Cúcuta estamos lejos de serlo siempre habrá algunos románticos que acariciemos la intención de llegar a parecerlo algún día.

Me resisto a creer que los establecimientos de comercio que integran nuestra precaria vida nocturna estén asociados a la intensificación de la delincuencia. Dejando de lado el problema del uso del suelo, antes que obligar al comercio nocturno a cerrar temprano para que no cunda el hampa, mejor sería que el Municipio dirigiera una estrategia colectiva para la recuperación de la vida nocturna que también mejore las condiciones de seguridad de Cúcuta. Por muy degradado que esté el entorno donde funcionen algunos negocios de rumba, sus propietarios siempre preferirán la seguridad y siempre estarán dispuestos a contribuir a ella.

Desde hace unos meses, en las páginas del Banco Interamericano de Desarrollo dedicadas al programa “Ciudades Emergentes” se insiste en la correlación entre el fomento de la vida nocturna y la disminución de la criminalidad, y se citan ejemplos de ciudades grandes y pequeñas del mundo entero que han recuperado entornos urbanos ruines, sobre todo en zonas céntricas, con el fomento de la vida nocturna como uno de los ingredientes para hacerlas más seguras.

Casi todos los programas de recuperación de andenes y fachadas en zonas céntricas buscan crear ambientes que recreen identidades y tradiciones urbanas que se complementan muy bien con la vida nocturna y son buenos escenarios de bares y cafés. Ejemplos cercanos se pueden encontrar en La Candelaria en Bogotá y casi que en cualquier ciudad que tenga alguna importancia. No veo porqué en Cúcuta no podamos hacer lo mismo en sectores del centro y del occidente como El Contento o La Playa, cuya arquitectura los hace ideales para ese tipo de empeños, del que el Centro Comercial a Cielo Abierto ya mostró que son posibles y exitosos.

Fomentar la vida nocturna supone esforzarse por mejorar también el transporte público nocturno, el alumbrado público y dispositivos públicos de vigilancia como videocámaras. Nada que esté fuera de nuestro alcance.


Así como este, todos los proyectos importantes que necesita Cúcuta son obvios. Pero como desde hace un buen tiempo no se emprende nada de veras importante, acabamos renunciando a lo obvio para enfrascarnos en lo discutible, como manda a cerrar negocios a las 11pm dizque para combatir la criminalidad.

Los grandes bazares
29 de abril de 2015

Dándole un repaso a las posibles formas de organización del comercio popular en otras ciudades del mundo que muestren caminos para mitigar el desorden del comercio informal en Cúcuta, los grandes bazares del medio oriente dan varias ideas útiles.

Teherán y Tabriz, son respectivamente la capital y la tercera ciudad en población de Irán. Ambas disputan por ser la sede del mayor bazar del mundo. Los grandes bazares de Teherán y Tabriz, el último declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, comprenden un amplio conjunto de calles cubiertas en el centro histórico de ambas ciudades, donde desde hace siglos se comercian alfombras, perfumes, orfebrería, mobiliario, vestuario, porcelana y pintura.

Esos mismos géneros se siguen comercializando en esos grandes bazares que son el destino de un exclusivo y costoso turismo que asiste atraído no solo por la singularidad de las especies de alfombras y joyas que se producen en Persia, sino por la belleza arquitectónica y el valor histórico del conjunto de calles cubiertas en ambas ciudades.

Otros grandes bazares como el de Estambul en Turquía, mucho más próximos a Europa Occidental, ya son parada habitual del turismo mundial.

Además de la manufactura artesanal los grandes bazares tienen un comercio semejante al de nuestros San Andresitos, tanto en lo tocante a su oferta como a la informalidad en materia de impuestos, que en el caso del Medio Oriente consiste más en privilegios que los comerciantes de los grandes bazares han conseguido a través de los siglos.

En Cúcuta estamos obligados a pensar en centros comerciales populares que permitan el acceso de muchos pequeños comerciantes y artesanos a puntos de venta estacionarios. La ciudad tiene que esforzarse por ofrecer esas facilidades entregando sus propios predios para que sean sede de esos edificios cuya construcción debe iniciarse.

Cuando al cabo de algunos años la ciudad tenga un mejor sistema de transporte público, puede ser posible la peatonalización de algunas avenidas céntricas que sean sede de una densa red de comercio informal, como varias cuadras de la avenida 6 o la calle 9 en el Centro. Para encontrar ejemplos sobre cómo hacerlo no es necesario ir a Teherán o Estambul.

Pueden verse también la manera en que lo han hecho muchas ciudades norteamericanas y de todo el mundo que tienen centros cubiertos peatonalizados.

En la búsqueda de caminos que le permitan a Cúcuta desarrollar rasgos que la conviertan en un lugar con atractivo turístico y al mismo tiempo le facilite a muchos pequeños comerciantes tener un punto de venta estacionario, no sobra tomar en cuenta ejemplos en todo el mundo, como los grandes bazares del oriente. 


La corrección del impuesto predial en Cúcuta
22 de abril de 2015

Hasta que la liquidación y el cobro del impuesto predial no fue un problema bogotano, tampoco fue problema nacional como si lo es hoy. Así funciona el centralismo.

En 2012 pasamos iguales o peores apuros en Cúcuta que hoy en Bogotá pero los titulares de los medios nacionales no lo registraron, no obstante que muchos desde las tribunas de la política, de los gremios o de la sociedad civil hicimos público nuestro disgusto.

El Gobierno Central nos ignoró porque el alcalde no quiso ser vocero del disgusto colectivo. En cambio no hacía sino frotarse las manos para salir a cobrar apenas pasara el alboroto y llegara la resignación.

Hoy las cosas están maduras en Cúcuta y en las capitales del país para que mediante acuerdos de los Concejos Municipales se module la liquidación del Impuesto Predial para evitar su incremento excesivo, como lo propone el candidato Carlos Luna.

El problema del Impuesto Predial Unificado, liquidado teniendo como base gravable el avalúo de los inmuebles hecho por el Instituto Geográfico Agustín Codazzi, radica en que siendo un impuesto sobre la propiedad inmobiliaria y no sobre los ingresos, afecta mayoritariamente a contribuyentes que tienen ingresos por pensiones, salarios o actividades económicas ajenas al negocio inmobiliario, por lo que a menudo ven crecer su ingreso en porcentajes inferiores al crecimiento del valor del inmueble en que residen o donde tienen la sede de su negocio.

Problema normal en un país con un sistema tributario benévolo con sus pocos ricos, que pagan proporcionalmente mucho menos sobre sus utilidades que lo pagado por los pobres y la clase media mediante impuestos como el IVA y el predial.

Puesto que el valor del suelo urbano puede variar merced a la restricción de su oferta, o a la tendencia a convertirse en reserva de valor para quienes tienen excedentes de capital, o a la especulación, es frecuente que los avalúos y su consiguiente impuesto crezcan más de lo que las familias pueden pagar.

En Bogotá han propuesto que la solución es limitar el incremento del impuesto al crecimiento del salario mínimo, para que el primero nunca se incremente de año en año en un porcentaje superior al doble del incremento del segundo.

Así se protege al contribuyente de un posible ataque especulativo sobre el suelo urbano que incremente su precio exageradamente.

Es una propuesta sencilla y fácil de adoptar, que bien puede hacerlo en nuestro caso el Concejo Municipal, siempre que al alcalde le plazca, puesto que tratándose de un acuerdo sobre un asunto tributario, solo puede ser de su iniciativa.

No olvidemos que la última actualización catastral en Cúcuta, que data de 2011, registró los precios de un momento de mucha especulación inmobiliaria, cuando los recuerdos dorados del Cadivi todavía hacían pensar a la gente que sus inmuebles valían oro. Como la burbuja se pinchó y hoy tenemos crisis, no sobra, como lo plantea Carlos Luna, una actualización parcial del catastro que reduzca los avalúos. Ese convenio debe hacerse con el IGAC. Sus costos no son muy altos y en cambio traerán mucho alivio a los propietarios cucuteños.


El trancón de ayer
15 de abril de 2015

Celebro que a partir de ayer -y perennemente- se lleve a cabo la Vuelta Ciclística del Gran Santander. Espero que el año entrante no me entere del evento por cuenta de un trancón monumental y del cierre inadvertido del centro de la ciudad durante toda la mañana.

¿Qué tal en medio de la crisis del comercio, dándonos el lujo de cerrar el centro durante un día hábil?

Que la primera etapa se corriera en el centro de Cúcuta trajo a mi memoria el Circuito de Mónaco de Fórmula 1, que lo corren anualmente en las calles del centro del Principado.

Ayer tuvimos algo de eso, más quizá por tener un tipo fatuo que se cree príncipe de Cúcuta.

Hago votos porque la Vuelta Ciclística del Gran Santander se convierta en un evento importante del deporte colombiano.

Que vaya echando raíces como un emblema de nuestra identidad regional y deportiva; que el año entrante el circuito inicie simbólicamente en el corazón de Cúcuta y recorra después la ciudad por vías externas que no la paralicen.

Seguro que los corredores hubieran preferido el anillo vial, a diez vueltas por el Centro.

Veamos si en Bucaramanga aguantan un príncipe alucinado que le dé por cerrar la ciudad durante todo un día laboral cuando corran allá la última etapa.

El cierre de la ciudad, no obstante la pérdida de tiempo y los retrasos que nos causó, sirve como los días sin carro para advertir que la movilización a pie y en bicicleta es una alternativa que vale la pena explorar.

Dándole un vistazo a las cifras de rutas exclusivas para bicicletas de las principales ciudades de américa Latina -para lo que invito a explorar el blog Ciudades Sostenibles del Banco Interamericano de Desarrollo- vemos que en Cúcuta, casi sin habérnoslo propuesto, estamos bastante adelante de la cifra promedio de kilómetros de ciclo rutas en las ciudades intermedias latinoamericanas.

Recordemos que tenemos ciclo carril en la Autopista de Atalaya, en la Avenida del Río, en varios tramos de la Avenida Libertadores, de la Avenida de Las Américas y en la Avenida del Canal Bogotá.

Con un aire tan polucionado por los cien mil carros que ruedan en Cúcuta, y un tráfico tan lento por cuenta de la mala administración, no cae mal, dentro de la estrategia de movilidad del siguiente cuatrienio, promover el uso de la bicicleta recuperando y extendiendo la red de ciclo rutas, demarcando carriles exclusivos y creando facilidades de estacionamiento.

Todo eso resultaría muy barato tratándose de ese medio de transporte, y no habría sino que copiar de las ciudades que lo han hecho ya con éxito, entre las que Bogotá ocupa todavía un lugar destacado.

Ojalá tengamos muchas más bicicletas en el centro el año entrante.

No para parar el tráfico, sino para facilitarlo.


Semáforos: condenados al trancón
8 de abril de 2015

En el presupuesto de Cúcuta de 2015 se reservan $5.000.000.000 para que los semáforos de la ciudad funcionen.

En la página 50 del Decreto 720 de 2014 que liquida el presupuesto municipal de 2015 se lee: “Programa infraestructura y movilidad; subprograma tránsito, transporte y movilidad: modernización, ampliación e instalación de la red semafórica y de cámaras para la detección electrónica de infracciones de tránsito: $5.000.000.000”.

El Secretario de Tránsito declaró hace pocos días a este periódico hablando del problema de los semáforos: “Esperamos que nuestro equipo de contratación inicie una licitación pública”.

Ya es abril, el cuarto mes del año. Al paso que va el Municipio, los semáforos serán inservibles durante todo el primer semestre de 2015, siempre que la licitación que apenas inicia no tiene tropiezos y los $5.000.000.000 se ejecutan bien.

No hay derecho a que habiéndose aprobado el presupuesto desde diciembre del año pasado, y siendo desde entonces claro que el dinero está disponible, apenas se estén dando los primeros pasos para solucionar uno de los problemas más urgentes de la ciudad y que mayores vergüenzas nos hace pasar ante quienes nos visitan.

Las opiniones sobre lo que puede costar la reparación de la red de semáforos van desde quienes sostienen que las intersecciones, al no estar sincronizadas, se pueden mantener y operar con poco dinero porque su tecnología es simple y barata, hasta quienes dicen que es necesario cambiar íntegramente el sistema, sincronizando entre sí muchas intersecciones e instalando cámaras que permitan expedir comparendos electrónicos.

Las anteriores alcaldías pudieron mantener con poco dinero la red de semáforos. Bastaba tener un contratista encargado de su mantenimiento periódico y las cosas funcionaron bien, hasta que la alcaldía actual decidió pensar en grandes cosas pero hacer muy pocas y muy despacio.

Durante los primeros años, los semáforos estuvieron descuidados mientras se soñaba con un gran negocio de Asociación Público Privada (APP) que asumiera las funciones de la Secretaría de Tránsito.

Después que no se pudo, y ahora que hay $5.000.000.000 disponibles, quién sabe qué estará pasando por la cabeza de lo que toman la decisión sobre cómo gastárselos, y mientras tanto, la congestión del tráfico debida en buena medida a que los semáforos no sirven, nos quita tiempo y nos dificulta la vida a todos.

Según declaraciones del Secretario de Tránsito, las fallas recurrentes se deben al tremendo calor que está haciendo, lo que seguramente no pasaba años atrás cuando en Cúcuta hacía frío.

Estamos ante una buena oportunidad para que entidades privadas, con ánimo de lucro o sin él, y sobre todo los empresarios y los gremios de transportadores, creen una veeduría para supervisar el gasto de esos $5.000.000.000. Hoy los procesos licitatorios tienen un grado de publicidad mayor debido a la obligación de hacerlos públicos por internet. Invito a todos los cucuteños y sobre todo a los transportistas a que le prestemos atención al negocio que está por iniciarse. Según mis cuentas, si ese dinero se gasta bien y no se pierde por el camino, debe bastar para que al finalizar el año los semáforos funcionen como en cualquier ciudad normal. Mientras tanto nos toca seguir condenados al trancón.


Turismo urbano
25 de marzo de 2015

Cuando leía ayer en las páginas de este diario la noticia sobre cómo un grupo de habitantes del barrio Antonia Santos busca el apoyo del Estado para desarrollar como atracción turística el “Mirador del Cerro del Nazareno” ubicado entre Antonia Santos y Cerro Pico, muy cerca de la vía al Zulia, recordé otra noticia de la prensa nacional sobre el proyecto “Las Rutas del Paisaje Cultural Cafetero”, galardonado el pasado mes por la Organización Mundial del Turismo (OMT), entidad dependiente de la ONU, como una de las innovaciones turísticas más destacadas del mundo en lo tocante a la manera en que combina el ecoturismo con la puesta en escena de la identidad cultural de una región.

En Cúcuta, ciudad que no es visitada por viajeros nacionales o internacionales sino cuando es paso obligado a otro destino, o cuando razones personales los hacen venir, tiene la obligación de pensar seriamente en la creación de hechos que la hagan digna de visita por el solo placer de recrearse con ellos. Eso es lo que hace de un lugar un destino turístico: que el solo placer de disfrutar las atracciones de la geografía física o humana sea el motivo de viajar hasta allá. Si lo han logrado en el Eje Cafetero, una región que en sí misma no tiene ningún atributo de la naturaleza que la haga superior a la nuestra, aquí también podemos hacerlo.

Fuera de la posibilidad de desarrollar el ecoturismo de campo en lugares como Pozo Azul y algunos otros puntos de nuestro territorio que tienen un valor excepcional por su paisaje y sus atractivos naturales muy originales, también sin salir del perímetro urbano, incluso muy cerca del centro de la ciudad, en Cúcuta hay varios puntos que pueden ser objeto de desarrollo turístico basado en la belleza de su ubicación.

La idea del “Mirador del Cerro del Nazareno” con el que sueñan los vecinos de Antonia Santos, es una que junto con otras como el “Cerro de la Cruz del Calvario”, el punto más alto de los cerros que separan el valle del Pamplonita de la Ciudadela de Atalaya, a un costado de los tanques del barrio 28 de Febrero, y el tradicional “Mirador de Cristo Rey”, hoy venido a menos y abandonado a la suerte por el Municipio, deberían ser ejes de proyectos de renovación urbana que tuvieran como detonante la recuperación paisajística de su entorno.

Si se revisan los proyectos de inversión nacional en turismo, se ve que el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo financia muchos en varias ciudades del país con características muy parecidas a los que Cúcuta podría presentar para hacer realidad.


Cómo hacer que la democracia funcione
11 de marzo de 2015

Un libro publicado en 1990 con el mismo título de esta columna hizo famoso a su autor, Robert Putman, un profesor norteamericano de ciencias políticas que en esa obra comparó las tradiciones políticas del norte y del sur de Italia. Como se sabe, el norte de ese país es próspero y muy bien integrado en la dinámica económica y comercial del centro de Europa. El sur en cambio, en regiones como Sicilia, Calabria y Nápoles, no sale aún del atraso y sigue siendo sede de viejas costumbres políticas vinculadas a la tradición mafiosa, a pesar de los grandes esfuerzos de Italia por superar ese lastre.

Una de las conclusiones del estudio de Robert Putman es que las prácticas de la política moderna italiana están fuertemente asociadas con la presencia nutrida en el norte de ese país de asociaciones de la “sociedad civil”, es decir, asociaciones no vinculadas directamente ni con el gobierno ni con la política, pero que son lugar de deliberación permanente de los ciudadanos sobre asuntos que conciernen a la vida pública.

Sindicatos, clubes sociales, organizaciones gremiales, clubes deportivos, fundaciones, asociaciones de vecinos, asociaciones religiosas y una larga lista de entidades hacen parte del secreto para que la democracia funcione, porque sin pretenderlo, se convierten en foros de discusión permanente que con el paso de los años son la mejor escuela de las prácticas políticas modernas y ajenas al clientelismo. Esta conclusión no vale para Italia sino para el mundo entero. Cualquier país con un alto nivel de desarrollo tiene ciudadanos vinculados a asociaciones civiles en un grado muchísimo mayor que el nuestro, y en buena medida es por eso que logran que sus procesos democráticos funcionen mejor.

La ciudadanía cucuteña está muy disociada y muy débilmente integrada mediante asociaciones que le ofrezcan la posibilidad de tener criterio político frente a algún tema entre los muchos concernientes a la política municipal, respecto a la cual reina la ignorancia. La cercanía de las elecciones hace circular las primeras encuestas de intención de voto de los cucuteños, y en ellas lo que más impresiona es constatar la enorme cantidad de personas que no piensan votar o no saben por quién hacerlo, que a estas alturas en Cúcuta suman 75% de quienes podrían votar.

La desconfianza, el desinterés y la incomprensión de la política local y de quienes la ejercen hacen que a última hora resulte elegido quién tenga más capacidad de movilización mecánica para arrastrar personas para quienes no tiene mucho sentido votar, por lo que ingenuamente lo hacen a cambio de muy poco. Para remediarlo, en Cúcuta hay que promover el surgimiento de mayores lazos sociales que integren a los vecinos y a los ciudadanos en general. El esfuerzo que el Municipio puede hacer para lograrlo debe orientarse a fortalecer los procesos de democracia local en los barrios, comenzando por la base de la pirámide, que son las Juntas de Acción Comunal y las asociaciones de madres.

Hay que fortalecer la democracia integrando las Juntas a las deliberaciones sobre presupuesto, planificación municipal y programas comunidad-gobierno para la recuperación de parques. Así se afianza y se aprende la democracia local mientras se crea seguridad y confianza en los barrios a partir del fortalecimiento de los lazos comunitarios.


Cúcuta, su entorno rural y la paz
4 de marzo de 2015

Entre los infortunios que los cucuteños hemos aceptado como cosa normal desde hace mucho tiempo, es vivir en una ciudad aislada de su entorno rural.

Cuando hacemos balances de los factores de nuestra crisis, a menudo olvidamos que las ciudades prósperas en Colombia y en cualquier otro país, salvo casos que son excepciones, están íntimamente asociadas a entornos rurales muy prósperos.

Es el caso de Bogotá y su tradicional vocación agropecuaria en la Sabana y el Altiplano Cundiboyacense; el de Medellín y las ciudades del Eje Cafetero que crecieron durante casi un siglo a la sombra de una gran economía agroexportadora; el de Cali y la caña de azúcar.

En Cúcuta en cambio, el Catatumbo, nuestro principal y más próximo entorno rural, es un territorio todavía hostil y peligroso. Prueba es que desde hace por lo menos treinta años muy pocos cucuteños van de paseo al Catatumbo. Salvo que la necesidad obligue, por allá nadie se asoma.

No conozco a nadie que haya ido recientemente de paseo a El Tarra, a San Calixto, Teorama o La Gabarra. Los cucuteños, y sobre todo los más jóvenes, cuando piensan en el campo, piensan en los paseos a Chinácota.

Cosa distinta ocurre en otras ciudades donde el campo no es solo fuente de recreación, sino prioritariamente de riqueza agrícola.

Norte de Santander es extraordinariamente promisorio como despensa agrícola del país, y lo sería ya si no fuera por la guerra.

El día en que nuestro desarrollo pueda volcarse sobre el procesamiento industrial de los frutos de nuestra propia agricultura comenzaremos a ser una ciudad normal.

El cultivo de la palma africana es un ejemplo en miniatura de lo que puede llegar a ser la industrialización del campo muy cerca de Cúcuta.

Nos hemos acostumbrado a pensar que el origen de la crisis cucuteña es que nuestra vocación es ser comerciantes y ya no tenemos a quien venderle. Eso no es cierto.

Nos hicimos solo comerciantes porque la posibilidad de tener una economía agroindustrial o de agroexportación como durante muchos años la tuvimos, se vio truncada por la llegada del conflicto al Catatumbo hace treinta años.

De no haber sido así, hoy seríamos una región próspera y con vocación agrícola.

Por eso, si acaso hay una ciudad en Colombia que necesite de la paz para desarrollarse, es la nuestra. Apostémosle al éxito de las negociaciones de paz y creamos en ellas de una manera firme pero realista.

La buena marcha de ese proceso se reconoce en todo el mundo. Hace un par de días, por ejemplo, El País de Madrid dedicó un conjunto amplio de noticias, crónicas y editoriales al proceso de La Habana, en el que los cucuteños más que nadie deberíamos tener mucha fe para desde ya comenzar a discutir sobre los proyectos económicos del posconflicto.

Invito a que pensemos en el posconflicto como un escenario inminente, que al cabo de un par de años tiene que estar colmado de proyectos para la recuperación productiva del entorno rural de Cúcuta, una de las claves, quizá la principal, de nuestra futura prosperidad.


¿Para qué sirven las elecciones?
25 de febrero de 2015

Donde hay partidos políticos serios y estables, que no es el caso nuestro, las elecciones sirven no solo para escoger gobernantes sino también para unificar puntos de vista y lograr consensos sobre las causas de los problemas sociales y su solución.

Se supone que los partidos se unifican en torno a ideas e interpretaciones de esos problemas sociales y mecanismos para solucionarlos. Por eso existen partidos de izquierda y de derecha. Liberales y conservadores.

En Colombia esas interpretaciones contrapuestas se enfocan sobre temas básicos de la política nacional.

El conflicto interno, la seguridad, la paz, la política fiscal, las regiones y los debates sobre descentralización; la política de integración económica y una larga lista de asuntos que trata la prensa nacional.

Otra cosa es que en la práctica cotidiana de la política no se adviertan mayores diferencias entre partidos.

En lo tocante a nuestros municipios, esas distancias entre partidos son más difíciles de ver. Eso implica que los procesos electorales se desperdician como oportunidad para contrastar interpretaciones de los problemas de la ciudad y generar consensos sociales sobre sus soluciones.

Le propongo a los cucuteños que aprovechemos las elecciones para llegar a consensos sobre problemas básicos de la ciudad. Les propongo que deliberemos sin tanto discurso demagógico y fantasioso basado en la explotación oportunista de las necesidades de la gente, como en su momento fue la necesidad de vivienda. Que hagamos política sin tanta reunión convocada al llamado de la repartija de kits escolares, de regalos de día de las madres; sin tanta rifa y sin tanto coctel.

Imaginémonos por un momento que somos una ciudad que discute sobre el problema de las escasísimas oportunidades de formación técnica y universitaria de nuestros adolescentes, lo que los expone al rebusque y a veces al delito. Intentemos comprender y discutamos el problema del modelo de crecimiento de Cúcuta basado en la expansión urbana informal que dispersa a la ciudad en suburbios pobres y distantes como los del anillo vial, donde la población de escasos recursos se aleja más todavía de las oportunidades de salud y educación, ya de por sí escasas.

Los invito a que aprovechemos las elecciones, no solo para elegir candidatos que después no le rinden cuentas sino a quienes les financiaron las campañas, sino para llegar a conclusiones que nos muestren la luz al final del túnel y para que definamos cómo vamos a salir del laberinto en el que estamos.

P.D.: Venezuela llegó al chavismo porque perdió la fe en la democracia y en los partidos, cuando eran manejados por lo que allá llamaban “cogollos”. Aquí, por la vía de las recientes reformas políticas está pasando lo mismo. Se ha avanzado mucho en la imposición de la disciplina de partido, mostrando el látigo del transfuguismo y la doble militancia, pero se ha avanzado muy poco en los procesos de democratización interna de los Partidos para decidir y postular candidaturas. Volvimos al bolígrafo, o a lo que en México llamaban “el dedazo”.

En el liberalismo cucuteño, por ejemplo, existe la intención, afortunadamente no materializada todavía, de imponer candidato por “dedazo” sin preguntarle a nadie y pasando por encima de todo el mundo, como si la dirigencia del Partido no hubiera aprendido nada de la historia reciente de la política cucuteña. ¿Será por eso que las tres últimas elecciones las hemos perdido? Espero, y en mi condición de precandidato haré lo posible, porque esta no sea la cuarta derrota. Amanecerá y veremos.